El lunes 27 de febrero de 2006, LV12, una de las radios AM más escuchadas en ese entonces en Tucumán, difundía la noticia de la desaparición de una chica de 23 años. Se trataba de  Paulina Lebbos, estudiante de periodismo y mamá de una nena de 5 años. En la madrugada del domingo 26, Paulina había salido de uno de los boliches de la zona de El Abasto, en San Miguel de Tucumán junto a su amiga y compañera de estudios, Virginia Mercado. Según Mercado, subieron a un remis, un Fiat Duna bordó. Mercado se bajó primero y Paulina siguió viaje hasta el departamento de César Soto, papá de su hija, donde, según Soto, nunca llegó. Fue la última vez que la vieron con vida. Doce días después, el 11 de marzo, apareció muerta a la vera de la ruta 341, en la localidad de Tapia, Tucumán. Su nombre, a 20 años del crimen, es un emblema de lucha pero también un ejemplo de impunidad. 

El hecho marcó a la provincia de Tucumán gobernada en aquel tiempo por José Jorge Alperovich, hoy con prisión domiciliaria por haber abusado sexualmente de su asesora y sobrina. En estas dos décadas, se crearon normativas y disposiciones controversiales (algunas ya no existen), se realizaron 1.500 marchas, hubo tres juicios por encubrimiento y un juicio abreviado por falso testimonio de Virgina Mercado. Pero hasta la fecha no se encontró al femicida de Paulina. Recién este año, el 2 de marzo, comenzará un nuevo juicio que pondrá en el estrado a César Soto, señalado desde un primer momento por el papá de Paulina como responsable del crimen. 

“Este caso empezó como suelen empezar todos los casos de personas desaparecidas: uno está atento a lo que a lo que puede ocurrir, aunque en un primer momento no se le da mucha importancia”, recuerda Gustavo Rodríguez, periodista de policiales de La Gaceta, uno de los trabajadores de prensa que cubrió las noticias del crimen. “Tuvo una atención particular porque era hija de Alberto Lebbos, en ese entonces subsecretario de Juventud en el gobierno de Alperovich. Además, su desaparición fue en un boliche de la zona del Abasto, que en esa época era el centro de la movida nocturna tucumana”, agrega Rodríguez. Había algunas aristas especiales, destaca, además de ser la hija de un funcionario, era una estudiante universitaria y madre de una pequeña niña.  

Veinte años de impunidad: el femicidio de Paulina Lebbos en Tucumán
Alberto Lebbos durante una marcha en pedido de justicia.

Dos décadas y pocas respuestas

El femicidio de Paulina (6 años antes de que se incorporara la figura de femicidio en el Código Penal) dejó al descubierto una red de impunidad en Tucumán que tenía su epicentro en el poder político. Cuando se halló el cuerpo de Paulina, los policías se atribuyeron el hallazgo. Ese mismo día, su papá, supo que en realidad la habían encontrado dos trabajadores de la zona. Siete años después, se juzgó a los tres policías que obstaculizaron la búsqueda y fueron acusados de plantar pruebas. Hoy están libres. 

En 2018 (12 años después del crimen) durante un nuevo juicio, fueron condenados el  exsecretario de seguridad, Eduardo Di Lella, al exjefe de la Policía, Hugo Sánchez y cuatro oficiales de alto rango. En 2021, fue condenado por incumplimiento de deberes de funcionario público y encubrimiento agravado el exfiscal de la causa, Carlos Albaca quien estuvo a cargo de la investigación los primeros años. 

“En los juicios y en algunos informes nos dimos cuenta del nivel de encubrimiento que había. Porque no se tenía acceso al expediente. El exfiscal Carlos Albaca, que después fue condenado, no permitía tener acceso a los expedientes”, cuenta Rodríguez. “En el tiempo de Alperovich era prácticamente imposible avanzar en algunas cosas. En 2006 no teníamos las pruebas, pero nos dábamos cuenta de que en Tucumán había cosas importantes que estaban sucediendo y que estaban muy bien tapadas”

En febrero de este año, Virginia Mercado, en juicio abreviado, reconoció haber dado falso testimonio en el juicio de 2018. Fue condenada a tres años en libertad condicional pero no dio, ni la justicia pidió, ningún indicio de qué fue lo que encubrió. 

El rumor de la participación de los “hijos del poder” siempre rondó el caso. En algún momento, se apuntó a un hijo de Alperovich aunque nunca se probó nada. Caso diferente fue el de Sergio Kaleñuk, hijo de Alberto Kaleñuk, ex secretario privado de Alperovich quien en marzo, irá a juicio junto a César Soto. 

“Se descartó una línea que ahora empieza a cobrar fuerza, a 20 años, no se investigó la línea narco y las relaciones de Soto con la barra de uno de los clubes más importantes de Tucumán. Son varias las cosas que dan a entender que una línea narco pudo existir en esta causa y que puede haber sido la razón para que se montara tamaña red de encubrimiento. Es muy poco probable que un fiscal, jefe y subjefe de policía, un funcionario, un secretario de seguridad y otros jerarcas policiales hayan decidido encubrir a Soto”, explica Rodríguez y agrega que siempre hubo un secretismo muy llamativo en la justicia tucumana para no informar sobre el expediente. 

Normativas que no

El impacto social del crimen de Paulina se reflejó en algunas normativas dictadas desde el Poder Ejecutivo de la provincia. “La reacción del gobierno de entonces fue crear el Sistema Único de Transporte Público de Pasajeros en Automóvil (Sutrappa) un ente que reguló el transporte de pasajeros en la provincia dado que en esos momentos convivían taxis con remises ilegales. Cualquier persona utilizaba su auto para transportar personas y cobrarles, eso se eliminó” detalla Gustavo Rodríguez. También el Instituto Provincial de la Lucha contra el Alcoholismo, creado en 1994 cobró un especial protagonismo con nuevas disposiciones y regulaciones que, afirma el periodista, “nunca fueron efectivas y hasta hoy se incumplen”. 

La medida que más despertó polémicas fue la Ley 4A.M que ordenaba el cierre de los locales nocturnos a esa hora. “Obviamente que esa medida fue absurda porque lo único que hizo fue alimentar las fiestas clandestinas en esos momentos, conocida como after”.

En 2006 Paula Sosa integraba la banda Empleada del Mes. Era adolescente cuando sucedió el crimen de Paulina y recuerda que tras la Ley 4A.M se sentía mucho más en peligro. “Te echaban del boliche en plena madrugada cuando no había colectivos, era difícil conseguir taxi. Éramos adolescentes dando vueltas en la calle. Y nacen los afters que eran súper clandestinos al principio, en lugares alejados, en barrios, a los que ibas y no sabías si te iban a dejar entrar. Fue una muy mala decisión esa ley. Y marcó a toda una generación, en la forma de salir y de movernos en Tucumán”. También recuerda como música que en esa época se recortaron mucho más las posibilidades de tocar con la banda, que ya estaban acotadas luego de los controles posteriores a la tragedia de Cromañón.  

“El entonces gobernador Alperovich, funcionarios y legisladores convirtieron la fiesta y la noche tucumana en ilegal” recuerda la editora de La Nota, Milagros Mariona. “La ley de las 4am marcó generaciones que crecimos entre la ilegalidad de los after, la persecución y la corrupción del IPLA y sus coimas, la falta de transporte público a la salida del boliche en medio de la noche, y la violencia de los allanamientos en las fiestas de cada fin de semana. 

Mientras esto sucedía, los mismos que nos mandaban a la ilegalidad, encubrian con maniobras cruentas el crimen de Paulina. Solo algunos de ellos están presos por eso, muchos otros siguen impunes. Pero la complicidad y el silencio siguen siendo la trama principal de este femicidio que nos transformó como provincia”, dice. “El Abasto, aquel lugar que albergaba noches de fiesta con amigas se tornaba en sinónimo de peligro sobre todo si éramos mujeres. Ya con Marita se había instalado el miedo a los remises y las primeras hipótesis del femicidio de Paulina, que apuntaban al taxista, reforzaron ese terror y el hábito de viajar con la ventanilla baja y la manija de la puerta en la mano” 

Veinte años de impunidad: el femicidio de Paulina Lebbos en Tucumán

El cuerpo de la mujer en el foco de la impunidad

“Se entremezclan los recuerdos personales con los laborales”, dice la periodista Silvina Cena, quien ese verano había comenzado a trabajar en la redacción de La Gaceta. Recuerda que era usual difundir información de chicas desaparecidas, pero que este caso fue mostrando una red compleja. “Cuando apareció el cuerpo y se confirmó que era Paulina, estaba en la redacción y todo se enmudeció. Tengo muy aparejados los días siguientes con discusiones que elaboraban teorías de lo que podía haber pasado, con el foco puesto en la víctima: qué habría hecho, con quién se habría ido, tomaría alcohol o no, participaba de fiestas o no. Paralelamente también me acuerdo de empezar a trabajar en notas más “sociales” derivadas del caso: cómo nos trataban a las mujeres en los boliches, el famoso límite del horario, qué se hacía después de bailar, en qué tipo de transporte confiábamos. En retrospectiva creo que abordarlo desde coberturas incluso indirectas me hizo atravesarlo sin paralizarme o tener miedo por mi misma”

Hoy, afirma Silvina, además del interés periodístico, la causa la conmueve y convoca cuando ve la actitud de Alberto Lebbos, el papá de Paulina. “Tengo muy presentes las marchas de los martes, cuando dejaron de ser masivas y a veces él era el único que sostenía la bandera -con lluvia, con muchísimo frío, sin difusión-, pero nunca faltó. La claridad con la que expone, la fuerza con la que se sobrepone a injusticias groseras, y una respuesta que me dio hace poco, cuando le transmití esta admiración: ‘no me queda otra’.

“Es increíble llegar a 20 años del crimen y que todos los responsables, muchos presos, no hayan quebrado el pacto de silencio y que nos sigamos preguntando ¿Quién mató a Paulina? La complicidad masculina es más fuerte”, agrega por su parte, Milagros Mariona. Durante, lo que llamamos en Tucumán, “la época de Paulina Lebbos”, ella estudiaba comunicación. Como Paulina. Dice que tiempo después entendió cómo ese crimen y la posterior impunidad “caló hondo” en su subjetividad. Y agrega, “creo que la justicia nos falló a todas las mujeres, principalmente a esa niña, que nunca tuvo respuestas. Y a toda la sociedad ¿por qué se movilizaron todos los recursos que se usaron para encubrir este crimen? ¿Quién mató a Paulina Lebbos?”

En 2024, luego de la condena a José Alperovich, en Tucumán volvieron los recuerdos de aquel fatídico 2006. Al crimen de Paulina en ese verano, se sumó el de la docente Beatriz Argañaraz, en julio. A la fecha, se condenó a dos monjas compañeras de trabajo, pero nunca se encontró el cuerpo de Beatriz ni las autoras del crimen lo confesaron. 

Además de editora de La Nota, Mariona es referente de Ni Una Menos. Acompañó a la mujer que denunció a Alperovich hasta la condena al exgobernador. Por aquello, recibió críticas y hasta ahora sigue siendo blanco de ataques. “Esa condena a Alperovich viene a reparar también algo de todas estás injusticias. Ver ahí sentado en el banquillo de los acusados, despojado de sus fueros, siendo juzgado, y teniendo que dar cuenta de los delitos que cometió repara algo de esa impunidad. Creo que no lo dimensionamos socialmente aún, pero es otra marca en nuestra conciencia colectiva como pueblo, como lo fue Marita Verón”. 

Cuenta que hace poco conoció a la hija de Paulina y es lo único que le da esperanza. “Se transformó en una joven llena de vida, que encontró en el feminismo y en las mujeres la fuerza para seguir luchando por Paulina y por todas” .

El jueves 26 de febrero habrá una radio abierta a las 17 horas y luego se realizará una marcha en la Plaza Independencia por los 20 años de la desaparición y crimen de Paulina.

Por primera vez se juzgará la autoría del femicidio

El 2 de marzo comenzará el juicio contra César Soto, expareja y padre de la hija de Paulina, quien será juzgado como autor de homicidio agravado por alevosía. El fiscal de Cámara Carlos Sale reunió la prueba suficiente para elevar la causa a juicio oral. “La prueba reunida permite afirmar, con el grado de certeza que exige esta etapa, que Soto es penalmente responsable de la muerte de Paulina Lebbos”.
La joven fue asesinada el mismo día aunque su cuerpo fue hallado muchos días después. El juicio incluye como delito el traslado del cuerpo y se atribuye la responsabilidad a Sergio Hernán Kaleñuk.
El tribunal está integrado por Fabián Fradejas, Luis Morales Lezica y Gustavo Romagnoli.