Un scratch do ouro de la literatura del Brasil

Por: Nicolás G. Recoaro

Breve aproximación a la exquisita antología Cuentos brasileños. Selección de narrativa verdeamarela que incluye a Lispector, Machado de Assis, Abreu y Fonseca. Para leer hasta que liberen a Lula.

Samba, playas calientes, fútbol vistoso, carnaval desaforado, exuberancia y colorido vegetal, sobredosis de hormigón y cachaza para aliviar la saudade. Esos, y muchos tópicos más, son los retazos que construyen la postal estereotipada del vecino Brasil. La exquisita antología Cuentos brasileños, editada por el sello Factotum Ediciones, puede ayudar a que el atento lector argentino salte ese cerco imaginario. Cruzar las fronteras porosas y sumergirse en las historias de desamor, los relatos de oportunidades y fracasos, las leyendas urbanas y las derivas rurales que atraviesan los nueve cuentos del volumen. Literatura creada en las antípodas de la postal for export.  

Podemos pensar que, como toda antología, Cuentos brasileños es, además de un puñado de cuentos, un mapa. Y tratándose del vasto terreno de las letras brasileñas, los mapas y las brújulas nunca están de más. El recorrido que propone la obra, a cargo de Mercedes Calero, tiene paradas en relatos de autores clásicos y modernos de la literatura vecina.

Si bien una antología es en sí una selección, un recorte que pretende dar cuenta de lo mejor o lo más representativo de una o varias líneas literarias, cada compilación tiene a su vez sus puntos más altos, sus cumbres. Cuentos como “Una noche de almirante”, del clásico de clásicos carioca Joaquim Machado de Assis; “Restos del carnaval”, de Clarice Lispector; y “Más allá del punto”, de Ciao Fernando Abreu, pueden leerse como culminaciones posibles de tres estéticas. El primero como una historia de desamor sin final trágico, con dosis parejas de pena diáfana, estoica resignación y delicado retrato humano. El segundo sería un puente que “trabaja sobre el lenguaje desmigajándolo”, apunta Hugo Salas en el prólogo del volumen. Una melancólica aproximación de Lispector al carnaval nordestino. El tercero es un trabajo breve, depurado y sobre todo potente, que da espacio a un monumental aliento lírico, y lleva al límite la exploración de la sonoridad de la lengua portuguesa.

Párrafo aparte merece Rubem Fonseca y su cuento “Abril, en Río, en 1970”. El monólogo interior de un pibe que sueña con tener su oportunidad en las inferiores de un equipo carioca. Una joya del autor de Feliz año nuevo y El collar del perro.

Completan la antología los cuentos de Dalton Trevisan, Raduan Nassar, Joao Guimaraes Rosa, Carlos Drummond de Andrade y Autran Dourado. Sin dudas, Cuentos brasileños es un auténtico scratch du ouro de la literatura verdeamarela. 

Para leer hasta que liberen a Lula.

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