El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a atacar públicamente al actor Robert De Niro con una serie de descalificaciones personales que generaron fuerte polémica por el nivel de agresividad expresado desde la máxima investidura del país.

A través de su red Truth Social, Trump se refirió al actor como “otro enfermo y demente” y aseguró que tiene “un coeficiente intelectual extremadamente bajo”. No se trató de una respuesta política argumentada frente a críticas, sino de una sucesión de agravios personales dirigidos a desacreditarlo.

Trump llamó a Robert De Niro “demente” y aseguró que debería “subirse a un barco e irse del país”
Trump parece cada vez más fuera de control.

En el mismo mensaje, el mandatario afirmó que De Niro “no tiene absolutamente ninguna idea de lo que está haciendo o diciendo, parte de lo cual es seriamente criminal”. También dijo haberlo visto “romper en lágrimas como lo haría un niño”, en referencia a una aparición pública reciente del actor.

Trump fue más allá y escribió que De Niro “puede estar incluso más enfermo que la loca Rosie O’Donnell”, y agregó que “la única diferencia entre De Niro y Rosie es que ella probablemente es algo más inteligente que él”. Las comparaciones y burlas sobre supuestos problemas mentales y niveles de inteligencia formaron parte central del ataque.

Trump, descontrolado

Además, sostuvo que tanto De Niro como otras figuras críticas de su gestión “deberían subirse a un barco… y dejar Estados Unidos”. Si bien la frase no constituye una amenaza formal de deportación -De Niro es ciudadano estadounidense-, el planteo funciona como un gesto simbólico de expulsión del país hacia quienes cuestionan al presidente.

El cruce vuelve a exponer el clima de polarización que atraviesa la política estadounidense. Sin embargo, más allá de la habitual tensión entre dirigentes y figuras del espectáculo, el tenor de los términos utilizados resulta llamativo tratándose de un jefe de Estado.

Trump llamó a Robert De Niro “demente” y aseguró que debería “subirse a un barco e irse del país”
Robert De Niro.

En lugar de rebatir ideas o posicionamientos, el mensaje se apoyó en insultos directos, descalificaciones sobre la salud mental y referencias a supuesta conducta “seriamente criminal” sin especificación alguna. El episodio reabre el debate sobre los límites del discurso público cuando proviene de la máxima autoridad institucional.

De Niro ha sido uno de los críticos más duros de Trump dentro de la industria cultural. La respuesta presidencial, esta vez, no fue política sino personal. Y volvió a encender la controversia.