«Escucho como si todos hablaran en una lengua que no es la mía y como si el ruido fuera una cosa inmensa que absorbe todo aquello que tiene sentido. Escucho como si el verdadero sentido de la oscuridad  fuera la ausencia de sonido”. Este párrafo pertenece a El silencio de las cosas (Fondo de Cultura Económica) de Verónica Sukaczer con ilustraciones de Rocío Katz.

La autora es hipoacúsica y su libro gira en torno a esa condición que estructuró su vida. Pero El silencio de las cosas es más que una historia. En él el lenguaje no es un mero instrumento, una herramienta que se oculta en beneficio de la pura anécdota, sino que tiene un papel protagónico sin el cual El silencio de las cosas no sería el hermoso texto que es.

Verónica -no me sale nombrarla por su apellido- tiene una larga trayectoria en la literatura infantil y juvenil, rubro en que lleva publicados más de 20 libros.

La entrevista fue en su casa porque el ruido de fondo de un bar le complicaría la escucha. Es necesario hablarle de frente para que pueda ayudarse con la lectura de los labios. Fue así que nos sentamos una a cada lado de la mesa de su comedor a charlar sobre su libro que nadie debería dejar de leer.

«Escucho como si todos hablaran en una lengua que no es la mía y como si el ruido fuera una cosa inmensa que absorbe todo aquello que tiene sentido. Escucho como si el verdadero sentido de la oscuridad  fuera la ausencia de sonido”. Este párrafo pertenece a El silencio de las cosas (Fondo de Cultura Económica) de Verónica Sukaczer con ilustraciones de Rocío Katz.

La autora es hipoacúsica y su libro gira en torno a esa condición que estructuró su vida. Pero El silencio de las cosas es más que una historia. En él el lenguaje no es un mero instrumento, una herramienta que se oculta en beneficio de la pura anécdota, sino que tiene un papel protagónico sin el cual El silencio de las cosas no sería el hermoso texto que es.

Verónica -no me sale nombrarla por su apellido- tiene una larga trayectoria en la literatura infantil y juvenil, rubro en que lleva publicados más de 20 libros.

La entrevista fue en su casa porque el ruido de fondo de un bar le complicaría la escucha. Es necesario hablarle de frente para que pueda ayudarse con la lectura de los labios. Fue así que nos sentamos una a cada lado de la mesa de su comedor a charlar sobre su libro que nadie debería dejar de leer.

Verónica Sukaczer: “Detesto mucho las historias de superación”

Verónica Sukacser

El silencio de las cosas comienza diciendo «Esta no es una historia de superación. Ni yo soy un ejemplo de vida. Tampoco tengo capacidades diferentes ni necesidades especiales. Por supuesto luego todos dirán que es un historia de superación…”. ¿Por qué hacés esa advertencia?

-Porque detesto mucho las historias de superación. Creo que las construyen más quienes no tienen discapacidad. Yo no necesito superar nada, Vivo el día a día haciendo lo que puedo y no haciendo lo que no puedo. No siento que tenga que probarle nada a los demás. Me molesta mucho cuando dicen, «es un ejemplo.» ¿Un ejemplo de qué?

Si ves la discapacidad como una superación, no la ves como una normalidad y para mí es mi normalidad, no conozco otra cosa. Entonces, no quiero ir a venderle nada a nadie. Estoy muy acostumbra a que, cuando voy a las escuelas, los docentes me pregunten sobre valores, sobre enseñanzas en los libros que escribo, sobre consejos para los chicos y yo quiero separar lo que es literatura, el leer por placer, de esa idea pedagógica que se tiene, sobre todo de la literatura infantil y juvenil. Entonces me pareció importante decir al principio que si estás buscando una historia de superación, no la vas a encontrar en este libro. Seguramente, después van a decir que es una historia de superación, pero eso ya no es mi responsabilidad.

-Vos publicaste muchos libros de literatura infantil. ¿Cómo llegaste a ella?

-Yo no llegué a la literatura infantil con un ánimo de decir yo soy la adulta y les voy a contar cuentos. En realidad, empecé a escribir cuentos para chicos para una primita que estaba enferma, Carla. Ella pasaba mucho tiempo internada y no podía ir a la escuela. Yo tenía 20 años y no la visitaba como me hubiera gustado. Entonces, cuando sabía que mis papás, sus tíos, la iban a ir a ver, escribía un cuento y se lo enviaba. Mientras empecé a escribir esos  cuentos para ella, comencé también a leer a autores de esa época: Ricardo Mariño, Graciela Montes, Graciela Cabal, que eran de una  generación que yo no había leído como niña.

Y  me pasó que encontré una voz, es decir, que me sentí absolutamente cómoda,  feliz y plena en ese modo de escritura. No es que pensé en el público lector. Simplemente,  me encantó esa manera de escribir en donde puedo tratar temas absolutamente profundos con humor, con un tono que para mí es muy lúdico y personal. Por eso no me relacioné con lo pedagógico, lo mío fue escribir porque me gustaba escribir. Ya venía escribiendo desde hacía muchos años, iba a talleres literarios.

Como todos los de mi generación, a los 15 años quería ser Cortázar. Recuerdo que escribía cuentos, se los mostraba mi mamá y ella me decía, «No los entiendo». Yo le contestaba que no se tiene que entender. A Cortázar o Borges, no los tenés que entender. Supongo que para mí escribir para chicos fue también una manera de aprender a contar una historia. A la vez me formé como periodista. Entonces, fueron muchos los registros que empecé a sumar a ese tipo de literatura.

-¿Cuál creés que es el lector de un libro como El silencio de las cosas?  

-En realidad es una novela gráfica que no tiene edad. Pertenece a una colección de literatura infantil y juvenil del Fondo de Cultura Económica, pero eso es porque yo me acerqué a esa casa editora en particular. Lola Rubio está al frente del departamento de literatura infantil y juvenil. Como estoy dentro de ese mundo, me manejo dentro de lo conocido. Además, tenía muchas ganas de publicar en Fondo de Cultura Económica.  La idea fue ubicarlo dentro ese grupo de libros, pero tratarlo como un libro sin edad. Y hasta el momento todas las devoluciones que tuve fueron de adultos. No sé qué puede pasar con un chico o con un joven que lo lea.

-¿La novela gráfica no tiene más que ver con el cómic?

-En todo caso no es un libro álbum. Se puede ver como un libro ilustrado, pero lo llamo así por el hecho de que el texto y la ilustración se complementan y necesitan trabajar juntas en este tipo de libro que no tiene un público en particular. Es, simplemente, una manera de nombrarlo, pero no soy muy estricta con los géneros ni con las clasificaciones en general. Incluso lo fui ilustrando yo con palotes mientras lo escribía para tener una idea de cómo quería ir combinando la ilustración con el texto, o sea ya nació como un trabajo de texto e imagen.

-Son muy hermosas las ilustraciones de Rocío Katz.

-Sí, haberla conocido a Rocío fue espectacular. Yo tenía una idea del tipo de ilustración que quería. En general tengo la suerte de que muchos editores me permitan participar del proceso que implica hacer un libro. Entonces estuve buscando en internet, fui viendo las páginas de los ilustradores. No me importaba si los conocía o no y cuando vi el trabajo de Rocío, dije, «Es esto lo que quiero». Además de ser ilustradora, Rocío también es música. Cuando la conocí pasó algo impresionante, increíble y de novela y es que Rocío es hipoacúsica.

-Realmente, increíble.

-Sí, Rocío es hipoacúsica. Entonces, cuando leyó la primera versión que le dimos para ver si quería sumarse al proyecto, me dijo que se sintió absolutamente identificada y después nos pasamos hablando de audífonos, de pérdidas auditivas…

-Hay algo que decís en tu libro que yo no sabía y es que la gente con sordera total no se considera a sí misma discapacitada, sino integrante de una comunidad porque hablan una lengua común.

-Sí, una comunidad lingüística. Es una comunidad muy fuerte, muy unida, un poco cerrada, justamente por eso, porque lo que los une es la lengua.

-Decís también que El silencio de las cosas es el libro que siempre quisiste escribir. ¿Por qué lo escribiste recién ahora?

-Creo que es parte de mi madurez haber podido escribir este libro con la liviandad que tiene. Durante todos los años que estuve pensando que me gustaría escribir sobre la hipoacusia, pensaba en algo mucho más denso y mi mayor temor siempre fue caer en el golpe bajo, en la lástima, porque cuando uno empieza a relatar anécdotas que tienen que ver pura y exclusivamente con la discapacidad, son siempre anécdotas de cosas que te pasaron en las que sufriste discriminación, bullying o quedaste aislada.

Es difícil enfocarse porque eso sería la superación, o sea, gracias a que soy hipoacúsica pude hacer tal cosa. No, a mí no me sale eso. La activista australiana en discapacidad Stella Young, que hacía unas charlas TED muy interesantes, decía que las historias de superación eran “porno motivacional”.

-Claro, me parece que si se toma la discapacidad como algo heroico, termina siendo una superioridad, lo que implica también algo discriminatorio. Afortunadamente, creo que hubo un cambio positivo en los últimos tiempos en cuanto a la idea de discapacidad y hay también más recursos tecnológicos que pueden ayudar en algunos casos.

-Sí, sin ninguna duda, sobre todo en el tema de la sordera y la hipoacusia. Creo que si hubiese nacido 30 años después, la historia sería distinta. Los celulares, la posibilidad de los mensajes de texto, las computadoras cambiaron la vida absolutamente. Hoy  veo chicos hipoacúsicos o sordos que hacen cosas maravillosas justamente porque tienen las herramientas para hacerlas. Los audífonos de ahora han conectado todo a bluetooth y son muy distintos

. Regesando a tu pregunta anterior, creo que el El silencio de las cosas es un trabajo que logré hacer gracias a haberme despojado de un tipo de estilo de escritura que venía arrastrando.  Lo que yo quería hacer con este libro era  algo que tuviera muy poco texto y que cada oración fuera al punto exacto de lo que quería contar. Lo que más me interesa de la literatura es el trabajo del texto, la búsqueda de un registro, de un vocabulario en particular. A veces me gusta más el armado del libro que el argumento.

-Este libro tiene una elaboración del lenguaje muy particular, tiene partes que son poéticas, pero también toma definiciones del diccionario, enumeraciones en forma de lista, explicaciones, por ejemplo, de lo que es una audiometría…

-Creo que ahí hay un tema. Yo llevo leyendo historias de gente que escribe su propia historia de discapacidad. Lo que voy decir va a sonar a que me mando la parte, pero creo que hay una diferencia entre la gente que nunca escribió y de pronto escribe su historia de discapacidad y yo, que hice primero una carrera en la literatura y llegué después de mucho tiempo a escribir sobre mi discapacidad. Además, especialmente para  este libro, hice una búsqueda, no me senté y lo escribí. El tiempo fue decantando la forma hasta el momento en que me animé a decir «bueno, esto puede ser un libro».

El silencio de las cosas comienza diciendo «Esta no es una historia de superación. Ni yo soy un ejemplo de vida. Tampoco tengo capacidades diferentes ni necesidades especiales. Por supuesto luego todos dirán que es un historia de superación…”. ¿Por qué hacés esa advertencia?

-Porque detesto mucho las historias de superación. Creo que las construyen más quienes no tienen discapacidad. Yo no necesito superar nada, Vivo el día a día haciendo lo que puedo y no haciendo lo que no puedo. No siento que tenga que probarle nada a los demás. Me molesta mucho cuando dicen, «es un ejemplo.» ¿Un ejemplo de qué?

Si ves la discapacidad como una superación, no la ves como una normalidad y para mí es mi normalidad, no conozco otra cosa. Entonces, no quiero ir a venderle nada a nadie. Estoy muy acostumbra a que, cuando voy a las escuelas, los docentes me pregunten sobre valores, sobre enseñanzas en los libros que escribo, sobre consejos para los chicos y yo quiero separar lo que es literatura, el leer por placer, de esa idea pedagógica que se tiene, sobre todo de la literatura infantil y juvenil.

Entonces me pareció importante decir al principio que si estás buscando una historia de superación, no la vas a encontrar en este libro. Seguramente, después van a decir que es una historia de superación, pero eso ya no es mi responsabilidad.

-Vos publicaste muchos libros de literatura infantil. ¿Cómo llegaste a ella?

-Yo no llegué a la literatura infantil con un ánimo de decir yo soy la adulta y les voy a contar cuentos. En realidad, empecé a escribir cuentos para chicos para una primita que estaba enferma, Carla. Ella pasaba mucho tiempo internada y no podía ir a la escuela. Yo tenía 20 años y no la visitaba como me hubiera gustado. Entonces, cuando sabía que mis papás, sus tíos, la iban a ir a ver, escribía un cuento y se lo enviaba. Mientras empecé a escribir esos cuentos para ella, empecé también a leer autores de esa época Ricardo Mariño, Graciela Montes, Graciela Cabal, que eran de una  generación que yo no había leído como niña.

Y  me pasó que encontré una voz, es decir, que me sentí absolutamente cómoda,  feliz y plena en ese modo de escritura. No es que pensé en el público lector. Simplemente,  me encantó esa manera de escribir en donde puedo tratar temas absolutamente profundos con humor, con un tono que para mí es muy lúdico y personal. Por eso no me relacioné con lo pedagógico, lo mío fue escribir porque me gustaba escribir. Y

a venía escribiendo desde hacía muchos años, iba a talleres literarios. Como todos los de mi generación, a los 15 años quería ser Cortázar. Recuerdo que escribía cuentos, se los mostraba mi mamá y ella me decía, «No los entiendo». Yo le contestaba que no se tiene que entender. A Cortázar o Borges, no los tenés que entender. Supongo que para mí escribir para chicos fue también una manera de aprender a contar una historia. A la vez me formé como periodista. Entonces, fueron muchos los registros que empecé a sumar a ese tipo de literatura.

Verónica Sukaczer: “Detesto mucho las historias de superación”
Foto: Edgardo Gómez
Verónica Sukaczer: “Detesto mucho las historias de superación”

-¿Cuál creés que es el lector de un libro como El silencio de las cosas?  

-En realidad es una novela gráfica que no tiene edad. Pertenece a una colección de literatura infantil y juvenil del Fondo de Cultura Económica, pero eso es porque yo me acerqué a esa casa editora en particular. Lola Rubio está al frente del departamento de literatura infantil y juvenil. Como estoy dentro de ese mundo, me manejo dentro de lo conocido. Además, tenía muchas ganas de publicar en Fondo de Cultura Económica.  La idea fue ubicarlo dentro ese grupo de libros, pero tratarlo como un libro sin edad. Y hasta el momento todas las devoluciones que tuve fueron de adultos. No sé qué puede pasar con un chico o con un joven que lo lea.

-¿La novela gráfica no tiene más que ver con el cómic?

-En todo caso no es un libro álbum. Se puede ver como un libro ilustrado, pero lo llamo así por el hecho de que el texto y la ilustración se complementan y necesitan trabajar juntas en este tipo de libro que no tiene un público en particular. Es, simplemente, una manera de nombrarlo, pero no soy muy estricta con los géneros ni con las clasificaciones en general. Incluso lo fui ilustrando yo con palotes mientras lo escribía para tener una idea de cómo quería ir combinando la ilustración con el texto, o sea ya nació como un trabajo de texto e imagen.

-Son muy hermosas las ilustraciones de Rocío Katz.

-Sí, haberla conocido a Rocío fue espectacular. Yo tenía una idea del tipo de ilustración que quería. En general tengo la suerte de que muchos editores me permitan participar del proceso que implica hacer un libro. Entonces estuve buscando en internet, fui viendo las páginas de los ilustradores. No me importaba si los conocía o no y cuando vi el trabajo de Rocío, dije, «Es esto lo que quiero». Además de ser ilustradora, Rocío también es música. Cuando la conocí pasó algo impresionante, increíble y de novela y es que Rocío es hipoacúsica.

-Realmente, increíble.

-Sí, Rocío es hipoacúsica. Entonces, cuando leyó la primera versión que le dimos para ver si quería sumarse al proyecto, me dijo que se sintió absolutamente identificada y después nos pasamos hablando de audífonos, de pérdidas auditivas…

-Hay algo que decís en tu libro que yo no sabía y es que la gente con sordera total no se considera a sí misma discapacitada, sino integrante de una comunidad porque hablan una lengua común.

-Sí, una comunidad lingüística. Es una comunidad muy fuerte, muy unida, un poco cerrada, justamente por eso, porque lo que los une es la lengua.

-Decís también que El silencio de las cosas es el libro que siempre quisiste escribir. ¿Por qué lo escribiste recién ahora?

-Creo que es parte de mi madurez haber podido escribir este libro con la liviandad que tiene. Durante todos los años que estuve pensando que me gustaría escribir sobre la hipoacusia, pensaba en algo mucho más denso y mi mayor temor siempre fue caer en el golpe bajo, en la lástima, porque cuando uno empieza a relatar anécdotas que tienen que ver pura y exclusivamente con la discapacidad, son siempre anécdotas de cosas que te pasaron en las que sufriste discriminación, bullying o quedaste aislada. Es difícil enfocarse porque eso sería la superación, o sea, gracias a que soy hipoacúsica pude hacer tal cosa. No, a mí no me sale eso. La activista australiana en discapacidad Stella Young, que hacía unas charlas TED muy interesantes, decía que las historias de superación eran “porno motivacional”.

-Claro, me parece que si se toma la discapacidad como algo heroico, termina siendo una superioridad, lo que implica también algo discriminatorio. Afortunadamente, creo que hubo un cambio positivo en los últimos tiempos en cuanto a la idea de discapacidad y hay también más recursos tecnológicos que pueden ayudar en algunos casos.

-Sí, sin ninguna duda, sobre todo en el tema de la sordera y la hipoacusia. Creo que si hubiese nacido 30 años después, la historia sería distinta. Los celulares, la posibilidad de los mensajes de texto, las computadoras cambiaron la vida absolutamente. Hoy  veo chicos hipoacúsicos o sordos que hacen cosas maravillosas justamente porque tienen las herramientas para hacerlas. Los audífonos de ahora han conectado todo a bluetooth y son muy distintos.

Regesando a tu pregunta anterior, creo que el El silencio de las cosas es un trabajo que logré hacer gracias a haberme despojado de un tipo de estilo de escritura que venía arrastrando.  Lo que yo quería hacer con este libro era  algo que tuviera muy poco texto y que cada oración fuera al punto exacto de lo que quería contar. Lo que más me interesa de la literatura es el trabajo del texto, la búsqueda de un registro, de un vocabulario en particular. A veces me gusta más el armado del libro que el argumento.

-Este libro tiene una elaboración del lenguaje muy particular, tiene partes que son poéticas, pero también toma definiciones del diccionario, enumeraciones en forma de lista, explicaciones, por ejemplo, de lo que es una audiometría…

-Creo que ahí hay un tema. Yo llevo leyendo historias de gente que escribe su propia historia de discapacidad. Lo que voy decir va a sonar a que me mando la parte, pero creo que hay una diferencia entre la gente que nunca escribió y de pronto escribe su historia de discapacidad y yo, que hice primero una carrera en la literatura y llegué después de mucho tiempo a escribir sobre mi discapacidad. Además, especialmente para  este libro, hice una búsqueda, no me senté y lo escribí. El tiempo fue decantando la forma hasta el momento en que me animé a decir «bueno, esto puede ser un libro».