El fin de semana sin partidos como respuesta de la dirigencia de la AFA ante lo que considera una persecución judicial y política del gobierno a través de ARCA pasó a formar parte de la lista de suspensiones temporarias de nuestros campeonatos de fútbol. Jugadores -en 1931, 1948, 1971, 1975 y 1988- y árbitros -1992- ejercieron su derecho a huelga. El Poder Judicial -Víctor Perrotta, 1998- detuvo el torneo en medio de una ola de violencia en las tribunas. La irrupción de la televisión codificada -1991- también postergó el inicio del campeonato. Un conflicto entre los clubes y la TV había sido el último -doble- caso, en 2016 y 2017, desde ya sin contar causas externas como el coronavirus, en 2020. Lo que hasta ahora nunca hubo fueron huelgas de hinchas, aunque esa posibilidad se planteó en 1946 ante el aumento en el precio de las entradas.
Situaciones difíciles de comparar como la actual invitan a leer el libro Los muchachos futbolistas, de Ariel Borenstein (Aguilar, 2023), que repasa la lucha sindical de los jugadores en los años ’40. La más larga de ellas, de 1948 a 1949, fue la que permitió que el flamante gremio de los deportistas, Futbolistas Argentinos Agremiados -fundado en 1944-, recibiera la personería jurídica.
En medio del conflicto, en octubre de 1948, los futbolistas iniciaron un minuto de reclamo al comienzo de los partidos, quedándose detenidos sin tocar la pelota. Fue entonces que los dirigentes anunciaron que no se jugaría la fecha siguiente, un lock out patronal que ya habían implementado a mediados de ese año -y que es el único caso más o menos similar al actual, aunque no en una disputa contra el gobierno sino contra los jugadores-.

Los futbolistas no se quedaron atrás y entraron en una huelga durante varios meses hasta que la AFA aceptó sus reclamos laborales a inicios de 1949, como la obtención de sus propios pases -los clubes podían renovar sus contratos de manera automática durante cinco años-. En las cinco fechas que quedaban de 1948 jugaron juveniles: Racing, que iba primero, fue pasado por Independiente, que salió campeón.
Pero Borenstein, en el contexto de aquel fútbol que había sido profesionalizado en 1931 aunque los futbolistas seguían sin cobrar de acuerdo a lo que eran -ya verdaderos ídolos y artistas populares-, agrega un dato desconocido: en 1946, cuando los jugadores comenzaban a presionar a los clubes por sus derechos, “los dirigentes se pusieron nerviosos. La salida de aumentar el precio de las entradas para compensar las reivindicaciones que arrancaban los futbolistas tampoco les era sencilla. En 1946 se llegó a hablar de una huelga de espectadores cuando llevaron a 2 pesos la popular y a 3 la entrada oficial, lo que derivó en las quejas de los hinchas y el periodismo. El fútbol, como deporte popular, no concebía el destrato al público”.
Los hinchas quieren un paro
Recortes periodísticos de la época sustentan esa posible huelga de espectadores que señala Borenstein. La revista El Gráfico, por ejemplo, le dedicó varios artículos. Ocurrió en marzo de 1946, todavía algunas semanas antes del inicio del torneo, proyectado para fines de abril. En una editorial titulada “El fútbol es del pueblo”, el semanario denunció el avance sobre los espectadores: “Se ha consumado el hecho. En sesión secreta (de la AFA) se decidió aumentar el precio de las entradas. En la temporada anterior no fue posible el aumento. Una intensa campaña periodística lo evitó. Los elevados precios de las transferencias y los mayores sueldos ha sido determinante para el nuevo precio que gravitará seriamente en las finanzas de los más humildes aficionados. No lo desconocemos pero pudo haberse hecho más equitativo. No creemos en el error de suponer que el humilde habrá de alejarse del fútbol. Ha de seguir porque es su pasión, pero uno o dos pesos más por partido incidirá en su economía. Es doloroso que los dirigentes olviden a quienes están en el derecho de defender”.

En otro de los artículos, titulado “¿Huelga de espectadores en el fútbol?”, El Gráfico siguió: “La resistencia popular al aumento de las entradas parece tomar un incremento insospechado en los últimos días. Se habla de una huelga de espectadores que, de contar con la solidaridad necesaria, produciría perturbaciones gravísimas en la economía de los clubes como para obligarlos a una apresurada atrás». El texto incluía declaraciones de hinchas:
«—Ahora un partido me costará cinco pesos —narra un empleado de comercio, quien sumaba a los tres pesos de la entrada los reservados a los traslados y algún gasto extra. En sueldos que oscilan en 250 pesos mensuales, imaginemos lo que significa destinar 20 o 25 pesos al fútbol. Equivale un 10%, un descalabro económico.
—Iré al fútbol cuando mi equipo sea local, el domingo que sea visitante lo escucharé por radio o marcharé al cine con la patrona. Con tres pesos podemos ir al cine los dos —también escuchamos.
—Aumentan las entradas, ¿y qué nos dan en compensación? —expresó otro—. Ir a hacer colas en las boleterías a los empujones, estar hacinados en los tablones, tener que esquivar los que orinan desde lo alto. A mí me gusta el fútbol, pero así no lo puedo pagar».
En ese contexto, el 17 de marzo, Boca y Racing se enfrentaron en Ferro por las semifinales del Campeonato de la República. La crónica de El Gráfico habla de un rechazo de los espectadores. «El público dijo no. La razón fue el alza en los precios decretada por los dirigentes de la AFA. Durante el desarrollo del match y a la salida se escucharon estribillos -la mayoría irreproducibles- cantados por espectadores pobremente vestidos, a quienes el entusiasmo por el fútbol los había llevado a realizar un sacrificio. Pero más, muchísmos más, fueron los que optaron por no ir, unos imposiblitados de hacerlo y otros por protesta. Igual no dejamos de suponer que cuando Boca y Racing se enfrenten por el campeonato, concurrirá una cantidad muy superior porque la pasión puede más que los inconvenientes o razonamientos».

En efecto, en 1946, pese al aumento en las entradas, el público se multiplicaría en los estadios. San Lorenzo sería campeón seguido por Boca y River en medio de récords de recaudaciones y venta de entradas -incluso miles de espectadores se quedarían fuera de los estadios, como en el regreso del Charro José Manuel Moreno a River-. No deja de ser curioso: el hincha es lo único insustituible en el fútbol -lo dijo Marcelo Bielsa- pero el que nunca para.