Conocí a Sofía Gastellu en agosto de 2021. De forma virtual: le mandé un mensaje para saber más sobre su reclamo por los derechos de bebés con factores de riesgo ante la pandemia y sin edad aún para acceder a la vacuna contra Covid-19. El 24 de diciembre de ese año, poco antes de la Nochebuena, se publicó en este diario una nota con la historia de su hija, Libertad. La beba por entonces tenía un año y cinco meses. Había nacido con prematurez extrema y tenía un diagnóstico de displasia broncopulmonar. Sin vacuna disponible, su mamá y su papá reclamaban amparo legal para continuar con el trabajo de forma remota. El aislamiento era su única herramienta de protección posible.
Sofía rastreó y contactó a familias que atravesaban situaciones similares y fundó el Colectivo Niñez en Riesgo. Desde ese espacio siguió de cerca los avances en vacunación pediátrica anticovid en todo el mundo. En junio de 2022, luego de que en Estados Unidos se autorizara la inoculación en bebés desde los seis meses, presentó el reclamo ante las autoridades locales. En julio llegó la aprobación para la vacuna Moderna en bebés desde esa edad en Argentina. “Se trata de una gran noticia para muchísimas familias que la están esperando desde hace mucho tiempo”, dijo la entonces ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti.
Libertad recibió su primera vacuna y Sofía celebró. La militancia del Colectivo Niñez en Riesgo continuó para que se avanzara en el acceso a ese derecho, pese a la reticencia de algunas familias y pediatras. “Es un grave error. Los chicos transmiten y se pueden enfermar. Cuando me preguntan, les digo que cambien de pediatra. El médico que dice eso no entiende lo que está pasando”, decía en esa época a este diario el infectólogo Martín Hojman, del Hospital Rivadavia y la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).
Mis notas sobre este tema y todos los demás se interrumpieron en octubre de 2022. Mi hija Vera, de dos años en ese momento, fue diagnosticada con leucemia linfoblástica aguda. Acompañarla en el tratamiento, largo y durísimo, se convirtió en el centro del universo. (Y el colectivo Por Más Tiempo, que está cumpliendo diez años como cooperativa, eligió declinar mi propuesta de pedir licencia sin goce de sueldo y sostuvo mis ingresos durante casi un año sin trabajar. De nuevo: gracias por el aguante).
Gracias a la ciencia y a un equipo médico maravilloso el tratamiento dio buenos resultados. El alta definitiva todavía se espera con ansias, pero nos acercamos. En 2024 Vera pudo volver a clases. Porque las casualidades existen y a veces son increíbles, lo hizo en el mismo jardín público porteño que Libertad. Yo nunca había visto personalmente a Sofía, pero fue fácil reconocerla en la puerta el primer día: éramos las únicas duplas mamá-nenita con barbijos.
Hoy Vera y Libertad son amigas. Comparten plaza, juguetes, ropa, cumpleaños y hasta el pogo en un recital de los Rockan. También comparten una nota presentada ante el Ministerio de Salud por sus mamás, Sofía y yo, para reclamar por su derecho a la vacuna anticovid. Por sus antecedentes médicos y factores de riesgo, sus pediatras –de distintas instituciones- les indican a ambas que sigan recibiendo refuerzos. Pero no hay.
No hay en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, no hay en el Garrahan, no hay en Provincia de Buenos Aires ni en CABA. Por lo que sabemos, no quedan dosis en el país. El ministerio de Salud que conduce Mario Lugones sólo continuó la compra de Pfizer, permitida para infancias desde los 12 años. La vacuna Moderna no se compró en los últimos dos años, ni hubo respuesta sobre si volverá a adquirirse.
La nota fue presentada el 31 de marzo y remitida con carácter de urgente a la Dirección de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles. El expediente sigue su curso. No sabemos si habrá respuesta y mucho menos si habrá reposición de la vacuna Moderna en los centros de salud del país. Sí sabemos que los derechos de Vera y Libertad, y del resto de niñas y niños en edad y condiciones de recibir su dosis, están siendo vulnerados. Y no se puede esperar.