La ciencia nacional sigue siendo vanguardia, a pesar del ajuste y el desmantelamiento del Gobierno. Un equipo de científicas de la UBA y CONICET desarrolló un film biodegradable hecho a base de almidón de mandioca y yerba mate, el cual podría utilizarse para envasar alimentos tal como sucede comúnmente con los films de polietileno. Luego de una larga investigación llevada a cabo en el Laboratorio de Polímeros y Materiales Compuestos (LP&MC) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, las especialistas consiguieron un material que demostró tener la misma resistencia que el plástico convencional, pero con la enorme ventaja de degradarse en tan solo cinco semanas.
Mientras el gobierno de Javier Milei persiste en su política de desfinanciación y desguace de las universidades públicas y las instituciones científicas nacionales, Lucía Famá, investigadora del CONICET y profesora del Departamento de Física de la ya mencionada facultad se encargó de divulgar el gran hallazgo, del cual la comunidad científica ya había tenido noticia principalmente por la publicación del trabajo preliminar en la revista International Journal of Biological Macromolecules.
En pos de probar con distintas sustancias naturales para lograr un material que pudiera reemplazar al plástico, las científicas encontraron que el almidón de mandioca aportaba flexibilidad. Luego, siguieron investigando otras variantes que resultaran especialmente propicias para conservar la calidad de los alimentos. Así, agregaron antioxidantes como el té negro, la albahaca y la yerba mate, observando que, incluso, éstos son capaces de filtrar la radación solar, lo cual optimiza aún más las prestaciones del film biodegradable.
El plástico y la emergencia medioambiental
Desde principios del siglo XX el plástico es parte de la vida cotidiana. Envases de alimentos, botellas, bolsas, dispositivos electrónicos o textiles son solo algunos de los miles de productos fabricados con este material, lo que explica, en gran parte, el enorme desafío que implica reemplazarlo.
La versatilidad de los plásticos para cumplir infinidad de funciones hace que, al menos por ahora, sea difícil que podamos dejar de utilizarlos. De hecho, se proyecta que su producción mundial crecerá más del 30% para 2050.
“En el año se producen 400 millones de toneladas de plástico”, explica en una reciente publicación de la UBA Julieta Pajoni, becaria del Doctorado de Física y parte del equipo que dirige Famá. “Sólo el 10% se recicla y el resto tarda décadas en degradarse o nunca lo hace”, agrega.
Para tener una idea de la importancia de este desarrollo argentino y sustentable, la científica recalca que “un film convencional tarda entre 100 y 500 años” en desaparecer.

Con una fabricación relativamente sencilla, con varios puntos en común con el sistema utilizado para elaborar plástico común, este film biodegradable tiene, además, un punto extra, y es que su comercialización beneficiaría a los productores de mandioca. En ese sentido, señalan las especialistas, se trata de un desarrollo nacional con valor agregado.
Bicapa
Tal como relata un artículo publicado en NEXCiencia, el sitio de divulgación científica de la Facultad de Exactas y Naturales, las investigadoras fueron por dos caminos. Por un lado, apuntaron a mejorar la resistencia mecánica y la susceptibilidad al agua del film añadiéndole al almidón de mandioca alguna sustancia. Probaron con el agregado de nanopartículas de distintos metales: “Utilizamos concentraciones menores al 5%, que son las permitidas para los envases de alimentos, y comprobamos que las nanopartículas de plata al 1% mejoran significativamente la resistencia mecánica y la susceptibilidad al agua. Además, vimos que las nanopartículas le agregaron al film actividad antimicrobiana”, señaló Famá.
Por otro lado, fabricaron un film de almidón de mandioca con extracto de albahaca deshidratado, que aumenta la capacidad antioxidante del film y también mejora sus propiedades mecánicas.
Pero el paso clave fue la decisión de unir ambos films –el que tenía las nanopartículas de plata y el que tenía extracto de albahaca– para conformar un “film bicapa”. Así lo relató: “Decidimos ver si la unión de esas dos películas provocaba una sinergia. Como cada capa está hecha en base al mismo almidón, se unen perfectamente y no pueden despegarse. El producto final es un film bicapa con buena resistencia mecánica y buena resistencia al agua”.
La investigadora explica que la capa que está en contacto con el alimento es la que tiene el extracto de albahaca “para generarle un efecto antioxidante al alimento cuando empieza a oxidarse por efecto del almacenamiento”. La que está en contacto con el aire protege al alimento de posibles acciones de bacterias provenientes del aire exterior. Además, el film bicapa tendría la capacidad de proteger al alimento de la degradación solar y del fotoenvejecimiento.
Llevar el invento de la UBA a las masas
El próximo desafío es, entonces, llevar el invento fuera del laboratorio. El objetivo del equipo es adaptar el proceso para que pueda incorporarse a la industria del envasado sin necesidad de modificar la maquinaria existente, reemplazando únicamente las materias primas.
Si ese paso se concreta, los films biodegradables podrían convertirse en una alternativa viable para reducir el uso de plásticos sintéticos en una de sus aplicaciones más extendidas: la conservación y el envasado de alimentos.