Debutó en cine a los 20 años protagonizando El caso María Soledad, fue pionera en el nacimiento de TeatroxlaIdentidad y participó en ficciones televisivas de gran alcance como Verdad consecuencia y Soy gitano, además de películas como Al desierto y Presente continuo.
Siempre apasionada y comprometida en cada proyecto, a lo largo de su trayectoria mantuvo un perfil bajo, alternando entre la televisión, la pantalla grande y el teatro. En 2025 se convirtió en la cara más visible de la lucha por los derechos de su hijo —quien está dentro del espectro autista— y en defensa de la Ley de Emergencia en Discapacidad.
Actualmente Valentina Bassi protagoniza Salvajada, la adaptación teatral que Mauricio Kartun escribió a partir del cuento «Juan Darién», de Horacio Quiroga. Con dirección de Luis Rivera López, la obra tiene por delante sus últimas tres funciones, los martes 28 de julio, 4 de agosto y 18 de agosto, en el Teatro Astros.
—¿A qué edad descubriste tu vocación?
—A los 11 años me dio por ser astrónoma. Pero cuando vi que era todo matemática, me fui. A los 17 empecé en el taller municipal de Trelew: me empujó una amiga y desde ahí no paré.
—¿Tuviste alguna referente?
—Mi referente era mi profesor, Luis Molina; era muy bueno. Después, cuando vine a Buenos Aires, empecé a conocer gente, pero la mayoría de las veces mis referentes son los maestros que voy teniendo.
—¿Tenés algún referente actualmente?
—Muchos. Guillermo Bartís me gusta mucho. Raúl Serrano, que fue mi primer maestro acá. Trabajar con Norma Aleandro cuando tenía 27 años en Tiempo final: salían todas las escenas muy rápido, fáciles… Me tiró un par de tips que me sirvieron para toda la vida y durante muchos años fue mi referente.

—¿Actuar en teatro o para la pantalla?
—Me gusta actuar. Es cierto que en el teatro ocurre algo que no pasa en ningún otro lenguaje, que es el contacto con la gente. Se sigue conservando el ritual de “voy al teatro, espero, se apagan las luces, empieza una función”, te cuentan una historia con el tiempo que se necesita y todos apagamos los celulares. Pero me gusta hacer personajes: si me dan uno donde pueda imaginar, yo ya estoy contenta.
—¿Preferís el drama o la comedia?
—Me siento con más herramientas en el drama que en la comedia. Es un género complicado. De hecho, en Salvajada, que no es comedia, hay situaciones que hacen reír. Cuando entrás por el humor es hermoso, porque al espectador le bajan las defensas y la emoción entra más fácil. Que salga un espectador conmovido es lo más lindo que te puede pasar. Yo creo que una persona conmovida reflexiona más fácil, mejor y quizás hasta puede ser más empática.

—¿Qué historia te gustaría contar?
—Las historias que tenía ganas de contar se fueron haciendo realidad. Presente continuo, la película que hice con mi hijo, era una historia que quería contar y no tenía idea cómo. Salvajada tiene mucho que ver con lo que siento. Encontrar la metáfora y desde el juego contar lo que a mí me está pasando me parece una maravilla. Los gestos bárbaros, el proyecto independiente que hicimos con Laura Novoa y Cristian Drut, aborda la maternidad pero de una forma descarnada. Así que estoy muy contenta con estos últimos tres proyectos.
—¿Un papel de alguna película que te habría encantado interpretar?
—Me gustan todas las películas de Pedro Almodóvar y Woody Allen; me hubiese encantado trabajar con ellos. Y David Lynch, con ese miedo profundo que va al inconsciente, de no entender nada de lo que estás viendo, pero sentir terror. Blue Velvet y Carretera perdida me volvieron loca.

—Si pudieses olvidar un libro para volver a sentir esa sensación de “primera vez”, ¿cuál sería?
—Los galgos, los galgos, de Sara Gallardo. Es una novela que releí ahora y que me conmueve profundamente. Distancia de rescate, de Samanta Schweblin. Me pasó de recomendarle El Eternauta a un amigo y decir: “¡Qué suerte que no lo leíste!”.
—¿Cómo se llevan la Valentina introvertida y la Valentina actriz?
—Es una negociación permanente: a veces gana una, a veces la otra. Sé que mi trabajo es exponerse y que no solo es actuar. Es también hacer notas, mostrarse, maquillarse… todo eso que no me gusta. Al principio prefería estar lo más oculta posible. Ahora estoy re curtida.
—¿Sos fanática de algo?
—Creo que no. Sin embargo, me tomo las cosas con mucho fanatismo, bastante neurótico, ¿no? (risas). Doy clases de teatro y me tomo las cosas con demasiada seriedad. Cada cosa que arranco voy hasta el fondo; me sale ser así.
—¿Cuál es tu trinchera?
—Mi casa.
—¿Tu aprendizaje más valioso?
—Sin duda, compartir mi vida con Lisandro, mi hijo. No tengo dudas de que ese es el aprendizaje más valioso, hermoso, misterioso y difícil que me está tocando vivir. Todo eso, todo mezclado, todo junto. «
