“1976 —24 de marzo— 2026. 50 AÑOS DEL GOLPE”, se lee en el pecho de Tom Morello cuando sale al escenario empuñando su guitarra eléctrica. Debajo se ve el pañuelo blanco con flores de la campaña “Florecerán pañuelos” de las Abuelas de Plaza de Mayo, a quienes el exguitarrista de Rage Against the Machine y Audioslave visitó antes de su única presentación en Buenos Aires. Y por si no quedó claro que en este concierto no hay lugar para tibiezas, su gorra proclama “FATE no se cierra”.

El tema que inaugura la noche y la gira latinoamericana de Morello va directo al hueso: “Soldier in the Army of Love”, single realizado en colaboración con su hijo Roman Morello, tiene su icónica intensidad rockera y la energía combativa antifascista que será eje de todo el show. Después, con “Vigilante Nocturno”, llega el primer gran estallido cuando empieza a sonar “Testify” en el primer medley de RATM de la noche, que se engancha gloriosamente con “Take the Power Back”, “Freedom” y “Snakecharmer”.

“¿Hay fans de Rage Against the Machine?”, pregunta Morello, divertido, después de la reacción del público. “Hace mucho tiempo que vengo esperando estar acá con ustedes”, asegura, y sin vueltas arremete: “¿Odian el fascismo? Vamos a mostrarles a los fascistas lo que significa la solidaridad”. Y así va a predicar y a guiar a sus fans como compañeros combatientes. Con la música los hace saltar, cantar, gritar, alzar el puño, creando un “terremoto antifascista”. Los saltos persisten y se transforman en el canto colectivo que, por supuesto, no iba a faltar: “Y ya lo ve / Y ya lo ve / El que no salta / Votó a Milei”.

Tom Morello volvió con furia política, clásicos de Rage Against the Machine y un mensaje más directo que nunca contra el fascismo

A contramano del avance de la derecha en el mundo, Tom Morello dirige un espacio de resistencia en el galpón industrial recuperado del Deseo Club. “Cada acto de arte es un acto de resistencia”, declara, y llama a un miembro del equipo al escenario para que traduzca al español y nadie se pierda una palabra: “Estamos viviendo en una época en la que las ideas son un crimen, los estilos de vida son un crimen, el color de piel es un crimen. Entonces, al entrar en este recinto esta noche, yo, Tom Morello, los declaro oficialmente, a cada uno de los miembros de este público, como luchadores antifascistas contra el crimen”. Cierra su discurso con un gesto más: “Y en solidaridad con mis amigas y compañeras de Buenos Aires, vamos a donar el 100% de las ganancias de las ventas de las remeras y el merch de esta noche a las Abuelas de Plaza de Mayo para que continúen su misión de Memoria, Verdad y Justicia”. Ovación.

Luego suena la tradicional “One Man Revolution”, de su proyecto The Nightwatchman, y a la balada intensa de “Cato Stedman & Neptune Frost” le sigue el estreno mundial del incendiario “Everything Burns”. Todo se tiñe de rojo y la banda suelta sus instrumentos para hacer palmas y gritar alrededor de un micrófono y lograr un ritmo que acompaña la guitarra acústica de Tom para crear el retumbar primitivo en “Keep Going”.

El segundo segmento de RATM de la noche explota en un pogo generalizado con “Bombtrack / Know Your Enemy / Bulls on Parade / Guerrilla Radio / Sleep Now in the Fire / Bullet in the Head” y se fusiona con Audioslave cuando empieza a sonar el riff increíble de “Cochise” y culmina con el momento más emotivo de la velada: un homenaje a Chris Cornell, con su imagen dominando la pantalla y el micrófono vacío —un vacío irremplazable—. Morello invita a cantar la oración entre todos y más de mil quinientas voces entonan “Like a Stone”, que culmina con el solo de Morello que hoy ya es histórico.

Tom Morello volvió con furia política, clásicos de Rage Against the Machine y un mensaje más directo que nunca contra el fascismo

Hacia el final llegan los covers: suena “The Ghost of Tom Joad”, de Bruce Springsteen, y se siente el goce de Morello con cada ejecución, cada vez que entra en contacto con las cuerdas, con las yemas, las uñas, las palmas, los dientes. El infaltable y esperado “Killing in the Name”, de Rage Against the Machine, por fin se hace presente con las luces encendidas, para que los fans bramen con plena claridad: “Fuck you, I won’t do what you tell me!” (Fuck you, no voy a hacer lo que me decís). Un poco de furia y desobediencia.

Tom se calza la camiseta de Argentina con el 10 de Maradona y se despide con “Power to the People”, de John Lennon, y “Rock and Roll All Nite”, de Kiss. “¡Mañana van a salir a luchar por la justicia y la libertad, pero ahora vamos a tener una fucking buena noche!”, grita, con el puño al aire, mientras suenan los clásicos del rock.

Mientras la banda saluda al público y sale del escenario, suena de fondo otro tema familiar: “Los Dinosaurios”, de Charly García. La luz sigue apagada y el público amaga con pedir un bis. La gente espera, pero Tom Morello y compañía no vuelven a salir. Recién se encienden las luces al final, cuando se termina de escuchar entera y bien fuerte. Después de décadas de trayectoria, Morello sigue haciendo del arte una herramienta política, cada vez más explícita y combativa, y crea un espacio colectivo donde contagia el goce por la música y la fuerza para no bajar los brazos.