A veces la risa es una opción de resistencia ante un país que avanza hacia el abismo. En Vaca Muerta, la nueva obra dirigida por Marcelo Katz, que estrena este 20 de junio, la sátira comienza allí donde la realidad parece haber perdido el sentido.

La obra imagina una comisión creada para administrar el gigantesco yacimiento de Vaca Muerta. Integrada por representantes de las provincias involucradas y un delegado nacional, la misión parece sencilla: conducir el recurso que promete devolverle a la Argentina su lugar de potencia. Sin embargo, la maquinaria del poder pronto se hunde en negocios turbios, disputas territoriales, corrupción y delirios de grandeza. Lo que empieza como una gestión administrativa termina convertido en una guerra absurda donde los funcionarios crean su propio ejército de mercenarios y fundan un país independiente financiado por la renta petrolera.

En la Casa Rosada desfilan funcionarios deformes, monstruosos, grotescos. Trajes impecables, gestos ampulosos, promesas de grandeza. Detrás de la solemnidad del poder asoma algo más inquietante: una humanidad desfigurada por la ambición. La policía custodia el acto, los discursos celebran el progreso y el futuro energético del país.

"Vaca Muerta": una sátira política donde el desastre se celebra como una fiesta

La sátira es feroz, pero nunca abandona el humor. Katz eligió deliberadamente ese camino para hablar del presente. “Veo que está tan jodido lo que va pasando en el mundo y lo que va pasando en el país que decidí meterme con un espectáculo de humor, porque el humor es más incisivo sobre la realidad”, explica el director.

Durante dos años de trabajo y un año de ensayos, el equipo construyó una obra que utiliza la tradición del bufón para examinar las contradicciones de la política, el extractivismo y el deterioro social. Lejos de cualquier identificación partidaria, la crítica apunta a una lógica de poder que atraviesa gobiernos y épocas. “No es un espectáculo partidario. Es un espectáculo que se asombra de cómo todo se va destruyendo y, sin embargo, empezamos a actuar como si estuviéramos de fiesta, como si cada vez estuviéramos mejor”, sostiene Katz.

La elección del bufón no es casual. En la tradición medieval, era el único personaje autorizado a decirle la verdad al rey. Desde esa herencia, la obra despliega cuerpos deformados, exagerados y salvajes que revelan aquello que la vida cotidiana suele esconder. “El bufón viene a delatar, viene a decir la verdad. No tiene ningún filtro y dice lo que le pasa”, señala el director.

"Vaca Muerta": una sátira política donde el desastre se celebra como una fiesta

Esa ausencia de filtros se traduce en una puesta física extrema. El insulto, la sexualidad exacerbada, la violencia y la comicidad se mezclan en una estética donde lo monstruoso convive con lo reconocible. Cinco mujeres interpretan a los funcionarios masculinos que integran la comisión, mientras un único actor encarna a los personajes institucionales que orbitan alrededor de ellos: presidente, gobernador, chofer y director ejecutivo del yacimiento.

La inversión de géneros funciona como una capa adicional de lectura. Según Katz, la decisión busca poner en evidencia una larga historia de poder masculino. “Queríamos tener cinco mujeres haciendo esos personajes porque también era una manera de reírnos y decir algo sobre la bestialidad con la que los hombres hemos llevado adelante muchas veces la conducción del poder.”

Bajo la superficie del disparate, el tema central permanece intacto: la explotación de recursos naturales como símbolo de una sociedad capaz de sacrificar cualquier horizonte colectivo en nombre de beneficios inmediatos. La obra habla del extractivismo, del deterioro ambiental y de la lógica de la rapiña, donde el objetivo ya no es construir un proyecto común sino acumular poder. “Más que proyectos a largo plazo para tener un país más lógico y empático, vemos proyectos donde el que más se lleva es el vivo del asunto. El proyecto termina siendo más poder para sostener el poder”, reflexiona Katz.

"Vaca Muerta": una sátira política donde el desastre se celebra como una fiesta

La puesta combina actuación física, animaciones, escenografía y una construcción visual ambiciosa. El viaje de la comisión desde la Casa Rosada hasta el corazón de Vaca Muerta se transforma en una parábola contemporánea sobre la devastación ecológica y la naturalización del desastre. Mientras el mundo parece tambalearse, los personajes celebran. Mientras todo se derrumba, brindan. Y en esa contradicción aparece el núcleo de la obra.

Se puede ver en el Teatro del Pueblo, emblema histórico del teatro independiente latinoamericano. Vaca Muerta también es una reivindicación de esa tradición artística que sigue encontrando formas de intervenir en la realidad. Detrás de ese relato disparatado se esconde una mirada crítica sobre el presente. Para Katz, el humor fue la herramienta elegida para abordar una realidad que parece cada vez más difícil de comprender. “Hay pocos lugares en el mundo donde exista tanta gente apasionada haciendo teatro independiente, gane dinero o no, reuniéndose igual para ensayar y poner algo en escena”, afirma. “Está bueno que sostengamos el teatro independiente. Por suerte nuestra compañía resistió muchas épocas, buenas y malas, por la pasión del teatro. Hoy podemos, por el recorrido que tenemos, hacer este espectáculo con una muy buena producción en una época muy compleja. Pero bueno, se puede lograr. Quizás tarda cuarenta años, pero lo lográs”, bromea.

Al final, la risa deja de ser una simple reacción para convertirse en una pregunta incómoda. ¿Qué ocurre cuando una sociedad se acostumbra a convivir con la destrucción? ¿Qué pasa cuando el progreso se convierte en excusa para arrasar territorios, comunidades y futuros posibles? Vaca Muerta no ofrece respuestas. Tampoco pretende hacerlo. Como los antiguos bufones, se limita a señalar aquello que muchos prefieren no ver. Y quizás ahí radique su potencia: en la capacidad de hacer reír mientras expone una verdad inquietante. Que el desastre ya no llega desde afuera. Que forma parte del paisaje. Y que, a veces, avanzamos hacia él con absoluta naturalidad, celebrando en medio del derrumbe. Porque, en tiempos donde la realidad parece empeñada en superar a la ficción, quizás la mejor forma de decir la verdad siga siendo una carcajada.

"Vaca Muerta": una sátira política donde el desastre se celebra como una fiesta

Vaca Muerta

De Checho Castrillón y Marcelo Katz. Con Charly Arzulian, Florencia Boasso, Carolina Hardoy, Luciana Márquez, Micaela Pane y Sandra Rojas. A las 19 en el Teatro del Pueblo, Lavalle 3636.