El nuevo documental Sun Ra: Do the Impossible, dirigido por Christine Turner para la serie American Masters de PBS, vuelve sobre una figura que nunca encajó del todo en la historia oficial del jazz. Poeta, pianista, compositor, líder comunitario y profeta cósmico, Sun Ra fue todo eso a la vez y algo más: un productor incansable de sentido. El film no se limita a ordenar su biografía, sino que intenta descifrar el sistema de pensamiento que sostuvo una de las obras más vastas y excéntricas del siglo XX.
Nacido como Herman Blount en Alabama, en 1914, Sun Ra construyó su identidad pública como un gesto radical. Decía venir de Saturno y hablaba de “transporte interplanetario” cuando el movimiento por los derechos civiles todavía libraba batallas básicas en el sur de Estados Unidos. Esa narrativa cósmica, que durante años fue leída como extravagancia, aparece aquí como una estrategia estética y política: inventar otro origen para imaginar otro destino posible. El documental subraya esa dimensión anticipatoria, hoy asociada al afrofuturismo, pero en su momento incomprendida o reducida a folklore psicodélico.
Turner organiza el relato en torno a dos ejes: la comunidad y la independencia. La Sun Ra Arkestra no fue solo una banda sino un colectivo con reglas propias, vida compartida y disciplina casi monástica. Ensayos interminables, arreglos complejos, uniformes brillantes y una ética de trabajo que combinaba big band, free jazz y música electrónica primitiva. El film rescata imágenes de conciertos donde el caos aparente esconde una arquitectura sonora precisa. En ese sentido, desmonta el prejuicio que asocia experimentación con improvisación descontrolada. Sun Ra sabía exactamente lo que hacía, incluso cuando parecía invocar fuerzas invisibles.

Sun Ra, vanguardia y autogestión
El otro eje es la autogestión. Más de 200 discos producidos y editados por su propio sello, giras constantes por circuitos alternativos y una relación ambigua con la industria. Antes de que el “hazlo tú mismo” se convirtiera en consigna del rock independiente, Sun Ra ya había entendido que la autonomía era condición de posibilidad para una música verdaderamente libre. El documental muestra esa economía precaria pero persistente como parte de su estética: grabaciones caseras, portadas artesanales, tiradas limitadas que hoy son piezas de colección.
Hay también un trabajo fino con los testimonios. Músicos, historiadores y miembros actuales de la Arkestra aportan contexto sin caer en la veneración acrítica. Se habla del carácter exigente del líder, de su capacidad para absorber tradiciones –del swing al bop, del blues a las marchas espaciales– y reorganizarlas en un sistema propio. Sun Ra no rompió con la historia del jazz; la reescribió desde un margen deliberado.
Uno de los aciertos del film es evitar el tono hagiográfico. No se trata de canonizar al visionario, sino de entender cómo su delirio fue método. La idea de “hacer lo imposible” no aparece como slogan inspiracional, sino como programa estético: ampliar los límites de lo audible y de lo pensable. En un país atravesado por el racismo estructural, imaginarse extraterrestre podía ser una forma de sustraerse a la categoría impuesta. Si la sociedad negaba ciudadanía plena, Sun Ra respondía con ciudadanía cósmica.

Desde una perspectiva histórica, el documental invita a revisar la narrativa lineal del jazz. Mientras los manuales organizan estilos en sucesión –swing, bebop, hard bop, free–, Sun Ra desordenaba la cronología. En un mismo concierto podían convivir un estándar de Fletcher Henderson y una pieza atonal con sintetizadores. Esa coexistencia de tiempos, esa simultaneidad de pasado y futuro, es uno de los aportes más originales de su obra.
Sun Ra: Do the Impossible no descubre un personaje oculto, pero sí afina la escucha. En tiempos de algoritmos y segmentación, la figura de Sun Ra recuerda que la música puede ser laboratorio de comunidad y de utopía. No una utopía ingenua, sino una construida a fuerza de ensayo, disciplina y convicción estética. El documental sugiere que lo verdaderamente imposible no era venir de Saturno, sino sostener durante décadas un proyecto artístico radical sin claudicar ante la normalización.
Al final, queda la sensación de que Sun Ra no fue un excéntrico aislado, sino un organizador de mundos. Y que su legado, más que una discografía inabarcable, es una invitación a imaginar otras formas de estar juntos a través del sonido. En ese sentido, el film de Turner cumple su cometido: no explica del todo el misterio, pero lo vuelve productivo.
