1–El inicio. Era de madrugada cuando llegamos antes que nadie a Plaza de Mayo. El microcentro todavía estaba medio dormido y en el aire flotaba ese silencio particular de las primeras horas, con colectivos casi vacíos. El cielo recién empezaba a aclararse sobre los edificios. Instalamos cajas, caballetes y urnas para el fondo de lucha en cada puesto que desplegamos desde el Congreso a Plaza de Mayo. Portábamos nuestro producto estrella: un suplemento especial de 16 páginas recién salido de imprenta. Y con él, una mezcla de orgullo, cansancio, convicción y una obstinada esperanza que venía creciendo desde hacía meses. Queríamos seguir escribiendo, juntos.

2-Emergentes. Aún sin los papeles que acreditaban legalmente que éramos una cooperativa pero con ese proyecto en el horizonte, comenzó el armado de cada espacio. Algunos sobre las veredas, otros en las esquinas, o en el cruce de la Av. 9 de Julio, en la plazoleta. El frío de la mañana todavía se metía en las manos mientras los caños se unían con un sonido metálico casi festivo.
3-El abandono. Llegamos a la marcha sin dueños. Desde diciembre de 2015 no cobrábamos nuestros sueldos. Pero el diario seguía ahí porque quienes lo hacíamos estábamos allí, en el edificio al resguardo de las herramientas de trabajo. Todo ese colectivo que los empresarios habían despreciado quería seguir porque tenía más cosas para decir.

4-El 24 de marzo. Los gazebos de Tiempo Argentino emergían en medio de la multitud. Diez puntos de encuentro. Diez pequeñas islas de papel y tinta en medio de una marcha cargada de historia. Debajo de cada techo blanco se acomodaban pilas de ejemplares que todavía conservaban el olor fresco de la tinta. En esos gazebos no sólo se vendían diarios. También circulaban abrazos, palabras de aliento y una certeza compartida: que el proyecto tenía sentido.
Nos vemos en la Plaza 🤍
— Tiempo Argentino (@tiempoarg) March 20, 2026
A 50 años del golpe genocida, este 24 de marzo nos convocamos un año más en Plaza de Mayo para decir Nunca Más y Son 30 mil.
Para Tiempo es una fecha doblemente especial: hace 10 años fuimos a la Plaza con nuestro primer diario autogestivo. La venta de… pic.twitter.com/DjS9PnsDuX
5-Resistencia. Al lado de los ejemplares estaban también las urnas que habían circulado por infinidad de lugares pidiendo aportes para juntar dinero para que cada compañero pueda tener un mínimo de dinero para continuar la lucha. Muchas manos, conocidas y desconocidas, se acercaban para dejar su aporte. Era un gesto simple, casi silencioso, pero profundamente significativo. Porque en ese momento cada moneda, cada billete y cada palabra de apoyo confirmaban que Tiempo Argentino no era solamente un lugar de trabajo: era también una comunidad.

6-Volver. Habíamos preparado, además, una pequeña encuesta artesanal, impresa en micro-papelitos. Queríamos saber si había lectores dispuestos a acompañar un proyecto cooperativo si el diario volvía a los kioscos. Las respuestas llegaban una tras otra, y en cada una se repetía la misma idea: “Sí, vuelvan. Los vamos a acompañar”. En las manos llevaban algo más que tinta sobre papel: cargaban el trabajo colectivo de una redacción que había decidido no rendirse.
7–Un número especial. El suplemento del 24 de marzo de 2016 estaba dedicado a reconstruir, a 40 años, la trama profunda del terrorismo de Estado en la Argentina. No sólo recuperaba historias para mantener viva la memoria, sino que también volvía sobre las responsabilidades civiles, empresariales y judiciales que hicieron posible la dictadura. Sobre la relación de ese plan económico de exclusión y vaciamiento que volvía. Ponía en diálogo el pasado con el presente, preguntándose qué huellas seguían activas en la democracia y qué disputas por la memoria continuaban abiertas. Con el correr de las horas la plaza se llenó por completo. Las columnas avanzaban, los cantos crecían y el movimiento alrededor de los gazebos no se detenía. Comprar el diario ese día no era solamente informarse. Era acompañar. Era reconocer. Era decir, sin necesidad de discursos, que ese esfuerzo colectivo tenía valor. A las dos de la tarde ya no quedaban ejemplares. Dos compañeros tuvieron que correr hasta la imprenta para buscar más. El gesto era casi increíble para quienes venían de meses de incertidumbre: el diario se había agotado.

8-Compañía. En ese camino, también hubo solidaridad: la cooperativa Gráfica Patricios nos permitió imprimir la edición especial cuando parecía imposible, colegas que difundieron nuestra situación, periodistas que se acercaron a vender con nosotros, actores y actrices que pusieron su presencia al servicio de una causa común. Las organizaciones sociales, que ya nos habían ayudado donando comida en los meses más difíciles, también dijeron presente. Y, como lo hizo desde el primer reclamo, Sipreba nos abrazó como lo hace hasta hoy.
9-El futuro. No sabíamos todavía qué iba a pasar después. No sabíamos si el proyecto cooperativo iba a resistir ni cómo serían los meses siguientes. Pero nos llevábamos algo más importante que cualquier certeza. Nos llevábamos la memoria de un día en que decidimos estar. Un día en que un grupo de trabajadores, abandonados por una empresa pero sostenidos por una convicción común, levantó diez gazebos en la Plaza de Mayo y demostró que un diario también puede existir gracias a la voluntad colectiva de quienes lo hacen y de quienes lo leen. Porque a veces las historias más importantes no empiezan con grandes anuncios. A veces empiezan de madrugada, en una plaza todavía vacía, cuando alguien encastra un caño con otro y el sonido metálico anuncia que algo -contra todo pronóstico- sigue en pie.

10-El presente. Este diario, el de 2026, está atravesado por la consigna de Memoria, Verdad y Justicia, pero también por una mirada crítica y actual: una invitación a combatir al negacionismo y a la reivindicación de lo militar. Una convocatoria a seguir nombrando lo ocurrido y a sostener, desde el periodismo, una memoria viva, incómoda y colectiva. A denunciar al poder económico concentrado que todavía sigue vigente, incluso con más fuerza. A diez años de ese día fundamental para nuestra cooperativa y a 50 de la dictadura cívico-militar más sangrienta de la historia argentina, desde Tiempo volvemos a marchar. Volvemos a decir “Nunca Más” y “Son 30 mil” para mantener bien alto las banderas de los Derechos Humanos. Junto a todos los organismos de DDHH, exigimos que “Que digan dónde están”. Memoria, Verdad y Justicia. Ayer, ahora y siempre.
