Cabo Verde ya es la sensación del Mundial. El seleccionado que representa a un fútbol amateur y que recién está empezando a escribir su historia, le empató 2 a 2 a Uruguay y repitió así la gran sorpresa que había provocado en su primer partido, cuando también igualó frente a España, uno de los grandes candidatos a quedarse con la Copa del Mundo.

De esta manera, el grupo ahora es liderado por España con 4 puntos, Uruguay y Cabo verde comparten la segunda ubicación con 2 puntos cada uno y cierra la tabla Arabia con 1. En la última fecha del grupo, Uruguay cerrará la zona midiéndose contra España, mientras que Cabo Verde se medirá con Arabia Saudita. Teniendo en cuenta que quien clasifique segundo enfrentará a la Argentina -siempre y cuando gane su zona- hay chances concretas de que los africanos sean el rival de la selección de Scaloni en 16vos de final.

Por su parte, Uruguay sufrió un empate decepcionante. El seleccionado sudamericano tuvo grandes problemas para imponerse y recibió dos goles por la acumulación de errores no forzados en situaciones defensivas. Nadie en el mundo del fútbol entiende la falta de identidad con su propia idiosincrasia que muestra el equipo de Bielsa en el torneo. La Celeste no solo perdió su tradicional garra y personalidad, sino que parece una selección sin alma y sin espíritu competitivo para la máxima categoría del fútbol del planeta.

Cabo Verde se puso en ventaja a los 20 minutos del primer tiempo con un tiro libre donde la barrera uruguaya no solo estuvo conformada por solo dos jugadores sino que, además, ambos se abrieron y permitieron que el disparo se convierta en el 1 a 0. Pese a la falta de ideas, con dos tantos antes del final de la primera etapa, Uruguay se puso en ventaja y tenía el partido en la mano teniendo en cuenta la debilidad del rival. Sin embargo, y como muestra de su alarmante incapacidaad, de un lateral a favor mal realizado y de un error groserísimo del arquero Muslera, Uruguay le regaló el empate a Cabo Verde.

Lo que sucedió de ahí hasta el final desnudó todavía más el cambalache que es Uruguay tanto individual como colectivamente, y consolidó a los africanos como la revelación de este loco mundial que, de tan largo que es, recién está comenzando y donde, por eso mismo, todavía todo puede pasar.