El centro porteño amaneció con un fuerte operativo de seguridad para contener a trabajadores despedidos que buscan llegar al Congreso. La protesta, que incluyó cortes en la 9 de julio, derivó en violencia policial.

El saldo del operativo de la Policía de la Ciudad dejó imágenes de corridas, disparos de balas de goma y trabajadores rociados con gas pimienta en las inmediaciones del Obelisco. Un vocero de los despedidos de Fate, Víctor Ottoboni, denunció la metodología empleada y apuntó contra la dirigencia sindical tradicional por su silencio, calificándola de cómplice ante una ola de despidos que, según sostuvo, el gobierno responde con represión en lugar de soluciones.
Mientras la represión se desataba en el microcentro contra quienes intentaban llegar al Congreso, en el norte del conurbano otro grupo de trabajadores de Fate mantenía una protesta que complicaba el tránsito en la Panamericana. Tras un inicio con liberación parcial de carriles por parte de Gendarmería, fueron los propios manifestantes quienes finalmente despejaron la autovía, dejando al descubierto una jornada donde la falta de respuestas oficiales y el caos vehicular se combinaron para exponer la fragilidad del diálogo social.
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