El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ordenó concederle al patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, acceso inmediato e ilimitado a la iglesia del Santo Sepulcro después de que la Policía le impidiera el día anterior entrar al templo.

«Tan pronto como tuve conocimiento del incidente con el cardenal Pizzaballa, ordené a las autoridades que le permitan al patriarca celebrar los servicios religiosos por su cuenta. (…) Ordené a las autoridades correspondientes que otorguen al cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino, acceso total e inmediato al Santo Sepulcro en Jerusalén», señaló Netanyahu en un comunicado publicado en X.

Indicó que al cardenal se le pidió que se abstuviera de celebrar misa en el Santo Sepulcro «por razones de especial preocupación por su seguridad».

El domingo, el Patriarcado católico de Jerusalén informó que Pizzaballa y el abad de la Custodia de Tierra Santa, Francesco Ielpo, fueron demorados cuando se dirigían de manera privada hacia el Santo Sepulcro.

La Iglesia Católica calificó la prohibición como «infundada e inadecuada», y remarcó que viola los principios de la libertad religiosa y el respeto a las tradiciones.

Críticas de la comunidad internacional

Autoridades de países como Italia, Francia, España, Brasil e incluso Estados Unidos expresaron su rechazo a la decisión israelí de impedirle al cardenal Pierbattista Pizzaballa, máxima autoridad católica en Palestina, celebrar la misa del Domingo de Ramos en la iglesia del Santo Sepulcro.

Uno de los primeros países en reaccionar fue Italia, cuya primera ministra, Giorgia Meloni, manifestó una condena sin matices a lo ocurrido. «Impedir la entrada del Patriarca de Jerusalén y del Custodio de Tierra Santa, especialmente en una celebración tan central para la fe como el Domingo de Ramos, constituye una ofensa no solo para los creyentes, sino para toda comunidad que reconoce la libertad religiosa», afirmó.

Roma presentó una protesta formal ante el Gobierno de Israel, según informó el canciller italiano, Antonio Tajani. «Quiero expresar mi más profunda solidaridad con el Patriarca de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, jefe de la Iglesia Católica en Tierra Santa, y con el Custodio de Tierra Santa, padre Francesco Ielpo», escribió Tajani en redes sociales, donde calificó lo ocurrido como «inaceptable».

Luego, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se sumó a la condena. «Expreso mi pleno apoyo al Patriarca Latino de Jerusalén y a los cristianos de Tierra Santa, a quienes se les impide celebrar la misa del Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro», publicó.

Macron también cuestionó «esta decisión de la Policía israelí, que se suma al preocupante aumento de violaciones al estatus de los lugares santos en Jerusalén» y reclamó garantías para «la libertad de culto en Jerusalén para todas las religiones».

Incluso el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, considerado cercano a las autoridades israelíes, manifestó su consternación. Si bien reconoció la necesidad de establecer este tipo de medidas, sostuvo que lo ocurrido «constituye un lamentable abuso de poder que ya está teniendo importantes repercusiones a nivel mundial».

«Resulta difícil comprender o justificar que se le impida al patriarca entrar a la iglesia el Domingo de Ramos para una ceremonia privada», agregó.

Desde España, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, exigió a Israel respeto por «la diversidad de credos y el derecho internacional», luego de responsabilizar a Netanyahu por impedir «a los católicos celebrar el Domingo de Ramos en los lugares santos de Jerusalén». «Sin explicación alguna. Sin razones ni motivos», cuestionó.

En ese sentido, expresó la condena del Gobierno español a lo que definió como un «ataque injustificado a la libertad religiosa». «Exigimos a Israel que respete la diversidad de credos y el derecho internacional. Porque sin tolerancia es imposible convivir», escribió.

La alta representante de la Política Exterior de la Unión Europea, Kaja Kallas, también criticó el accionar policial por considerarlo «una violación de la libertad religiosa y de las protecciones vigentes para los lugares sagrados».

«Hay que garantizar plenamente la libertad de culto en Jerusalén, sin excepción, para todos los credos. Hay que proteger el carácter multirreligioso de Jerusalén», subrayó.

El Gobierno israelí explicó que la decisión fue tomada por motivos de seguridad, en el marco de las restricciones dispuestas por el Ejército ante posibles ataques iraníes. Sin embargo, el embajador estadounidense se mostró desconcertado con ese argumento, ya que la misa iba a realizarse prácticamente a puertas cerradas y con menos de 50 personas, el límite vigente para reuniones.

Por su parte, Jordania —de cuyo Gobierno depende formalmente la administración de asuntos religiosos en Jerusalén— también rechazó lo ocurrido «en los términos más enérgicos», al considerarlo «una flagrante violación del derecho internacional, del derecho internacional humanitario y del statu quo jurídico e histórico vigente, así como una vulneración de la libertad de acceso irrestricto a los lugares de culto».

Además, recordó que Israel mantiene un «cierre continuado» de la mezquita de Al Aqsa y llamó a la comunidad internacional a asumir sus responsabilidades legales y morales para exigir el cese de las violaciones contra los lugares sagrados islámicos y cristianos en Jerusalén.

En tanto, la Autoridad Nacional Palestina denunció el «crimen» que implica impedir el acceso del patriarca al Santo Sepulcro, al sostener que «afecta tanto al mundo cristiano como al islámico» e incumple compromisos vigentes. «Es un precedente peligroso que vulnera la libertad de culto y atenta contra la presencia cristiana en el territorio palestino ocupado, incluida Jerusalén Este», advirtió el Ministerio de Exteriores palestino en un comunicado.

«Asimismo, representa un desprecio por los sentimientos de cientos de millones de personas en todo el mundo y ofende a cristianos y musulmanes», añadió, al tiempo que reclamó una intervención internacional mediante presión a Israel y una mayor presencia externa para «preservar la presencia palestina cristiana».

También se expresó el presidente de Polonia, Karol Nawrocki, quien cuestionó la medida. «Es una falta de respeto a la tradición y la cultura cristianas», sostuvo.

Portugal, por su parte, consideró que el veto a Pizzaballa «merece la más firme reprobación» y exhortó a las autoridades israelíes a garantizar la libertad de religión y de culto.

Brasil calificó el hecho como condenable y recordó que en las últimas semanas las autoridades israelíes restringieron el ingreso de fieles cristianos al Santo Sepulcro y de musulmanes a la Explanada de las Mezquitas, incluso durante el Ramadán. Según señaló, se trata de acciones de «extrema gravedad» y «contrarias al statu quo histórico», en línea con el dictamen de la Corte Internacional de Justicia del 19 de julio de 2024 que considera «ilícita» la presencia israelí en territorio palestino ocupado, incluida Jerusalén Este.

Israel tomó el control de la Explanada de las Mezquitas y del resto de la Ciudad Vieja de Jerusalén durante la Guerra de los Seis Días de 1967, aunque permitió que Jordania mantuviera la autoridad religiosa en el lugar.

De todos modos, Israel considera a Jerusalén como su capital «indivisible», aunque el estatus de la ciudad sigue pendiente de un acuerdo de paz con las autoridades palestinas, que reclaman Jerusalén Este como capital de un futuro Estado en las fronteras de 1967, en el marco de una solución de dos Estados respaldada por la comunidad internacional.

GS con información de Sputnik y Europa Press