“Ahora mismo estoy mirando al ex Pozo de Quilmes, al lado de mi casa con pileta”, dice frente a su jardín la psicóloga, socióloga y narradora Patricia Salinas, de 46 años. Desde su casa quilmeña observa, al otro lado de la pared, al ex centro clandestino de detención, exterminio y tortura entre el ‘75 y el ‘78. Desde 2017, el ex Pozo de Quilmes es un Sitio de Memoria y su cercanía es uno de los núcleos de la primera novela de Salinas, Casa con pileta (Emecé). ¿Qué miedos, preguntas y luchas personales la disparan? ¿Qué ve allí?

La protagonista, Patri, acaba de ser madre y, a la par, descubre que es adoptada. Comprar una hermosa casa con pileta en Quilmes le brinda algo de calma, pero luego se entera de que vive al lado del que fuera el Pozo de Quilmes: uno de los centros clandestinos de detención más oscuros del Circuito Camps. Y las posibilidades se unen en su mente: ¿Será ella misma hija de algún militar? ¿De algún represor? ¿Será hija de desaparecidos? Casa con pileta será la reconstrucción de esa pesquisa entre la identidad, la maternidad y la memoria.

Mientras Patri cuestiona las zonas oscuras de su historia se hace preguntas sobre el ex centro del horror y luego Brigada de Investigaciones de la Policía: “Es una especie de comisaría que suele salir en los noticieros. Ahí van a parar los presos narcos o quienes robaron cosas importantes”, escribe. Y Patri sigue relatando: “Mientras nado, escucho a unos hombres llamar al guardia gritando porque tienen hambre, pidiendo cigarrillos o tarjetas de celular bajo el trasfondo de la cumbia de moda del verano”.

Todo fluye en Casa con pileta: las certezas, los interrogantes y los recuerdos. Aparece la imagen de una amiga de la adolescencia y militante comunista; se reconstruye una juvenil actividad delictiva en Paraná; Patri vuelve al presente con su abogado, un ex montonero que tramita la causa por la búsqueda de su identidad; y se ve a la familia inglesa en decadencia que tuvo la casa años atrás. El tono narrativo se combina con el reflexivo y la memoria gana varias capas para esta madre decidida a ir al fondo de su ADN: ¿Quiénes fueron sus padres? ¿Cómo se reaviva esa inquietud al tener un hijo y vivir donde se vive?

“Es una novela, pero hay mucho de autoficción y la historia surge a partir de una molestia personal que empecé a sentir realmente. Por eso Casa con pileta comenzó siendo un diario”, revela Salinas. Lo comenzó a compartir con la poeta y ensayista Tamara Kamenszain, a cuyo taller literario asistía (y al de Alberto Laiseca), y tras varios años pudo hacer emerger esta novela. Pero, ¿qué ocurrió? “Yo me veía bastante incapaz de presentar algo mío con la escritura. Dudaba de mi capacidad”, confía Salinas.

“Aunque eso también tiene que ver con lo que está implícito en la novela, en la que figuran los desaparecidos y el poder aparecer con un deseo en la vida. Así que vinimos al mundo sin estar del todo listos y el que diga eso es medio perverso. Así que tuve que aceptar que esto era lo que podía mostrar”, siente la autora. Casa con pileta salió en septiembre de 2025. ¿Qué liberación siente ahora, Salinas, a un mes de que se cumplan los cincuenta años de la última dictadura? “Este libro es casi una militancia para mí. Es sobre una chica y sobre una época, pero resultó determinantemente político. Y me gustaría que resonara con todo”.

Salinas, la literatura y el consuelo

También le gustaría que la novela “fuera un consuelo para quienes perdieron gente en la dictadura. En realidad, todos perdimos, porque se perdió a una generación”. ¿Y cuál sería su sueño, entonces? “Que Casa con pileta aturda: que mi novela recuerde a quienes tienen que estar presentes en la memoria”. El empleo, la familia, el amor y la presencia del ex Pozo de Quilmes al otro lado de la pared: todo se tambalea en la mente de Patri, quien ligará su percepción del agua con sus padres adoptivos. ¿Cómo reaccionará cuando sepa la verdad? ¿Cómo seguirá viviendo -junto a su hijo- en esta casa de Quilmes?

También en la novela Casa con pileta se reconstruyen escenas típicas de la dictadura -el Mundial ‘78, entre ellas- y los ligamentos del horror del pasado interpelarán a los olvidos, o necesidades de recuerdos, del presente: a lo que se naturaliza en el día a día de cualquier barrio, justo allí donde hubo un centro clandestino de detención. “A mí me alegra y me moviliza que haya salido el libro -asume Salinas- y que incluso lo hayan declarado de interés municipal en Quilmes. Me parecía que había gente que lo estaba esperando. Creo que una novela puede servir como un agente de cambio”.

Patricia Salinas: “Quiero que mi novela recuerde a quienes tienen que estar presentes en la memoria”
Patricia Salinas

¿Qué cosas descubrió, en las preguntas sobre la identidad, al pensar en su propia biografía? ¿Cuánto se cruza en la novela? “Yo misma soy adoptada y muchas de las cosas que se cuentan tienen que ver con mi búsqueda sobre el tema. Narrar todo eso me trajo mucho alivio -dice Salinas-. E incluso comprobé que podía contagiar esas preguntas sobre la identidad a gente que sabía, como dice la chica del libro, ‘de qué vientre había salido’. Eso excede los genes y la sangre. La identidad tiene múltiples capas y llega hasta a lo que somos como país y a lo que es cada uno en él. Pero siempre es algo incompleto”.

En tal sentido “siento que en la novela hay más preguntas que respuestas”, capta Salinas. Algunos le criticaron al libro cierto barroquismo. Para la escritora, en cambio, no siempre menos es más:  “Me gustan textos que buscan un efecto similar”. ¿Qué fue lo más arduo del tono de Casa con pileta? “Lo más difícil fue abandonar ciertas cosas para montarse a eso que se desea: asumir pérdidas para entender otras formas de ver el mundo”. ¿Y lo más satisfactorio? “Si no hubiera aceptado esa pérdida no hubiera recibido la experiencia, pero también la riqueza. Incluso perdiendo cosas uno puede recibir distintas alegrías”.

Allí Salinas reconoce: “Tendría que escribir después otra novela sobre los miedos que tuve que afrontar, porque me pasaron un montón de cosas. Yo me sentía incapaz no sólo de presentar la novela, sino de hablar. Siempre fui rebelde, pero muy retraída: era de estudiar mucho y de escribir siempre. Y creo que los miedos tuvieron que ver con salir al mundo”. ¿Y a la par? “Con poder sostenerme siendo madre. Yo soy madre de un adolescente y no estoy con el padre, así que luché por sostenerme en una casa, con una economía y con un montón de cosas que son bastante de esta época, pero que no estaban en mis planes para nada”.

Y en esta novela “fue donde, justamente, confronté con mi identidad de contadora de relatos, porque cada punta era un relato y cada lado implicaba una historia”. Y frente a su propia identidad pudo comprobar algo central y definitivo: “Confirmé que mis padres de crianza eran realmente mis padres -dice-. Yo efectué una gran investigación y después la ficcionalicé para la novela. Por eso, en ese trajín, le agradezco mucho al psicoanálisis: lo practico con pasión en el aspecto clínico y es mi gran amor a la par de la literatura”.

¿Qué ocurrirá con Patri, la madre y la mujer en constante replanteo acerca de su vida en Casa con pileta? ¿Asumirá sus certezas y zonas incompletas junto al ex Pozo de Quilmes? “Creo que la situación de la maternidad sería para otra novela más: qué va a pasar con la madre en la casa. Ella por ahí cree que es fuerte, pero ocurren cosas que ponen de nuevo en cuestión su identidad”, responde Salinas. Y se lo dice a sí misma: “Creo que es otro momento clave de la historia, pero es muy lindo ser madre. Yo lo puedo disfrutar mucho”.

Ahora hay que dejar resonar los ecos de la Casa con pileta: bañarse en su cuerpo celeste y hacer aflorar la memoria. “Siento que la novela tuvo un buen impacto -observa Salinas-. Hay gente que me pregunta por el libro en lugares raros. Para ser una primera novela tuvo una resonancia que yo no imaginaba”. ¿Y qué le pasa hoy, a Salinas, con esa casa y esa pileta? “La verdad, con todas las cosas que tengo que hacer, más la escritura, más mi hijo adolescente, me parece imposible mantener impecable la pileta. Así que no sé qué va a pasar con ella. Pero ya no me preocupa: con esta novela tengo una sensación de misión cumplida”.