En su último libro, Archivo madre, Santiago Loza intenta lo que parece imposible: poner en palabras los recuerdos sin producir una historia concluyente y cerrada. Logra así un texto que, igual que la memoria de los vínculos familiares, no impone un sentido único.

Su último libro, Archivo madre (Vinilo Editora), con ilustraciones de la arquitecta y dibujante portuguesa Júlia Barata, es una demostración palmaria de ese don. La palabra “archivo” que encabeza el título es acertada en la medida que en un archivo hay distintas informaciones sueltas que pueden armarse de distintas maneras según quien las consulte. Incluso, si las consulta una misma persona en diferentes momentos el relato que arme a partir de ellas puede variar.
Los recuerdos son equívocos, enigmáticos y carecen del documentalismo estricto que suele atribuírseles. Hay en ellos también ficcionalización respecto de su relación con la realidad en una proporción que no podemos conocer.
“Nombrar a la madre es regresar a mutismo. ¿Quién eras, la real o la imaginaria?”, dice Loza en Archivo madre. Pero una vez formulada la pregunta no opta por una de las dos opciones, no se aferra a ninguna otra forma que la del archivo cuya forma consiste, precisamente, en no tenerla, en dejar, en todo caso, que la acumulación y la contigüidad hagan sus propias sugerencias sin creer del todo en ninguna.
–Me pareció muy acertado que usaras la palabra archivo en el título. ¿Lo tenías desde antes de sentarte a escribir o fue surgiendo durante la escritura?
-El libro lo empecé en el taller de Laura Wittner que es un taller de poesía. El proyecto era escribir sobre mi madre, sobre la que no había escrito. Por momentos avanzaba con aproximaciones que eran más poéticas, otras que tenían forma de ensayo o de pequeña crónica y también había aproximaciones que no terminaban de articularse. En un determinado momento fue decisivo entender que lo que estaba escribiendo iba a tener una forma abierta, una forma de archivo. Entender que no iba a ser un relato conclusivo.
La forma abierta fue surgiendo a medida que el libro iba avanzando. En el taller de Laura conocí a Júlia Barata, la ilustradora. Ella me propuso ilustrar el libro. Primero, como suelo hacerlo, dudé, pero en algún momento me pareció que era una forma de abrir el diálogo que proponía el libro. A veces Júlia mandaba una ilustración y cuando algo de la escritura se agotaba, servía como una especie de correspondencia con ella, reformulaba un poco la dinámica del libro.
Cuando la escritura estaba bastante avanzada, me di cuenta de que el archivo contenía la posibilidad abierta del libro y que el archivo estaba relacionado con la memoria que no tiene la posibilidad de cerrar, de completar, sino que tiene muchas formas de fuga.
-Claro, la memoria es un archivo, pero un archivo caprichoso que no surge cuando lo invocamos, sino que se no impone.
-Totalmente.
-Además, es un archivo repetitivo. Siempre nos muestra las mismas escenas que pueden tener, según el momento, un sentido distinto.
-Sí, yo me preguntaba por qué algunas imágenes están escritas caprichosamente desde el archivo y por qué otras encontraban una forma.
–¿Y cuál fue tu respuesta?
-No lo sé. Hay algo de caprichoso o de misterioso en eso.La memoria reconstruye algunas formas que han sido afectadas y otras las olvida o que prefiere dejarlas transcurrir. Quizá no eran materiales que sirvieran para llegar a esa forma. Algunas cosas que se cuentan en Archivo madre yo ya las había escrito en forma de ficción, pero sentía la necesidad de revisitar los mismos hechos, de volver a narrarlos. Hay una memoria que insiste y en eso hay un enigma, algo que ha quedado ahí como si la memoria premiara ciertos elementos.
–Es que cuando los padres ya no están hay algo en la relación con ellos que no se termina de descifrar nunca.
-Sí, siempre hay algo que va a quedar irresuelto. El lenguaje intenta trabajar sobre algo que es inviable. Queda como una suerte de malentendido. Hay algo de Archivo madre que reconstruye de manera amorosa ese vínculo y esa persona, pero también reconstruye la historia de ciertas ofensas, de ciertos desencuentros, de ciertas zonas de no comprensión y sobre eso trata de articular una suerte de relato o de texto que juega con eso.
–Usaste una expresión que me parece clave. Hablaste de “zonas de no comprensión”. Creo que esas zonas son dolorosas. En Archivo madre yo encontré cierto dolor que no está explicitado como dolor.
-Sí, la incomprensión es de las dos partes y creo que no sólo me constituye a mí, sino a muchas personas que por su tránsito, por formar parte de una disidencia, o por tener otras ideas políticas o por lo que fuere no coinciden con el núcleo familiar.
Eso se tramita a lo largo de toda la vida, siempre se sigue dialogando, conviviendo con eso. Yo me planteo cómo pensar eso en términos artísticos, cómo se construye un lenguaje cuando el lenguaje con el que uno convivió los primeros años de crianza no tiene que ver con lo que uno fue después. Hay algo ahí que siempre está en tensión por más que uno haya hecho lo que haya hecho de su vida.
-En Archivo madre se percibe a alguien que ha logrado hacer una vida -en algún momento decís “me gusta mi vidita”- pero con algo de culpa en la medida en que ser vos te alejó de lo que aprendiste en tu casa, de aquello a que tu madre aspiraba. Ser vos mismo implica un alejamiento.
-Sí, en términos psicoanalíticos uno va “tramitando” esa zona de culpa por el hecho de no haber seguido el mandato. Eso me lo dan los años de terapia. Luego, también está el hecho de crear un objeto artístico. A mí me pasa algo que es que lo que está escrito no sé cuándo sucedió y tampoco sé si eso que articulo como personaje soy del todo yo o es un personaje que me sirve para entender ese relato.
Yo tengo una vida bastante dichosa en medio de este contexto espantoso en el que vivimos en este momento. Tengo la posibilidad de hacer que otra gente no tiene, sigo siendo convocado, puedo poner por escrito ciertas percepciones o ciertas sensaciones. Hay algo en lo escrito que se puede ver como la creación de un personaje. A veces me puedo mirar a mí mismo como ese tipo que dibujó Júlia. Hay algo mío ahí y también hay algo que está un poco distorsionado o poetizado por el artificio de la escritura. Yo me escudo en eso.
–Es que cuando pasás a la palabra un sentimiento necesariamente se modifica.
-Claro, es una traducción.
–Lo que el libro transmite es una sensación de incertidumbre que es la incertidumbre que se tiene respecto de los padres. Uno no sabe muy bien quién fue para ellos y no puede tener otra cosa que la propia interpretación cuando los padres ya no están.
-Sí. Ésa es una conjetura provisoria que uno va haciendo. El libro es la necesidad de armar la propia versión sobre esa relación. Pero el lenguaje comienza a generar cierta belleza o cierta poesía que no sé si en el cotidiano se vivió así.
-Es que los recuerdos siempre están en pugna. Vos mencionás en el libro el recuerdo de las noches en que estabas a oscuras con tu madre y tus hermanos mirando las estrellas y tu madre te acariciaba la cabeza. Pero también recordás que alguna vez tu madre te preguntó si vos eras normal. Además, está el hecho de que a tu madre no le interesaran los libros, ni el cine, ni el teatro que es, precisamente, lo que constituye tu mundo. ¿Trataste intencionalmente que esa ambigüedad no desapareciera en la escritura?
-En la escritura de Archivo madre siempre sentí esa tensión entre invocar y convocar ciertos gestos reparadores y no renunciar a las zonas que son ríspidas, que es lo que constituye a ese tipo de relaciones entrañables que tienen una enorme contradicción a veces. Por un lado, hay ciertos gestos de ternura y, por otro, que hay zonas que han quedado dañadas. Supongo que quizá a un padre o una madre le puede pasar lo mismo, eso no lo sé. Lo que tengo es la versión de mi escritura en ese campo limitado que es el libro.
-El recuerdo es mutante y podés construir en torno al mismo recuerdo diferentes relatos según el momento. Por eso es que me parece tan acertada la palabra archivo.
-Sí, la memoria tiene una construcción caprichosa. Selecciona, descarta y fracciona. Que fuera un archivo me liberaba de encontrar nexos que explicaran o que construyeran una historia. Hay algo que está desarticulado que produce el efecto de que las distintas entradas se pueden intercalar o completar con otros documentos que no entraron en ese archivo.
Algo de eso es así pero creo más bien que es un efecto de la escritura. Hay elementos diversos que no quieren imponer sentido, sino que convive. Creo que ése es el juego que propone el libro, un juego de la memoria que incluye lo que no se pudo armar.
-¿Seguirías indagando en respecto de tu relación con tu madre luego de escribir Archivo madre?
-Creo que no. Me pasa con algunos textos que escribí en el último año como Diario inconsciente o Pequeña novela de Oriente que me resulta muy difícil volver a pensar esos temas por fuera de lo que escribí en esos libros. Es como si la escritura le hubiese ganado a la memoria, como si la escritura tuviera más contundencia El libro es un objeto literario y compensa que mi memoria ya no a seguir expandiendo como si fuera una mancha. Me cuesta pensar la internación fuera de lo que está escrito en Diario inconsciente y me cuesta pensar en esos viajes fuera de Pequeña novela de Oriente.
-¿Qué te impulsó a escribir Archivo madre?
-Que han pasado muchos años y mucha distancia, ya no estoy en un proceso de duelo. Por eso quise probar si podía escribir sobre eso a lo que había aludido en ciertas ficciones y ciertas obras de teatro. Además, pese a que es un tema muy personal, me parece que lo que yo siento respecto de los vínculos también lo sienten otras personas.
“En el tiempo que dejé de escribir en este archivo comenzó a gobernar el país la ultraderecha. Mi madre hubiera estado feliz, exultante ante cada nuevo atropello. Dije en broma que mi madre era una adelantada, lo vio venir. Hay algo de este tiempo que lo vivo como el triunfo de mi Madre y también mi derrota, el mundo le dio la razón.
Todo esto que estoy escribiendo me parece de dudosa calidad literaria. Explícito, ramplón, bajalínea, creo que en estos meses perdí la poesía.
Tomo más café. R mira el celular, afuera la tarde está rutilante, un cielo sin nubes, no hace calor ni frío se podría vivir si se encontraran las ganas.
No quisiera que este texto se convirtiera en un rejunte de quejas, debería dar con algo que me entusiasme. Pasados los 50, sentado en este sillón, vivo una segunda adolescencia, me descubro empacado. Ya no tengo nada que decir.
Como sea intento escribir un poema para romper el conjuro. El último sorbo de café, ahí va: La madre es la patria que te daña / y los ojos abiertos de espanto / cuando no ha terminado el día/algunas chicharras agonizan / en el asfalto quemado / y no hay sobra que cobije / hubiera querido escribir/sobre las lluvias serenas del oriente / claudico, me planto termino acá/algunos días son así / no habrá que esperar demasiado.
La consultora privada también señaló que a lo largo de 2025, las ventas de supermercados…
El hecho ocurrió antes de las elecciones legislativas del 2025. Qué dice el escrito presentado.
El presidente se mostró en Jesús María como el nuevo cacique de Córdoba. La opinión…
Derrumbe generalizado del consumo en el penúltimo mes del año.
Este jueves debía publicarse el padrón, pero comenzó a circular uno falso y desactualizado que…
Se trata de la Dirección de Metrología, cuya tarea es esencial, entre otras cosas, para…
Es un proyecto del diputado del peronismo Guillermo Michel apoyado por Miguel Pichetto, Natalia de…
La denuncia fue realizada por el sindicato de la construcción de Uruguay y apunta contra…
La ejecución presupuestaria del Ministerio de Salud acumula una caída del 34% en relación con…
Las cifras del 2024-2025 fueron escalofriantes: 32.000 hectáreas perdidas. Este verano pinta para peor. Destinar…
Fue ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea francesa.
Belén se quedó fuera del último corte y no estará en la noche de gala…