El secuestro de Nicolás Maduro, motorizado por la administración de Donald Trump, ha provocado una fractura inmediata en la escena pública argentina.



Por un lado, el Obelisco porteño se convirtió en el epicentro de la celebración para cientos de venezolanos radicados en el país. Entre banderas y cánticos, la comunidad residente en el país festejó el fin de un ciclo, viendo en la injerencia estadounidense el único camino posible para desarticular al gobierno de Caracas.



La otra cara de la moneda se vivió frente a la Embajada de Estados Unidos. Diversas organizaciones sociales y políticas se concentraron para repudiar un nuevo atropello al derecho internacional.
Bajo el lema «Fuera Yanquis de Venezuela y América Latina», los manifestantes denunciaron una operación de control geopolítico que vulnera la autodeterminación de los pueblos.
