A poco más de un mes del ataque militar de los Estados Unidos sobre Caracas y otras zonas del litoral central venezolano y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama y diputada Cilia Flores, la capital venezolana parece moverse dentro de una lógica conocida para quienes viven aquí, pero difícil de entender afuera: pasa de todo, pero no pasa nada.

Enero fue un mes abrumador. El ataque con misiles que aterrorizó a millones ya parece demasiado lejano, pero sus consecuencias todavía no se pueden dimensionar. Para empezar, más de un centenar de familias lloran a sus muertos, venezolanos y cubanos, casi todos caídos en un combate desigual y heroico: fusiles AK-47 y pistolas 9 milímetros contra helicópteros artillados y -todo indica- equipados con tecnología desconocida.

Las historias se van conociendo de a poco y se acumulan y solapan, desordenadas. Pero los testimonios apuntan en una dirección: las fuerzas militares de EE UU aseguraron el secuestro de la pareja presidencial con -en términos caribeños- una matazón. Y también con el ejercicio extendido del terror sobre la población civil vecina al conjunto residencial del presidente.

“Maduro era un vecino nuestro”, graficó un cantor popular habitante de la Ciudad Tiuna en uno de los muchos actos, tribunas abiertas y marchas que realizó el chavismo durante este mes de enero interminable. Hay que repetirlo: la pretendida “operación quirúrgica” de “extracción” del presidente, que muchos medios de comunicación acríticos y funcionales vendieron a sus audiencias, no fue tal.

Para empezar, los especialistas alertan que las consecuencias psicológicas serán perennes: niños que temen porque se hizo de noche, familias que se despiertan ante cualquier ruido. Y más. Millones de historias a procesar. Caracas ya no tendrá fuegos artificiales ocasionales. Ahora tendremos que descartar, primero, si no se trata de nuevos misilazos.

Venezuela, un mes después: el chavismo ejerce el gobierno en su hora más difícil

La paz

Aún en este panorama muy difícil, por lejos la coyuntura más compleja de varias que han enfrentado los bolivarianos en 27 años, es un dato de la realidad que el gobierno no perdió el control a lo interno. Caracas en estos primeros días de febrero parece empecinada en seguir con su rutina. Y lo hace en paz. Pasa de todo, pero no pasa nada.

En un mensaje por la televisión estatal en la noche del 3 de febrero, Delcy Rodríguez recordó que “el pueblo venezolano sufrió un ataque armado externo militar de una potencia nuclear”, y enseguida, aseguró que Venezuela “ha madurado” para transmutar en tranquilidad el impacto de la agresión militar. Llamó «hoy más que nunca a la paz”.

El día anterior, la presidenta encargada había recibido en el despacho uno del Palacio de Miraflores a la diplomática enviada por EE UU para avanzar en la reapertura de la embajada, Laura Dogu, ex embajadora en Honduras, donde tuvo sus choques con la presidenta Xiomara Castro, cuando cuestionó la reunión del ministro de Defensa hondureño con el general en Jefe venezolano Vladimir Padrino López.

Tras el encuentro, Dogu posteó en redes: “Hoy me reuní con Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez para reiterar las tres fases que el secretario Marco Rubio ha planteado sobre Venezuela: estabilización, recuperación económica y reconciliación, y transición”. No pasó desapercibido cómo evitó nombrar a la presidenta encargada y al presidente de la Asamblea Nacional por sus cargos. Además -claro- se ocupó en insistir con la “transición”.

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Economía más tranquila e iniciativa política

El tira y afloje se da mientras en lo económico parece que se cumplen los acuerdos iniciales con la administración Trump. El ingreso por ventas de petróleo venezolano colocado por Estados Unidos se usó -al menos en parte- para evitar la escasez de dólares y frenar el alza de precios de referencia en la moneda estadounidense. El precio de la carne, por caso, bajó más de un 40 % tras la intervención del Banco Central de Venezuela con fondos frescos en el mercado cambiario.

En paralelo, la presidenta encargada despliega un estrategia en varios frentes. Mientras recorre el país, se muestra con su hermano, Jorge Rodríguez, y el ministro de Interior Diosdado Cabello, ya envió a la Asamblea Nacional dos leyes claves: una, la reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos, aprobada por unanimidad y en tiempo récord.

La clave de la reforma es favorecer la participación privada. «Ya basta del título de tener las mayores reservas y que eso no se traduzca en desarrollo para Venezuela”, dijo rodeada de trabajadores de Petróleos de Venezuela. Un día después, la segunda ley:  amnistía general para los delitos políticos cometidos desde 1999 y anunció además el cierre de la cárcel en el Helicoide. La AN ya aprobó la amnistía en primera discusión, y se prepara a votarla artículo por artículo esta misma semana que comienza.

Jorge Rodríguez apareció el viernes de sorpresa en una vigilia que mantienen familiares de presos por violencia política frente a una cárcel en Caracas, y anunció que todos serían liberados. Así, convirtieron una bandera de la oposición en impulso propio. Una cintura política que se le reconoce al chavismo y especialmente a los hermanos Rodríguez.

En esa iniciativa y en la complicadísima y condicionada relación con EE UU está cifrado el futuro de la Revolución Bolivariana en su hora más difícil. «

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Mono con navaja

Xenófobo bestial e imposibilitado de pedir disculpas. Algunas de las características aborrecibles de Donald Trump, quien aseguró que no pedirá disculpas por la publicación de un vídeo en su cuenta oficial de Truth Social donde el expresidente Barack Obama y la exprimera dama Michelle fueron retratados como simios. «No, no cometí ningún error», dijo con total impunidad. Aseguró que alguien se lo pasó, que no lo vio completo y que él solo «se lo dio a la gente» para que lo publicaran. En el video suena la canción «The Lion Sleeps Tonight» y que versa sobre la supuesta intervención para manipular las máquinas de votación de Dominion Voting System en las elecciones presidenciales de 2020 en las que Joe Biden (2021-2025) se impuso a Trump.