Desde hace más de tres décadas, Tute viene haciendo algo singular y vital: pensar la vida con dibujos. Heredero de una tradición ilustre pero sin resignarse a quedar atrapado en ella, su humor gráfico desarma la lógica del chiste rápido para apostar por una zona más incierta, donde la risa convive con la melancolía y la filosofía se cuela sin ostentaciones ni pedir permiso. Sus personajes –hombres de a pie, mujeres que se desentienden de mandatos, padres abrumados, hijos observadores y más– viven en permanente estado de pregunta. El amor, el día a día, el paso del tiempo, el impacto de la política en nuestras vidas, el absurdo de existir y la muerte: todo entra en sus viñetas con la plena naturalidad. Tute no explica el mundo: lo mira torcido, lo escucha, remata con un chiste, se corre un paso y deja al lector pensando. Acaso su mayor aporte al humor gráfico argentino contemporáneo es haber ecualizado que cada uno de sus trabajos sea territorio de observación social y pensamiento, sin solemnidades, a puro humor y emoción.

Ensayo para mi muerte, su flamante novela gráfica, lleva esa poética urbana existencial a una zona más honda y arriesgada. El punto de partida emocional —la muerte de su hermano Tomás “Tomy” Loiseau, con sólo 43 años— no deriva en confesión ni en catarsis, sino en una exploración narrativa que combina ensayo, ficción, existencialismo y dibujo con una puntería notable. Tute dialoga con la muerte como quien conversa con una visita no querida, pero inevitable. Con mucho humor, claro, incluso en los momentos más oscuros, porque el absurdo sigue siendo una forma de resistencia. El prefacio de Alejandro Dolina funciona como un espejo afectuoso. No explica el libro, lo acompaña y presenta con su entrañable lucidez. Tute logra convertir la pérdida en lenguaje y la finitud en pregunta abierta. Y si en la novela gráfica Diario de un hijo (2019) funcionaba casi como un intento de reencuentro y despedida por la pérdida de su padre –para los distraídos, el mismísimo Caloi–, aquí la pérdida joven se impone como un dolor todavía más difícil de aceptar.

Tute: "Nos enamoramos porque sabemos que vamos a morir"

-Está científicamente comprobado: la muerte es un acto definitivo que por su naturaleza hace imposible toda práctica previa. Sin embargo, en el plano poético, parece que le encontraste una vuelta para lograrlo.

-(Risas). Es algo así, sí. El título juega un poco con el doble significado. Por un lado, una especie de obra ensayística, desde el dibujo, sobre un tema que tarde o temprano nos alcanza a todos. Pero también quería apostar a lo teatral, como una especie de práctica previa, digamos. Cuando arranca el libro un tipo cita a un mal poeta y dice “no hay muerte más propia que la ajena”. Algo de eso hay en este libro. El que muere no es consciente de su muerte y sí lo son sus seres queridos. A partir de una muerte que, claro, no fue propia, pero fue la de mi hermano, necesité hacer esta novela gráfica. Me pegó mucho cómo encontré a mi hermano: ya sin vida, tendido en el piso.

-¿Se descompensó en el escenario, en un show de Mamushkas?

-Sí, no fue en la calle, como aparece en la historia. Pero en la tapa del libro si está en un escenario. Digamos que utilicé unas cuantas licencias poéticas para construir esta historia.

-Se puede relacionar también con Palo Pandolfo, que murió, de manera casi inexplicable, en la calle.

-Es verdad. No lo había asociado. El muerto del libro está como en la calle, pero en realidad no hay referencias específicas. Puede ser en San Telmo, el Conurbano… En ese sentido, es un libro muy teatral. Nunca había dibujado y contado una historia con ese lenguaje. Y es tan así que después de esta nota me voy a encontrar con un dramaturgo con el que estamos trabajando para llevar Ensayo para mi muerte al teatro.

Tute: "Nos enamoramos porque sabemos que vamos a morir"

-Tenés una vocación natural por la interseccionalidad, por llamarlo de alguna manera. Sacaste discos, te vas a relacionar con el mundo de las series, ahora se viene esta obra de teatro… ¿Los dibujos se te escapan de las viñetas?

-Pareciera. Me gustan los cruces artísticos. En diferentes formatos, pero yo cuento historias. Y eso alimenta a la música, el teatro, el cine y las series. Pero a mí me gusta tirarme de cabeza. No es que firmo un papel para que hagan una versión y me olvido. Me gusta hacer, pensar, dirigir. Por supuesto que con humildad y con gente que sabe más que yo del lenguaje, en este caso, teatral. Para Ensayo para mi muerte voy a laburar con José Luis Arias, Pepe Arias, que es un fenómeno y tiene muchísima experiencia. Así que la vamos a pasar bárbaro. Pensar y crear en otro tablero también me entusiasma y enriquece mucho. Hay una necesidad social de etiquetar. Tal tipo dibuja, otro hace radio, otro escribe. Pero desde mi perspectiva, si uno tiene la necesidad, puede desarrollarse en diferentes campos. Es muy enriquecedor.

-Toda lectura es personal y subjetiva, pero Diario de un hijo parecía una forma de aceptar la pérdida. Ensayo para mi muerte es más duro, la muerte está presente todo el tiempo, despedís a tu hermano, pero queda claro que nos pueden cerrar el telón en cualquier momento…

-Es una buena interpretación. De ahí que digo “Mientras vivimos, vivamos”. Un amigo hizo una relectura que me vino muy bien. A los pocos días de salido el libro me mandó un audio que decía: “Che, qué bueno que hayas podido terminarlo de esa manera”. Y te juro que en ese momento no entendí del todo a qué se refería. Volví a leer el libro y me di cuenta: aparece un personaje que se autoproclamaba el Tutor del Descanso, el Mago del Tiempo. De alguna manera mi amigo interpretó que ese era yo y que estoy cuidando el descansar de mi hermano. Me gustaría creer, más allá de las palabras, que eso de alguna manera sucede.

Tute: "Nos enamoramos porque sabemos que vamos a morir"

Un lenguaje para la muerte

Los trazos de Tute en Ensayo para mi muerte  se hacen más radicales que nunca –en el buen sentido–. Se despoja de colores y cualquier recurso ornamental para quedarse con la esencia: casi en los huesos de los personajes, como si las líneas mismas del dibujo hubieran decidido acompañar la urgencia. Esa economía visual funciona como una ética: no hay lugar para el golpe de efecto ni la pirotecnia. Las páginas mudas –en blanco–, las satinadas –casi como cuadros que congelan momentos– y los textos tachados y reescritos  parecen subrayar la falta de certezas y los equívocos que nos acompañan en la vida y –acaso– después.

-Dibujé sin previo lápiz. Eso favorece el error y yo me equivoco. Pero fue buscado. Es, digamos, un elogio al inconsciente. Una liberación. Si se quiere un juego más onírico. Y creo que hay algo asertivo en esa decisión.

-Tiene su lógica, pero  también es más jugado.

-Sí. Hay algo en no pensar o no pensar tanto. Cuando escribís o dibujás sin pensar. O con una idea muy fresca. Lo que sale muchas veces es más gestual y poderoso. Más errático también, pero al mismo tiempo puede ser más potente. Al menos en algunos casos. Después ves para qué es, si es mejor así o rehacerlo, que se gana, que se pierde… En esta novela gráfica sentí que tenía que ser todo más improvisado. De un primer dibujo, que es como un gesto, casi como una firma. Viste que uno no piensa cuando va a firmar, pero eso que uno escribe está cargado de su identidad.

-Alguna vez dijiste que la muerte es el mayor motor de la vida. ¿Es tan así?

-Eso fue casi una provocación, pero de las lindas, de las que hacen pensar. Creo que si fuéramos inmortales perderíamos entusiasmo. Para todo, incluso para el amor. Justamente porque somos conscientes de nuestra propia finitud hacemos todo lo que hacemos, incluso enamorarnos. Quizás hasta nos enamoramos porque sabemos que nos vamos a morir.

Tute: "Nos enamoramos porque sabemos que vamos a morir"

-Más allá de las dos novelas gráficas, la muerte siempre estuvo presente en tus viñetas. ¿Hubo algún hecho en particular que marcó ese interés?

-Creo que el tema de la muerte me movilizó desde muy pibe. Y obviamente fui cambiando de perspectiva. Depende del momento vital en el que uno se encuentre y quiénes se le hayan muerto a cada uno. El primer impacto fuerte que tuve con la muerte fue la de una compañera que se suicidó en la secundaria. En segundo año. Éramos muy pibitos y era del grupo de los muy amigos. Se llamaba Eloísa Martínez. Fue muy fuerte, te imaginarás.

-Terrible. Ahí se da la muerte joven, inesperada y en algún punto fruto de una decisión personal…

-Exactamente. Fue todo muy, muy, muy dramático, muy trágico. Además, era una piba que era golpeada por su padre. Una piba que estaba desesperada por cumplir 18 años y rajar de la casa. Pero no aguantó. Fue terrible, pero recuerdo que incluso en el velorio aparecieron algunas cosas de humor. A veces creo que el humor es parte de nuestro sistema inmunitario.

-El disparador de Ensayo para mi muerte es la muerte joven de tu hermano, pero el humor y el absurdo están muy presentes.

-Es mi libro más gracioso, para mí. Al menos yo considero eso. Más allá del tema, es el más divertido que hice. En la vida nos sostiene el humor y frente a la muerte mucho más todavía.

Tute: "Nos enamoramos porque sabemos que vamos a morir"
Tres razones para la independencia

Tute es uno de los dibujantes más populares de la Argentina. Sus viñetas diarias y sus páginas semanales en el diario La Nación, su presencia en las redes y sus más de 20 libros publicados por la Editorial Sudamericana le dieron una llegada fantástica.
Por eso sorprende, en primera instancia, que Ensayo sobre mi muerte sea un lanzamiento independiente. “La verdad que Sudamericana siempre me trató muy bien y fui muy consentido por ellos. Pero este libro lo sacamos por nuestra cuenta por tres motivos”, explica Tute.
-¿Cuáles?
-Es interesante el tema. También fue una decisión deliberada. Estoy muy bien en Sudamericana y siempre hice lo que tenía que hacer. Evidentemente las dos partes estamos contentas. Pero este libro y su estrategia de publicación surgió charlando con mi pareja. Tomando vino, cruzando ideas. Disfrutando, sin apuros. Entonces era algo muy personal por un lado, el placer de organizarlo todo con ella y la aventura de probar algo nuevo. Nos cerró todo y hasta en lo económico nos resultó mucho más provechoso. No nos podemos quejar.