Matemático, músico, actor, docente universitario y divulgador científico, Teo López Puccio pertenece a una generación de creadores que desdibujan las fronteras entre disciplinas. Hijo de Carlos López Puccio, histórico integrante de Les Luthiers, creció entre ensayos, partituras y escenarios, pero encontró una voz propia al combinar pensamiento matemático, humor, música y teatro.
Licenciado en Matemática por la UBA, docente y fenómeno viral en redes por sus videos sobre geometría y lógica, ahora lleva esa búsqueda al escenario con Problema 1, un unipersonal que mezcla policial, filosofía, divulgación y recursos escénicos para explorar la belleza oculta detrás de los números.

–¿Cómo fue que decidiste estudiar matemática? ¿Siempre te gustó?
–No, para nada. De hecho, no era buen alumno en el colegio: no me gustaba el mundo de hacer cuentas porque era -y sigo siendo- poco hábil con la aritmética. Lo que siempre me apasionó fue la ciencia, esa idea de que hay un orden oculto que se puede entender. En la secundaria, gracias a las Olimpíadas Matemáticas, descubrí que la disciplina era otra cosa: era creatividad, era preguntarse los por qué. Me fascinó la geometría: esa sensación de certeza de que, si trazás ciertas líneas en un triángulo, siempre coinciden en un punto… Es algo que pasa en tu cabeza, pero es real.
–¿La matemática se descubre o se inventa?
–Es la gran pregunta. Mi mejor respuesta es que inventamos el lenguaje para decirlo y descubrimos los fenómenos de la naturaleza. La matemática es una forma de ver, un lenguaje humano que imprimimos sobre el universo para explicar estructuras lógicas.

–En tus redes hacés videos sobre matemática y geometría. ¿Cómo es la respuesta de la gente?
–Hay una recepción muy linda. El comentario que más se repite es: “Nunca pensé que esto podía ser interesante”. Eso me enorgullece porque mi objetivo no es “enseñar” en dos minutos -eso es imposible-, sino generar asombro.
–¿Te llevan mucho tiempo los videos?
–Mucho más de lo que parece. Un video de dos minutos puede requerir uno o dos días de pensamiento. Para enseñar “A” tenés que saber hasta la “Z”. Tengo que condensar mucho conocimiento previo para que la explicación sea sólida.

–¿Cómo comenzó tu relación con la música y cómo es ahora?
–Empecé con el piano y la actuación de chico. En la adolescencia tuve bandas y hasta dudé si entrar al conservatorio. A los 20 años todo se unió cuando me llamaron para ser pianista en una obra de teatro. Ahí descubrí que mi lugar no era ser un músico excepcional que vende sus discos, sino poner la música al servicio de una escena. Esa síntesis entre lo escénico y lo musical fue uno de los hallazgos de mi vida.
–¿Cómo fue crecer en una familia de artistas?
–Algo natural, no lo racionalicé hasta después. En casa siempre había música; mi viejo (Jorge López Puccio) siempre estaba trabajando, ya fuera con Les Luthiers o con su estudio coral. Mi vieja iba a ensayos de ópera. Heredé de ellos esa dualidad entre el oficio y la vocación: la disciplina de quedarse hasta tarde puliendo un detalle o una rima solo porque sentís que puede estar mejor. Soy un poco workaholic por eso.

–¿Viste los shows de Les Luthiers?
–¡Me los sé de memoria! De chico era un fan absoluto porque lo tenía a mi viejo ahí, y sin duda me influenciaron, sobre todo en el estilo del humor. Para burlarte de un género musical, primero tenés que entenderlo a la perfección: solo sabiendo cómo es la estructura de una chacarera podés subvertirla para causar gracia. Esa es una herencia muy clara.
–¿Qué tienen en común la matemática y la música?
–Muchísimo. Desde la acústica y la física del sonido hasta la estructura de la composición. En ambas hay un patrón, una búsqueda creativa de resolver algo tomando caminos distintos. Si sabés física, entendés por qué un baño retumba de cierta forma, por ejemplo.

–¿Tenés alguna forma geométrica favorita?
–El dodecaedro. Es una palabra hermosa: dodeca (doce) y edro (caras). Es la forma de los dados de 12 caras que se usan en los juegos de rol. Es muy simétrico y visualmente es una locura. En mis clases enseño cómo construir uno con regla y cartón. Me fascina pensar que, si estuvieras en una isla desierta, podrías armar uno.
–¿Algún problema matemático que te parezca hermoso?
–Esta semana estuve pensando mucho en el cálculo de probabilidades de las figuritas del Mundial. ¿Cuántas tenés que comprar en promedio para llenar el álbum sin intercambiar? Es un problema famoso que parece simple, pero bajarlo a tierra de forma clara me obligó a hacerme muchísimas preguntas intensas.
–¿Algún libro, película o serie que te conmovieron últimamente?
–Hace poco leí Flores que se abren de noche, de Tomás Downey. Es un libro de cuentos de ficción argentina reciente. Me pareció superlindo y extraño: hacía mucho que no leía algo contemporáneo que me atrapara tanto. «
