“¿Se imaginan lo que hubiera sido el estadio si lo convocaban?”, interpela a los oyentes de Cadena 3 el Turco Osvaldo Wehbe, relator radial cordobés por antonomasia, desde una cabina del Kempes. Es la noche del 14 de septiembre de 2011. Unas horas antes de lo que será el Argentina 0-Brasil 0 por el Superclásico de las Américas, Alejandro Sabella, entonces entrenador de la selección, soltó una respuesta que pasó desapercibida para la mayoría de los medios nacionales: “Lo vi. Es un talentoso y lo vamos a seguir observando”. Sabella había visto –y el Turco Wehbe había imaginado– a Franco “El Mudo” Vázquez. Por aquellos días, los habitués del predio de Belgrano en Villa Esquiú contaban que el Mudo había hecho una hazaña: elevarse a la altura de Juan Carlos Olave. Juntos le habían ganado la Promoción a River y devuelto a Belgrano a Primera. Vázquez transitaba sus últimos meses en el club. Tenía 22 años y un destino ya cerrado, el Palermo de Italia, después de que Maurizio Zamparini, propietario del club, lo eligiera tras la venta de Javier Pastore al París Saint-Germain (ambos categoría 1989, se habían cruzado en los clásicos de inferiores entre Belgrano y Talleres).
A los 37, después de 14 años en Europa –Palermo, Rayo Vallecano y Sevilla en España, y Parma y Cremonese de vuelta en Italia–, el Mudo Vázquez es uno de los mejores jugadores del fútbol argentino luego de su regreso al Pirata. Y, quizás, con sus toques silenciosos y pelotas filtradas, es el futbolista más elegante y el que mejor aplica la pausa. Porque, como escribió el semiólogo Roland Barthes en Del deporte y los hombres (1961), “no es el músculo lo que hace el deporte”. “El músculo –desarrolla Barthes– no es más que una materia prima; no se alza con la victoria. La que se alza con la victoria es una cierta idea del hombre y del mundo, del hombre en el mundo. Esta idea es que el hombre se define plenamente por su acción, y no consiste en dominar a los demás hombres, sino las cosas”. El Mudo domina la pelota: la vigencia del juego.
Y puede decir además que jugó en la selección de Italia y de Argentina. En la italiana, en una doble fecha FIFA en marzo de 2015, citado por Antonio Conte. Nacido en Tanti, sudoeste del Valle de Punilla, el Mudo sintonizaba de chico “La giostra del gol” en la RAI, antes de los asados de los domingos, para ver el calcio y, en especial, a Kaká en el Milan (hoy guarda una camiseta firmada por el brasileño). Pero Conte se marchó y Roberto Mancini, su sucesor, afirmó: “La selección italiana debe ser italiana. Los no nacidos en Italia no merecen estar, aun cuando tengan parientes”. Debido a que no habían sido partidos oficiales, en septiembre de 2018 el Mudo debutó con la camiseta argentina, ya a sus 29 años, en el inicio del ciclo de Lionel Scaloni, pleno recambio de la selección.

Vázquez volvió a Belgrano a principios de 2026. Había ascendido a mediados de 2025 con la Cremonese a la Serie A. En la actual temporada llevaba 16 partidos (jugó el 86% de los partidos, 493 de 579, entre los cinco clubes europeos). Intuitivo y sensible, hasta su regreso el Mudo figuraba en el top 10 de jugadores con mayor cantidad y efectividad en pases largos, octavo con el 71%. En el quinto lugar, según FotMob, aparece ahora el croata Luka Modrić (72%), en el Milan luego de 13 temporadas en el Real Madrid. Antes del inicio de la Serie A, el periodista Vincenzo Di Schiavi le preguntó a Vázquez por Modrić en La Gazzetta dello Sport: “Jugué contra él durante cinco años cuando estaba en el Sevilla. Es un jugador único. A sus 40 años, sigue apasionado por el fútbol, se le nota en la mirada. Será un espectáculo”. El Mudo, quien pasó los 100 partidos con Belgrano, todavía ve lo que otros ven desde la tribuna o a través de la TV, pero adentro de la cancha. Todavía impacta cuando él –el hombre– detiene el mundo al apoyar la zurda sobre la pelota. Y sigue, como Modrić en el Milan, apasionado, bajando pelotazos típicos de este fútbol argentino, metiendo cambios de frente, cubriendo la pelota con su 1,87 m, dando espectáculo. “Ahora el ritmo es más alto –había dicho tras su retorno a la Serie A, diez años después de haberla disputado con el Palermo–, pero el talento marca la diferencia”.
En el Belgrano animador del Apertura que dirige Ricardo Zielinski –sí, el DT del ascenso a Primera en 2011–, Vázquez tiene como socio creativo a Lucas Zelarayán (el Chino volvió tras jugar en México, Estados Unidos y Arabia Saudita). “Zelarayán asoma como el sucesor de Vázquez”, titulaba La Voz del Interior en 2011. “37 y 18 años. Sale el Mudo Vázquez, debut del pibe Tulián: el cambio que unió a dos eras en Belgrano”, tituló el diario cordobés el 22 de febrero pasado. Ramiro Tulián, también enganche como el Mudo y el Chino, jugó el año pasado el Mundial Sub 17 en Qatar. Así es el trasvasamiento generacional de talento en Belgrano.
“A los pocos días de su llegada, el cuerpo técnico decidió ponerlo y enseguida ya se asoció con otro 10. Sin necesidad de largas charlas de video, mediciones de velocidad, datos o drones, se juntaron los buenos de forma natural. La esencia del juego”, escribió Matías Manna, asistente de Scaloni en la selección y quien coincidió con Vázquez en el Sevilla, en una columna en La Voz del Interior. “Lo que más me gusta es su manera de defender. Inteligente, bien ubicado, suele anticipar lo que hará el rival y, sobre todo, esa pelota que recupera termina en los pies de un compañero. El partido se calma cuando la tiene en la suela y se acelera cuando decide el pase final. Hoy, cuando todos se apuran y cada uno parece tener su propio partido sin importarle el de al lado, representa un juego extinguido, de otras décadas. Junta a todos y el equipo se parece a sus intenciones. Siendo tan antiguo, es casi una solución para el fútbol del futuro. Los 10, cuantos más 10 tengan al lado, mejor; y también buenos mediocampistas. Acompaña como nadie a Di María y a Paredes para jerarquizar nuestro fútbol. Para marcar que ‘la nuestra’ es a otro ritmo: un ritmo de sociedades, de pase corto, entre jugadores hoy en desuso bajo la mirada europeizante. El Mudo Vázquez marca ese ritmo”.