El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, validó la noticia de la muerte del ayatolá Ali Jamenei en una entrevista con la cadena NBC, asegurando que los informes sobre el deceso del líder supremo son «verídicos» y que su administración considera que esa es «la historia correcta».

La Casa Blanca acompañó las declaraciones con la difusión de imágenes que muestran al presidente supervisando la operación «Furia Épica» junto a su equipo de seguridad. Por su parte, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ofreció una conferencia de prensa en la que detalló que el complejo de Jamenei, ubicado en el centro de Teherán, fue destruido mediante un «poderoso ataque sorpresa» destinado a derrocar al clérigo. Según Netanyahu, existen «muchos indicios» de que el tirano ya no está con vida.

El impacto del ataque no se limitó al líder supremo. El gobierno israelí informó la eliminación de figuras clave de la estructura militar y nuclear de Irán.

Pese a la contundencia de las declaraciones aliadas, desde Teherán emitieron un comunicado desmintiendo las bajas y asegurando que sus máximos funcionarios permanecen con vida. La incertidumbre sobre la sucesión y la posible respuesta regional mantiene en vilo a la comunidad internacional.