Javier Milei cumplió dos años de su mandato presidencial el último 10 de diciembre. No estuvo en Buenos Aires porque decidió viajar a Oslo, Noruega, para participar de la entrega del Premio Nobel de la Paz a la líder opositora venezolana María Corina Machado. La protagonista no llegó a destino y el presidente argentino volvió con un sabor amargo. No sólo porque no pudo participar de la foto que quería protagonizar sino que un mes después de esa aventura el mandatario libertario puede apreciar que Machado tiene menos peso político que antes. También pudo advertir que su nombre no aparece en la transición que la Casa Rosada esperaba de Estados Unidos después de la incursión militar realizada hace una semana en Caracas.

La Rosada y la Cancillería pasaron de la euforia extrema por la invasión norteamericana a recalcular sus lecturas ante el cambiante escenario que se respira en el Mar Caribe. Han pasado diez días desde la operación militar. En ese lapso de tiempo la idea de la transición que esperaba Milei se disipó. El presidente comienza a ver que el surgimiento de un chavismo sin Maduro podría ser parte de un esquema que no deja de sorprender a los observadores argentinos.

El gobierno nacional pretendía sumarse a la administración de la “transición” pero por ahora no sucederá. El mandatario estadounidense Donald Trump se encargó de anunciar que no quería  la ayuda de nadie. Los cambios vertiginosos, conducidos por Washington, siguen dejando perplejos a los asesores argentinos que ahora no salen de su sorpresa ante la próxima cumbre entre el  estadounidense y su par colombiano Gustavo Petro.

La centralidad de los movimientos en los países caribeños está poniendo a la Argentina en otro lugar y, ante las consultas de Tiempo, algunos diplomáticos nortamericanos consideran que vendrá una etapa “de segundo plano” para el vínculo entre Milei y Trump.

A pesar de eso, en la diplomacia norteamericana aseguran que el magnate republicano tiene previsto concretar una visita de Estado a Buenos Aires para encontrarse con Milei, pero con un objetivo más ambicioso.

El 11 de marzo asumirá la presidencia de Chile el líder de ultraderecha José Antonio Kast. El dirigente que reivindica abiertamente la última dictadura en su país ahora realiza un veloz giro. Busca  edulcorar su discurso contra Argentina y se prepara para encontrar una serie de coincidencias políticas con Milei. Es pedido de Washington y también como parte de las propuestas que le llegan desde Buenos Aires y de un puente privilegiado que une a Milei con Kast. Se trata del viceministro de Economía, José Luis Daza, que suena como posible ministro de Hacienda del próximo gobierno de ultraderecha que gobernará Chile dentro de dos meses.

En los próximos 60 días el gobierno libertario recalibrará su estrategia diplomática ante el nuevo escenario regional que está forzando Trump después de la ofensiva militar sobre Venezuela. No es la única variable inestable que la Cancillería debe sumar al mapa de calor que le reportan a Milei. Se sumó al horizonte la aprobación del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, después de 25 años de negociaciones. La mayoría de los países miembros de la UE aprobaron el pacto, aunque todavía quedan por delante una serie de ratificaciones parlamentarias. Los dos bloques regionales concretarán la firma el próximo sábado en Asunción, Paraguay, con la presencia de la titular de la UE, Úrsula Von Der Leyen.

Para el gobierno de LLA se trata de un paso adelante en materia comercial, pero el foco está puesto en acelerar el acuerdo con Estados Unidos. El contexto no es el mejor desde la intervención norteamericana en Venezuela y menos para Milei que buscará no quedar en soledad en el contexto regional.

El acuerdo con la UE significa una inflexión  para Argentina, más allá de los problemas que le esperan a los productos agrícolas criolllos en territorio europeo.

La coyuntura sudamericana aprieta con fuerza para Buenos Aires. Mientras Milei aguarda la asunción de Kast y se prepara para hilar con cuidado la letra chica del nuevo vínculo, deberá afrontar a Brasil en otro rol. Su presidente, Luis Inácio Lula da Silva, decidió esta semana concluir la asistencia consular para la embajada argentina en Caracas y terminar con los intentos para acercarse a Milei. Sucedió después de la incursión militar norteamericana y antes de la firma del acuerdo con la UE, que configura una definición política y diplomática entre Europa y los países del continente que buscan tomar una mayor distancia del bloque de ultraderecha. Por el contrario, Milei busca articular esos países para mitigar la soledad que comparte con el poderío militar de Trump.

En la medida que crezca esa ausencia de respaldos, Buenos Aires profundizará el armado que reunirá a los aliados de Estados Unidos en esta nueva etapa.

La muestra surgió este mismo sábado, con el pronunciamiento impulsado por la Cancillería para rechazar la decisión de la presidenta de Honduras, Xiomara Castro. La mandataria dispuso el recuento de los comicios del 30 de noviembre. El planteo lo propuso Argentina y contó con el respaldo de Bolivia, Paraguay, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Perú y República Dominicana. Es el germen de una nueva alianza de gobiernos. A partir de marzo contarán con Kast y con una Casa Blanca que buscará preservarlos como una retaguardia política y diplomática para rodear la política del Pentágono para el Mar Caribe.