“Nos están cagando desde el primer mes, en un parpadeo meten otra ley. / De repente el presidente se hace rey, pero no la ven”, rapea Willy Bronca, artista nacido en Perú y criado en José C. Paz, que también reparte versos y epítetos hacia otros exponentes del gobierno nacional y sus aliados económicos. La letra abunda en alusiones a los “dólares en los bolsillos de Adorni”, máximas que refieren a que “Caputo roba y cobra Belliboni”, o denuncias que apuntan a la ministra de Capital Humano: “Dejan sin comida a los merenderos, solo das vergüenza, Sandra Pettovello”, además de frases como “Javi gobierna para Galperín”.

La canción “No la ven” surgió como respuesta a la persecución emprendida por el presidente Javier Milei contra Lali Espósito. Sin embargo, el compromiso artístico y político de Willy Bronca —el joven que nació como Fernando Torres Neifert y comenzó haciendo música en subtes y colectivos y saltó a la fama tras ser elegido como telonero de Manu Chao en 2024 y de María Becerra en los recitales de River del diciembre pasado— no se reduce a ese tema. Tampoco a su versión de la “Marcha de la bronca”, impulsada por León Gieco. Su repertorio incluye letras de fuerte conciencia social, entre las que se destaca “No hay plata” (“No hay plata, no hay plata, compañero / salvo que seas policía, político o sojero / salvo que seas de los pocos empresarios / que con una sola acción quebraron a un país entero”), y una presencia activa en espacios de militancia, como la marcha en defensa de los jubilados frente al Congreso o actividades solidarias por los incendios en la Patagonia. Una trayectoria que hunde sus raíces en su etapa de estudiante secundario. Hoy prepara el lanzamiento de su tercer disco, producido por Catriel Ciavarella, baterista de Divididos, junto a Juano Sardá.

—¿De dónde viene y por qué el seudónimo Willy Bronca?

—Willy Bronca tiene varios significados. Por un lado, la mayoría de mis canciones son de protesta: siempre estoy criticando al poder y quejándome de las injusticias. En mis letras hago crítica social y así sintetizo la bronca que percibo tanto en mi vida como en la calle. Por otro lado, de chico tuve encefalomielitis y se me paralizó la mitad del cuerpo por un virus que atacaba el área neuronal. Esa enfermedad me dejó secuelas en la conducta: tenía ataques de ira, cualquier cosa me hacía saltar la térmica. Estuve varios años medicado y en terapia. Desde entonces soy Willy Bronca. Para mí representa un alter ego. Willy Bronca puede descargar y decir cosas que Fernando no podría.

—Recién hablabas de una bronca más existencial y otra más social. ¿Cuándo surge cada una?

—La social surge cuando empezás a ver todo, cuando percibís la injusticia, cuando ves los problemas de los otros. Hay una frase que dice que no vuelve a dormir quien un día abrió los ojos: ahí arranca la bronca. Lo personal tiene que ver con que nací en otro país y tuve una familia internacional: la mitad es peruana y la mitad argentina. Mi familia peruana desciende de incas, africanos y españoles. Ahí aparecen todo tipo de conflictos e injusticias, producto de los choques culturales.

Willy Bronca: “Hoy la gente vive en una burbuja y cree que lo político no tiene nada que ver con su vida”
Willy Bronca, talento y convicción.
Foto: Antonio Becerra

—¿Cómo se manifiestan esos choques culturales?

—En todo. Por ejemplo, en la parte de mi familia que es más negra, los funerales se celebran con gente bailando, orquestas de cumbia, risas alrededor del ataúd. La parte más europea ofrece un funeral más occidental: tristeza, silencio, todos llorando. Entonces se muere un familiar y hay un choque cultural enorme dentro de la misma familia. Mi viejo migró acá en los ’90. Se conocieron con mi vieja en una salsera: él futbolista, ella bailarina del Ballet Folklórico Nacional, y de repente tienen un hijo con un peruano que vivía entre hoteles y casas tomadas. Mi vieja viene de otra cultura completamente distinta: desciende de alemanes del Volga. Ahí se arma un bardo. Y en toda esa secuencia aparecen mis abuelos, inevitablemente racistas, como gran parte de la sociedad que no es capaz de autopercibirse racista, pero lo es. Entonces vas viendo cosas: ¿por qué a mi viejo lo paraba la policía y a mi vieja no? ¿Por qué mi viejo tenía esa vida y mi vieja otra? Hoy soy un poco de los dos (risas).

—Tu música conjuga rap, cumbia, trap, funk carioca, folklore latinoamericano y rock. ¿Cuáles son tus referentes?

—Del rock: Divididos, La Renga, Spinetta, Manal, Charly, Aquelarre. Hay de todo ahí, pero todos tienen algo en común: autenticidad y combatividad. Hay poesía, metáfora, no literalidad, algo que se está perdiendo a nivel masivo. La vorágine de las redes y la inmediatez no permiten pensar seria y profundamente las cosas. Parece que todo tiene que ser literal. Del rap me gustan Actitud María Marta, el Indio Javi, El Malandro América. Del reggae, Resistencia Urbana. Del folklore, Atahualpa Yupanqui. Tengo domingazos de mate y (José) Larralde. Me gustan Silvio Rodríguez, Chabuca Granda, Andrés Soto de Perú, Susana Baca, Sérgio Mendes y Gilberto Gil, de Brasil.

Willy Bronca: “Hoy la gente vive en una burbuja y cree que lo político no tiene nada que ver con su vida”
Su inminente tercer disco contará con la producción de Catriel Ciavarella, baterista de Divididos.
Foto: Antonio Becerra

—¿Qué cosas te dan más bronca de la realidad actual?

—La pérdida de participación política. Se fue perdiendo la fe en las instituciones, en parte por la falta de representantes y referentes. Hoy gana elecciones quien pone más plata en propaganda, no quien representa los intereses del pueblo. Al pueblo le cuesta distinguir qué le conviene: si te importa más un par de zapatillas o un auto que el agua dulce, algo no está funcionando. Eso es producto del bombardeo constante que incita al consumo. Gracias a la propaganda, Caputo se fuga 15 mil millones de dólares y a nadie le importa. No tenemos idea de qué queremos. ¿En serio esto no nos preocupa? De ahí se desprende todo lo demás: la persecución a los pueblos originarios, los incendios en la Patagonia, la pérdida de identidad latinoamericana, el fanatismo por el éxito inmediato, etcétera.

—¿Por qué creés que la resistencia política más masiva viene de artistas como vos, Lali o María Becerra?

—Porque se invirtieron los valores entre el under y el mainstream. Antes el mainstream no se metía con temas sociales. Una banda pop no hablaba de política. Hoy tenés a María Becerra, Dillom, Lali, enfrentando a un presidente. Eso antes no pasaba. Y, al mismo tiempo, hay una camada under que evita los temas sociales y políticos. Se perdió cierta rebeldía en el under.

—¿Qué temas y conceptos vas a abordar en tu nuevo disco?

—Son canciones que compuse desde 2022. El primer single, “Pequeñas diferencias”, sale el 5 de febrero. Hay un acto de rebeldía en frenar la inteligencia artificial y los beats. Todo el disco está grabado por seres humanos, de la forma más analógica posible, en una época en la que el 50 o 60 por ciento del contenido de internet ya no lo producen personas. Hay una idea de defender que lo viejo funciona, de hacer un disco que tarde años. En épocas de inmediatez, digo que si preparás algo despacio y con amor, sale mejor. Hay muchos géneros, incluso algunos que no sé si existen. Hay demasiadas cosas y demasiada gente involucrada.

—¿La emprendés contra Milei y sus aliados en esta nueva producción?

—Si saco cinco temas hablando mal del gobierno, hasta yo me aburro. El disco va más allá de la coyuntura: es muy autorreferencial. Me molesta que se piense que lo político está separado de lo personal. ¿Qué es lo político? El agua de la canilla, el aire que respirás. Una funcionaria del gobierno, Eugenia Rolón, sale borracha en auto y choca contra un poste. ¿Y si mataba a alguien? ¿Por qué es impune esa gente? ¿La política solo importa si atropella a un familiar? La gente vive en una burbuja y cree que lo político no tiene que ver con su vida, cuando casi todo lo cotidiano es político. La falta de participación hace que todo empeore. Como digo en una canción: «Un pobre de derecha es otro pobre sin derechos». «

¿Cuándo?

Willy Bronca se presentará el sábado 7 de febrero en Niceto Club, Cnel. Niceto Vega 5510 (CABA).




La falta de participación y la reforma laboral

El joven nacido en Piura amplía su mirada sobre la coyuntura argentina.

—¿Por qué creés que hay falta de representación y participación política?

—Hoy todo son redes sociales, retuits, chicanas. Se subestima a la gente que se junta en asambleas, aunque sean pocos porque hay que trabajar. Falta representación de los barrios, de los pueblos originarios, del interior. Hay que salir de la General Paz. Vivimos una época muy estúpida. Se ve en la banalización del debate público. Menem decía locuras, pero había resistencia. Hoy todos los partidos están en cualquiera: todo es meme, risa, comedia. Eso le quita seriedad al debate. Desde que la hermana del presidente se roba un 3% en coimas de la ANDIS hasta que Milei declara en Davos que los homosexuales son pedófilos, todo se vuelve meme. En otra época la sociedad reaccionaba distinto. Hoy son dos minutos de indignación y después chicanas. Todo es cortoplacista.

—¿Y la falta de resistencia a la reforma laboral?

—Mucha gente vive en la informalidad y no goza de derechos, pero aun así no entiende que puede trabajar porque otros sí los tienen. Si no, ¿quién podría viajar en Uber o pedir un Rappi? Hay una trampa en el emprendedurismo, en creer que sos tu propio jefe y no necesitás derechos laborales. Los derechos son una necesidad. No vas a poder pedalear toda la vida: en algún momento te tenés que jubilar. Esa mirada cortoplacista es una cortina de humo gigante que va a colapsar. Si no salís ahora a bancar, ¿vas a esperar a que te toquen el culo? En todo caso, no estás viendo el panorama completo.

Willy Bronca: “Hoy la gente vive en una burbuja y cree que lo político no tiene nada que ver con su vida”
Del subte a una llegada cada vez más masiva, Willy Bronca cruza compromiso político y latir urbano.
Foto: Antonio Becerra