Una cosa es la verborragia belicista de matón de barrio y otra la realidad. Cuando se escucha al presidente Donald Trump se tiene la sensación de que la Casa Blanca del magnate inmobiliario tiene todo fríamente calculado y que, efectivamente, todo marcha sobre ruedas en la guerra que con Israel inició contra Irán hace una semana. Pero cuando se hila un poco más fino, hay detalles que viene bien revisar. Por ejemplo, horas antes de la cumbre con presidentes latinoamericanos afines para el lanzamiento del Escudo de las Américas, dijo que este mismo sábado “Irán recibirá un duro golpe” y, como una maestra de primaria, que el país persa “por su mala conducta” se está “considerando seriamente la destrucción total y la muerte segura de zonas y grupos de personas que hasta ahora no se habían considerado como objetivos”. El viernes, sin embargo, y enterrando definitivamente lo poco que quedaba de su lucha contra el “Estado profundo”, se reunió con las mayores empresas del complejo militar industrial. “Acordamos cuadruplicar la producción de armamento de clase exquisita», posteó en su cuenta de la red Truth, para asegurar a continuación que las fuerzas armadas tienen un suministro “prácticamente ilimitado de municiones de grado medio y medio superior”. Un día antes, había recibido en el Salón Oval a una veintena de pastores evangélicos que oraron en torno a él, que escucha las plegarias con los ojos cerrados y sentado a su escritorio. Como en cualquier régimen teocrático, por cierto.

Uno de los problemas que enfrentan los tres involucrados en esta contienda es cuánto pueden durar los artefactos bélicos disponibles. Israel tiene el ejército más poderoso de la región pero desde el 7-O de 2023 se lanzó a una operación de exterminio en Gaza y Cisjordania que consumió gran parte de sus arsenales. Estados Unidos envió en tiempos de Joe Biden gran parte de sus reservas a Ucrania y por supuesto, a Israel. Irán, en la Guerra de los 12 días, había agotado también gran parte de sus existencias pero no se fácil determinar cuánto pudieron reconstruir y cuánto tenían almacenado e silos subterráneos. Hace añares que Teherán se preparaba para esto que parece una estocada final y plantea sus estrategias para una guerra asimétrica, como no puede ser de otra manera habida cuenta de sus posibilidades reales.

Trump, en modo teócrata, amenaza con arrasar Irán

La noticia que sublevó en los medios estadounidenses, como The Washington Post, es que Rusia estaba brindando información de inteligencia a Irán sobre los movimientos de las fuerzas israelo-estadounidenses que le permite atacar con precisión a buques y aviones con misiles que incluso demostraron ser capaces de evitar los radares. Muchos le recordaron al exdiario de referencia de EE UU su doble rasero cuando EE UU envía armas y datos a Ucrania. También se habla de apoyo chino a los persas, lo cual es difícil de demostrar, aunque posible dado el riesgo que para Beijing implica la pérdida de un proveedor de petróleo importante y sobre todo, cercano.

Irán es el corazón geopolítico de esta parte del mundo por su ubicación, su posibilidad de control del Estrecho de Ormuz y como nudo de ductos para transporte de gas y petróleo al Asia Central. Un análisis bastante razonable indica que Trump necesita acelerar el desenlace en Irán antes de viajar a Beijing el 31 de marzo para encontrarse con Xi Jinping. De ello depende cómo negociará con el presidente chino. Si con cartas ganadoras y con la lengua afuera porque los iraníes están resultando un hueso muy duro de roer. Con el ataque a fuerzas de Estado Islámico en Nigeria del 25 de diciembre y el secuestro de Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero, Trump podría jactarse de controlar dos de las más grandes fuentes petroleras internacionales. Irán sería la coronación de ese objetivo y la administración lo ve al alcance de la mano.

Trump, en modo teócrata, amenaza con arrasar Irán

Sin embargo, hubo algunos contratiempos que no estaban en los planes. Como que Irán decidió dejar de lado anteriores pruritos y bombardeó bases de EE UU en los países vecinos y destruyó radares y sofisticados equipos de rastreo de el Ejército estadounidense. Según el exanalista de la CIA Larry Johnson -uno que se ganó la enemistad del Estado Profundo porque critica la política exterior de su país y con data dura- “Irán destruyó cinco radares estadounidenses avanzados (dos de ellos con un valor de 1000 millones de dólares cada uno) y tres baterías THAAD, aproximadamente el 30% del suministro mundial de Estados Unidos. (…) Las defensas aéreas estadounidenses están ahora prácticamente ciegas”.

La amenaza de que las incursiones en el espacio aéreo de sus vecinos forzarían a armar una coalición contra Irán parece desvanecerse. Cierto que hubo protestas agrias de Qatar y de Kuwait, el aeropuerto de Dubái y un bombardeo contra residencias en Bahréin donde se supone se alojaba personal estadounidense. En cuanto a la principal refinería saudita, la de Ras Tanura, Irán negó haber realizado el ataque y la información disponible más bien señala a un operativo de falsa bandera realizado por Israel. El magnate emiratí Khalaf Ahmed al-Habtoor, por su parte, se quejó de que EE UU los usó para su propio beneficio y a la hora de los cachetazos los dejó solos. «Nosotros no firmamos para esto; su ‘Junta de la Paz’ fue financiada por nosotros, ahora son cenizas», protestó. Como para bajar un cambio, el presidente Masud Pezeshkian presentó las disculpas del caso y anunció la suspensión de bombardeos contra objetivos en los países vecinos, aunque se reservó el derecho a actuar si fuese atacado desde allí. Más allá de los “fierros” duros, lo que está causando estragos en todo el mundo es el cierre del Estrecho de Ormuz, lo que eleva los precios del petróleo a niveles que nadie se atrevería a predecir. Todo dependerá de cuánto dure la contienda.

Trump, en modo teócrata, amenaza con arrasar Irán

Israel, en tanto, desató una fuerte ofensiva sobre el Líbano y ordenó la evacuación de todo el territorio al sur del río Litania, lo que incluye a las ciudades de Tiro, Sidón, Nabatiye y Yezin. El gobierno de Netanyahu argumenta que está combatiendo acciones de Hezbollah, el grupo islámico cercano a Irán. A su vez, fuerzas israelíes atacaron una instalación petrolera cerca de Teherán. «