En un momento en que las redes sociales amplifican consignas incendiarias y la política parece instalarse cada vez más en la lógica de trinchera, la ficción decide intervenir. Salvador, la nueva serie de Netflix creada por Aitor Gabilondo y dirigida por Daniel Calparsoro, no solo se sumerge en el universo de los grupos neonazis en Madrid: pone en primer plano una pregunta incómoda sobre la verdad, la manipulación y el precio de la polarización. Y lo hace a través de dos intérpretes que asumen el riesgo de encarnar el conflicto sin simplificaciones: Luis Tosar y Claudia Salas.

La premisa de esta producción estrenada el 6 de febrero es directa y perturbadora. Salvador Aguirre (Tosar), exmédico con un pasado atravesado por las adicciones, descubre durante una noche de disturbios futboleros que su hija Milena forma parte de los White Souls, un grupo ultra de extrema derecha que promueve discursos racistas, homófobos y violentos. Para comprender cómo llegó hasta allí -y eventualmente rescatarla-, deberá infiltrarse en ese mundo. La serie no elude el vértigo de la acción, pero su núcleo es otro: el desmontaje emocional e ideológico de un padre progresista enfrentado a una verdad que lo desborda.

“Vivimos un momento social muy complejo, en el que se están promoviendo discursos de odio muy peligrosos”, advierte Tosar en entrevista con El Periódico. Para el actor gallego, la potencia de Salvador no reside en ofrecer un tratado sociológico, sino en trasladar al terreno de la experiencia lo que muchas veces circula como consigna abstracta. “El ejercicio interesante es tomar frases que escuchamos constantemente en los diarios y en las tertulias y ponerlas en boca de un personaje. Ahí adquieren otra dimensión”, señala. La ficción, sostiene, obliga a enfrentarse a la magnitud real de esas palabras.

Claudia Salas, que interpreta a Julia -una joven madre captada por el mismo entorno ultra-, aporta otra perspectiva al debate. Su personaje encarna la fragilidad de quienes, desde la vulnerabilidad y la necesidad de pertenencia, encuentran en los extremismos una identidad. “La serie muestra los métodos de captación: el fútbol, la desorientación, la falta de referentes, la sensación de abandono. Y no lo hace de manera panfletaria, sino mostrando las consecuencias reales”, explica. Para la actriz, el valor de la historia radica en no quedarse en el estereotipo, sino en explorar los matices y las contradicciones internas.

La serie española “Salvador” abre el debate sobre los discursos de odio en la sociedad
Claudia Salas y Luis Tosar protagonizan «Salvador».

Salvador evita el trazo grueso. Si bien el foco está puesto en el grupo neonazi, el relato también señala la complejidad del entramado: intereses políticos, empresariales y policiales se cruzan en un paisaje donde la manipulación informativa alimenta el resentimiento. “Cuando escuchas todo el rato lo mismo, el cerebro se apaga”, reflexiona Salas. De allí la necesidad de detenerse, debatir y cuestionar lo que parece naturalizado.

Uno de los diálogos más contundentes de la serie resume ese clima de época: “La verdad, como los principios, hay que crearla, no buscarla”. Tosar no duda en vincular esa idea con el presente. “Ese es el principio de nuestros tiempos: crear un relato propio e intentar convencer al otro. La verdad parece lo de menos”, afirma. En un ecosistema saturado de información -y de desinformación-, la ficción aparece como un espacio para volver a sentir, para salir de la “analgesia” que muchas veces producen las noticias.

La dirección de Calparsoro potencia ese impacto con un pulso físico y vertiginoso: persecuciones, enfrentamientos, tensión constante. Sin embargo, el golpe más fuerte no está en la violencia explícita sino en el conflicto moral. Salvador no solo debe enfrentarse a un grupo radical; debe revisar su propia culpa, su ausencia como padre y su desconexión emocional. El odio, parece sugerir la serie, no nace en el vacío.

En tiempos donde los discursos excluyentes ganan terreno en distintos países, Salvador se instala como una intervención cultural necesaria. No pretende ofrecer respuestas cerradas ni soluciones mágicas, pero sí incomodar. Al trasladar consignas reconocibles al terreno de la intimidad, obliga al espectador a preguntarse qué haría frente a esa fractura.

Tosar lo resume con claridad: la ficción puede ayudar a “diseccionar esos mensajes y comprenderlos mejor”. Tal vez allí radique su mayor aporte. En medio del ruido, abrir un espacio para la reflexión profunda ya es, en sí mismo, un gesto político.

Salvador

Protagonizada por Luis Tosar y Claudia Salas. Dirgida por Daniel Calparsoro. En Netflix.