No hubo analista que no advirtiera, ya a finales de 2025 y enero de 2026 que el futuro de Javier Milei estaba inexorablemente atado al de Donald Trump. La ayuda económica del estadounidense, al filo de las elecciones legislativas de octubre, acababa de consagrar una dependencia sin retorno, no ya del país del norte, sino del círculo trumpista y su voluntad de seguir sosteniendo al libertario, que no es lo mismo.

Pasaron apenas los dos primeros meses de este año, y el republicano comenzó a dar preocupantes señales de lo riesgosa que había resultado la aventura mileísta. A los malos resultados electorales que registra Trump en el proceso hacia las elecciones de medio término de noviembre, se sumó su arremetida belicista contra Irán, que imaginó como una incursión rápida al estilo venezolano, y hoy escaló a guerra con daños concretos para EE UU e Israel y la reconfiguración de la economía mundial.

Los triunfos legislativos de sesiones extraordinarias casi no pudieron ser capitalizados mediáticamente. El discurso del 1 de marzo -vacío de contenido, pero abundante de ira contra la oposición- tuvo el efecto efímero de un posteo de TikTok.

En los días posteriores, con la guerra escalando, las noticias corrieron al presidente exitoso del centro de la escena y entró lo que en Balcarce 50 nadie quiere ver.

Los titulares advirtieron que “seis grandes bancos globales recomendaron liquidar los bonos argentinos, ante las dudas de la capacidad de pago del país”, incluido en la lista de naciones más riesgosas producto de su fragilidad económica en el contexto bélico; que “se profundizaron los problemas de endeudamiento de las familias y el nivel de morosidad se triplicó en el último año”; que los precios del petróleo se disparan y podrían provocar un aumento del combustible en Argentina con repercusión inflacionaria. Que “Argentina registró la segunda mayor caída industrial del mundo: cerraron 2436 empresas y se perdieron 73.000 empleos”; que crece la conflictividad social y el malestar se refleja en las encuestas de opinión.

Pero el gobierno estaba ocupado en otras cuestiones: la designación de Juan Bautista Mahiques y de Santiago Viola como ministro y secretario de Justicia. Ocurrió cuando la investigación periodística y judicial comienza a mostrar a un Milei en riesgo en el marco de la causa $Libra a partir del hallazgo del borrador del contrato entre el presidente y Hayden Davis, firmado dos semanas antes del lanzamiento del token del escándalo.

La decisión tiene muchas lecturas pero hay dos incontrastables: Karina Milei le ganó la interna a Santiago Caputo al imponer a sus figuras, y lo hizo porque sabe que tanto ella como su hermano necesitarán protección judicial en Comodoro Py en las dos causas que los complican: la ya mencionada criptoestafa y la de la corrupción en la Agencia Nacional de discapacidad.

Con ese frente «resuelto», el presidente viajó a EE UU y se sumó a la foto del Escudo de las Américas, la iniciativa de Trump destinada a coordinar con gobiernos de derecha acciones contra el narcotráfico, el terrorismo y la influencia geopolítica de China. Justo ahora, en medio de los misiles. Se consolidó así la idea de convertir en «política de Estado» el vínculo con EE UU. El precio del apoyo económico de octubre, se confirma, era este salvavidas de plomo para la Argentina.