«Cuba es el siguiente… hagan como que no lo dije, por favor, finjan que no lo dije». Así, a modo de broma siniestra, Donald Trump cerró este viernes la cumbre de la Iniciativa de Inversión Futura (FII en inglés), el principal fondo soberano de Arabia Saudita, que se desarrolló en el Hotel Faena de Miami. El presidente de Estados Unidos estuvo particularmente locuaz o, si se quiere, “bocón”, en ese foro creado por el príncipe Mohamed bin Salman que es conocido como el “Davos del Desierto”. Ante ese selecto auditorio, el mandatario le espetó al jefe de estado saudita, como al pasar, que hace un año ni se imaginaba que terminaría “besándole el culo”. Y agregó: “creía que yo sería un presidente más. Pero ahora tiene que ser amable conmigo, díganle que más le vale serlo”.

Lo más sustancioso de esa charla ante monarcas rebosantes de dinero -cuando se cumple un mes del ataque a Irán junto con Israel- fue que reconoció que “el portaaviones más grande del mundo” sufrió una andanada de misiles de las fuerzas iraníes desde 17 ángulos diferentes. El USS Gerald Ford, que de él se trataría, debió volver a su base en Creta la semana pasada, según el Pentágono, por un fuerte incendio en el área del lavadero. El otro portaaviones de la flota, el USS Abraham Lincoln, fue llevado a unos 1000 kilómetros de las costas iraníes por precaución.

En esa demasiado distendida charla, el inquilino de la Casa Blanca reconoció además que los iraníes se habían preparado muy bien para esperar esta incursión armada y, ya que estaba, agradeció a los países árabes, representados además del saudita por los jerarcas de Kuwait, Emiratos, Bahrein y Qatar. “Ellos hicieron más por la guerra contra Irán que la OTAN”, despotricó.

Sincericidio de Trump: “Irán estaba muy bien preparado”

Lo que queda claro luego de esa alocución en la ciudad donde más tiempo pasa el 47º presidente de EE UU es que ya no pueden ocultar la sorpresa por la resistencia que ofrece el país persa, que padeció desde el 28 de febrero bombardeos en el operativo llamado “Furia Épica”. Como ocurrió a lo largo de la historia, al principio toda guerra parece un «paseo» de no más de una semana. La experiencia enseña que empezar es fácil, o difícil es ponerle fin. Y la verborragia triunfalista de Trump y sus ministros no hace sino confirmar por el absurdo que «pasaron cosas».

No hay modo de saber cuánto resto le puede quedar a Irán en misiles de la tecnología más exquisita o los drones de bajo precio que demostraron su utilidad como elemento destructivo y como distractivo para las cúpulas defensivas. Esa combinación logró destruir radares y bases militares estadounidenses y dejó a Israel desprotegido por aire.

Sincericidio de Trump: “Irán estaba muy bien preparado”

Más allá de los discursos triunfalistas, tampoco es fácil determinar cuánto resto le queda a Estados Unidos ni a Israel, que comienza a mostrar desgaste tanto en material como en “mano de obra” (ver aparte). Las guerras desde la revolución industrial son contiendas en las que obtiene ventaja el que muestra mayor capacidad de producción. Y las cifras de pérdidas material por el lado estadounidense superan con creces a los volúmenes que pueden reponer las empresas ligadas al Pentágono. Una analista brasileña, Patricia Marins, evalúa que cuando arrastró a Trump a la guerra contra Irán, Netanyahu no solo erró “al evaluar las capacidades iraníes, sino que también sobreestimó la capacidad estadounidense para sostenerlo en un conflicto de alta intensidad” como la que plantea el país persa. Y agrega: «Esta fragilidad es el resultado de un largo proceso de atrofia de la base industrial de defensa, que comenzó tras el fin de la Guerra Fría. En la década de 1990, el Pentágono contaba con 51 contratistas principales que competían por contratos importantes. Hoy en día, solo quedan cinco gigantes: Lockheed Martin, RTX (antes Raytheon), General Dynamics, Northrop Grumman y Boeing”.

Cuesta poco imaginar que ahí radica la razón para las marchas y contramarchas que ensaya Trump ante una resistencia que no esperaban y una belicosidad israelí que cada vez le cuesta más sostener. Las redes se llenaron estos días de memes sobre la errática estrategia del magnate inmobiliario. Un sábado ataca sitios claves de Irán, da un plazo de 48 horas para negociar y se dispara el precio del petróleo. El lunes, cuando abren los mercados, dice que otorga cinco días más: bajan los precios y un grupo de vivillos con información privilegiada hace fortunas con eos vaivenes en la Bolsa. Durante la semana presenta condiciones para un acuerdo y ante el rechazo iraní extiende el plazo para “destruir sus plantas de energía” a diez días.

A todo esto, el pliego de condiciones estadounidense es en realidad una rendición incondicional que no se sostiene por el momento en la cancha. Son 14 puntos que van de la exigencia de desmantelar todas sus capacidades nucleares y el compromiso de no desarrollar ese tipo de armamento ni de enriquecimiento de uranio, a abandonar todo tipo de apoyo a «proxies» regionales (Heboláh, Hutíes et al), dejar abierto el estrecho de Ormuz y limitar el programa de misiles en alcance y capacidades.

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Desde Teherán respondieron con su propio esquema de condiciones. Son apenas seis puntos: eliminar todas las sanciones contra Irán, reconocer el derecho a enriquecer uranio, indemnización por los daños causados en la guerra, no más ataques contra los movimientos de resistencia islámica en Líbano y el Ansar Allah en Yemen y como frutilla del postre, desmantelar todas las bases militares estadounidenses en esa región.

Como en toda negociación, siempre se parte de una pretensión de máxima hasta ir acercando posiciones. Acá las diferencias son enormes, y todavía nadie muestra estar verdaderamente “con la lengua afuera”. Sin embargo hay un tema crucial y es con quién se sentaría una delegación occidental, habida cuenta de que Israel se jacta de haber ido asesinando uno a uno a los miembros de la cúpula iraní y amenaza con seguir haciéndolo. Desde el punto de vista de Irán, ¿cómo creer en cualquier oferta negociadora si las dos últimas guerras, la de 2025 y la desatada hace 30 días, fueron por ataques producidos en medio de negociaciones?  «

Sincericidio de Trump: “Irán estaba muy bien preparado”
Intento de abolir el futuro

Israel no sólo asesinó al ayatolá Alí Jameei y a miembros de la cúpula del gobierno, así como en junio de 2025 eliminó a gran parte de los científicos que desarrollaron el proyecto nuclear persa. Ahora, además de amenazar con seguir por ese camino, atacó en dos de las universidades más prestigiosas del país, la Tecnológica de Isfahan y la Tecnológica de Teherán.

En los primeros 27 días de bombardeos conjuntos con Estados Unidos destruyeron 600 escuelas en todo el territorio. El caso más horroroso se registró el mismo 28 de febrero en un colegio primario de la ciudad de Minab, un bombardeo que dejó alrededor de 170 personas asesinadas, la abrumadora mayoría niños.

El ensañamiento con la clase dirigente es paralelo al que se ve contra intelectuales y científicos que demostraron su capacidad con el desarrollo tecnológico que ahora se ve en las respuestas.