«El ciclo Manos a las obras, que tiene su espacio en Radio Nacional Clásica desde hace nueve años, surgió de la necesidad de poder compartir desde otro lugar lo que significa la experiencia de un concierto», comenta el violinista Elías Gurevich.
Él, junto con la pianista Haydée Schvartz, llevan adelante este ciclo que no sólo se compone de esta serie de presentaciones radiales sino que además consta de una extensa serie de clases maestras que ambos músicos realizan en conservatorios y academias de música de la Argentina y países limítrofes.

Tanto Schvartz como Gurevich, además de ser docentes en conservatorios de alto nivel de nuestro país e integrar importantes agrupaciones musicales, están considerados como dos de los más importantes intérpretes argentinos en sus respectivos instrumentos y gozan de un gran reconocimiento a nivel nacional e internacional. El dúo ha publicado dos discos, el último de los cuales, Manos a las obras II (con composiciones de Leoš Janáček, Sergei Prokofiev y Alberto Ginastera) acaba de ser nominado en la terna como Mejor Álbum de Música Clásica para los Premios Gardel de este año.

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«El proyecto Manos a las obras nació junto con los conciertos que realizamos en la radio. Presentamos la idea al director de la radio, Pablo Kohan, quien afortunadamente continúa ejerciendo ese cargo en la actualidad. Cada año realizamos seis presentaciones, siempre tocando obras de diferentes compositores, períodos y características», agrega el violinista.
«En general los estudiantes de música no suelen ir a los conciertos. Por lo tanto nuestra propuesta es trasladar la experiencia de las presentaciones radiales a las clases maestras que realizamos en las distintas instituciones, ya sea conservatorios, academias de música o instituciones de cultura» comenta Schvartz. «A su vez esto se potencia con la interacción con los alumnos, al llevar adelante charlas en las que trabajamos sobre las problemáticas que nos acercan sobre ejecución o composición. Este volumen de actividad también nos obliga a diseñar un repertorio en el que conviven obras tradicionales y piezas no tan frecuentadas en los conciertos. Obviamente que tocamos las sonatas de Beethoven, Brahms, Schuman o Mozart. Pero la continuidad de este ciclo nos permitió encontrar obras de gran valor no sólo de las más actuales sino también de otros períodos de la música que no suelen tocarse con asiduidad».

Gurevich afirma que el concepto que rige el proyecto es demostrar que la música no es solamente lo se escucha en una grabación y que, contra lo que suele pensarse, los intérpretes no tocan todos igual. «Nos proponemos mostrar qué es lo que a nosotros, como músicos, nos mueve a resolver situaciones de determinada manera. Tratamos de hacer ver cómo trabajamos una obra, por qué cada compositor tiene una impronta que en cierto modo condiciona al ejecutante, por qué necesitamos tener un cierto tipo de articulación para encarar a un determinado autor y una diferente para otro, por qué la música que fue compuesta hace poco tiempo posee un lenguaje que es distinto armónicamente al lenguaje del barroco, pese a que ambos estilos pueden tener elementos en común. Obviamente que el lenguaje que utilizamos en el programa de radio nos obliga a no ser tan académicos como el que utilizamos en las clases en los conservatorios. En este caso Pablo Kohan cumple la función de moderador e interlocutor entre nosotros y el oyente», agrega.

El proyecto les permite a ambos músicos trabajar con las universidades nacionales en las cátedras de composición y posibilita que los estudiantes compongan obras para el dúo. «Hacemos un seguimiento de todo el proceso a lo largo del año y esta metodología de trabajo nos dio la oportunidad de estrenar más de 150 nuevas partituras de estudiantes, lo cual brinda una oportunidad que no es muy usual para quienes se inician en sus carreras como compositores», puntualiza la pianista. 

Gurevich agrega: «trabajamos además con establecimientos como las universidades de Quilmes, Tres de Febrero, Córdoba, Rosario, los conservatorios Tom Jobim de Brasil, el Universitario de Montevideo o el de Asunción en Paraguay. Nos interesa inculcarle a los estudiantes el lugar en el que se deben poner como músicos y cuál debe ser la intención al encarar una obra».

Schvartz afirma que muchas veces al músico se lo representa como una figura que está fuera de la realidad o que es tocado por los dioses. «Observamos que hay un acartonamiento que adoptan muchos músicos pero que también adopta el público que muchas veces considera que ir a un concierto significa un rito en el que es necesario que haya una distancia fría entre el auditorio y el intérprete. Nosotros intentamos poner a la música en su lugar y mostrar de qué manera trabajamos para encontrar un tempo, una articulación o una intensidad. Desde ya que es necesario adoptar una disciplina y una técnica, y ambas se pueden transformar en una tortura o pueden ser un elemento de disfrute. Una obra nunca suena igual cada vez que se la toca. En estos conciertos en la radio comentamos cómo se construye la interpretación de una determinada obra, sin caer excesivamente en academicismos, lo que permite al público y al oyente desacralizar la función del intérprete».

«Siempre se descubre algo nuevo cuando se encara una obra», agrega el violinista. «Cada composición tiene varias capas que el músico va descubriendo a medida que profundiza el conocimiento de esa obra. La música es un lenguaje abstracto pero que permite sentir lo mismo tanto a un intérprete como a quien la escucha. Por ejemplo, en esta primera presentación tocaremos tres preludios de Gershwin, las maravillosas transcripciones que hizo Jascha Heifetz de Porgy and Bess y dos sonatas de Maurice Ravel, una de las cuales, la número 1, se toca muy rara vez. Esta última no fue publicada por él, y se suele decir que en realidad es una especie de work in progress. Pero alejándonos de ese prejuicio, descubrimos que es una obra maestra. Lo mismo nos pasó con las sonata de Janáček que grabamos en el disco, en la que hay que reconstruir y trascender lo que está escrito en la partitura, escuchar los espacios que genera ese material, sacarse toda la tradición de encima y replantearse el hecho sonoro. Se empieza a moldear el tiempo de otra manera, a generar otros colores y timbres. Cuando se pone en juego esa otra búsqueda que es alma de la música, empieza a aparecer una obra extraordinaria. Esto nos pasó con muchas obras, como la sonata de Ferruccio Busoni en homenaje a Bach, obras de Frederick Delius, Alfred Schnittke, Gabriel Fauré o Edward Elgar», se entusiasma la pianista.

«Hay mucha música que es muy «marketinera» y otra que no», sentencia Gurevich. «Llevar adelante un ciclo anual de presentaciones nos permite encontrar y programar esas obras que no son muy frecuentadas pero que tienen un gran valor para aquel que tenga curiosidad por descubrir tanta música que tenemos a nuestro alrededor».

El primer concierto de Manos a las obras, con composiciones de George Gershwin y Maurice Ravel, se llevará a cabo este sábado 13 de mayo a las 18 en el auditorio de Radio Nacional, Maipú 555 y será transmitido por Radio Nacional Clásica, FM 96.7. Los próximos encuentros serán los sábados 19/6, 15/7, 9/9, 14/10 y 4/11.