«Sostenemos un abordaje desde el minuto cero a través de todas las áreas del Estado», publicó la información oficial del gobierno de la provincia de Santa Fe, el lunes 6 de abril de 2026, una semana después de la muerte de Ian Cabrera, un chico de trece años en la escuela “Mariano Moreno”, de la ciudad de San Cristóbal, noroeste del territorio con forma de bota, como consecuencia de una andanada de balas ejecutadas por un pibe de quince años blandiendo una escopeta de su abuelo con la que también hirió a otros ochos chicas y chicos.
Es necesario hablar de números y también pensar cuál es el minuto cero del que habla el ministro José Goity. Desde cuándo empieza a correr su segundero.

El presupuesto total de gastos del gobierno provincial de 2026 es de 14 billones 125.704 millones 195 mil pesos. Una cifra de catorce números. Es necesario recordar y repetir que el uno por ciento es de 140 mil millones de pesos y que el 0,1 por ciento es de 14 mil millones de pesos. Un dato que debe democratizarse para que nadie reciba como respuesta que no hay plata.
El ministerio de Educación es la cifra más alta con el 18,23 por ciento, con un total de 2 billones 575.982 millones 839 mil pesos, con 58.347 personas que trabajan allí, casi seis ciudades en movimiento cotidiano.
En esa fenomenal cantidad de dinero, el presupuesto para los Equipos de Inclusión Socioeducativa, es de solamente 2.352 millones 456 mil pesos, menos del 0,02 por ciento del total.
Una vez más.
Es necesario repetir el tamaño de esa cifra: 0,02 por ciento, es decir 2 centavos por peso invierte la política pública del gobierno de Santa Fe en los Equipos de Inclusión Socioeducativa.
Si solamente se invierten dos centavos en los imprescindibles Equipos de Inclusión Socioeducativa, es claro que los brotes de violencias se multiplicarán en el segundo estado de la República Argentina.
Porque los números del presupuesto exhiben el verdadero tamaño de la importancia que le dan los gobiernos a los temas. En esas cifras se mueren los bellos relatos.
0,02 por ciento es solamente eso.

Y más allá de las investigaciones que llevan adelante los fiscales, la propaganda oficial de los gobiernos, tanto el provincial de Maximiliano Pullaro como el nacional de Javier Milei, ahora encuentran en una nueva veta para introducir los enemigos internacionales.
En esa misma comunicación de la administración santafesina que habla del minuto cero, también se hace mención a la participación de la llamada Unidad Especial de Antiterrorismo de la Policía Federal Argentina. Con la hipótesis de organizaciones extranjeras capaz de perpetrar atentados a través de las plataformas virtuales de adolescentes.
En estas colonias cada vez más saqueadas y desinformadas, la construcción del enemigo interno y externo es primordial para sumar el miedo a la sociedad reflotando no solamente el pánico a los rusos y los zurdos si no también a las chicas y los chicos menores de dieciséis años.
La detención de otro muchacho de quince años, más el supuesto peligro del “contagio”, ponen el foco en las escuelas, las últimas instituciones democráticas que quedan en la Argentina que se desvanece. La poderosa y demoledora herramienta política del miedo, en caso de profundizarse esta mirada de los gobiernos, convertirán a las escuelas en los nuevos territorios a vaciar. Una postal hasta no hace mucho tiempo demencial pero que ahora amanece ante la difusión de pensamientos y hechos que buscan los enemigos siempre por abajo, mientras los que gobiernan colonizan el estado a favor de sus propios intereses privados.
En los números anoréxicos de los presupuestos para equipos socioeducativos hay una explicación al por qué de la violencia. No se trató de una “tragedia”, palabra tapahuecos y que remite al capricho de los dioses griegos.
Pero más allá de estos elementos, la irrupción de conspiraciones internacionales en lo que sucedió en San Cristóbal confirma la utilización de los gobiernos de cualquier excusa para meter miedo y represión.