Paulo Díaz, el defensor de River, no juega la Copa América de Brasil con la selección de Chile porque sufrió miocarditis, una inflamación del corazón que puede generar un paro cardíaco con el esfuerzo físico. La padeció después de que se contagiara de coronavirus en el marco de los casos masivos en River. Leonardo Ponzio, el ídolo de 39 años, se quedó ahora acaso sin la última pretemporada con River: cuando se sumó al plantel, le detectaron también miocarditis. Había tenido Covid. La Copa América que se juega en Brasil, con crisis política y sanitaria, ya acumula al menos 65 contagiados entre árbitros, futbolistas y miembros de las delegaciones de Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela, y personal de la organización. “Gracias a ustedes por esto, Conmebol. Si mueren personas, ¿qué van a hacer? Lo que les importa es solamente el dinero. ¿La vida del jugador no vale nada?”, expresó Marcelo Martins, máximo goleador histórico y capitán de la selección de Bolivia, contagiado en Brasil. La Conmebol contraatacó: lo suspendió por un partido y lo multó con 20 mil dólares. Derivas de competir en pandemia.

Lucas Barrios, delantero de Gimnasia La Plata, se contagió dos veces de coronavirus. Se le detectó una miocarditis antes del último clásico ante Estudiantes por la Copa de la Liga. Nunca había tenido un problema cardíaco. Sintió la pérdida de fuerza en sus piernas. Desde la recuperación, jugó apenas 57 minutos. “Tratamos de darle alegría a la gente, porque de alguna manera jugamos y nos ven y se quedan en sus casas -dice Barrios-. Se decía que los jugadores estaban más protegidos por tener un mejor estado físico, y no es así. Los clubes tienen que chequear al jugador, como en mi caso, y que vuelva a jugar cuando esté al 1000%”. Boca tuvo 24 futbolistas con coronavirus en 2020. El mes pasado, el departamento médico del club publicó un estudio en la revista Medicina sobre la incidencia cardíaca post Covid a partir del seguimiento de los jugadores: “Ninguno desarrolló eventos cardíacos. Los entrenamientos y competencias fueron bien toleradas”. En 2021, el colombiano Edwin Cardona se contagió de Covid y, luego, le diagnosticaron una miocarditis. Cardona juega hoy la Copa América.

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“La aparición de trastornos cardíacos en deportistas que cursaron la enfermedad sin síntomas o con leves es baja. Pero puede haber una inflamación en distintos órganos, como el corazón”, dice el doctor Roberto Peidró, director del Instituto de Ciencias del Deporte de la Universidad Favaloro, quien participó del estudio en Boca. Peidró, exarquero de El Porvenir y Deportivo Morón, cuestiona la utilización de la palabra “miocarditis”: “Las verdaderas miocarditis afectan a las células miocárdicas, y acá parece que no pasa, que son edemas, inflamaciones alrededor de las células del corazón, y que por eso se suelen ir rápidamente. Quedan un montón de interrogantes. Lo que ahora pensamos que es verdad, en unos meses puede ser mentira. Algunos tuvieron arritmias en resonancias magnéticas pero con buena evolución”.

El año pasado, un estudio de la Universidad de Ohio con 26 atletas que contrajeron coronavirus sin síntomas o con leves detalló que cuatro habían desarrollado miocarditis (15%). Y que el 30% presentaba una lesión miocárdica previa. “Aquellos con miocarditis, independientemente de si tienen síntomas, son enviados a la banca, en parte por temor a que la miocarditis pueda llevar a la muerte súbita durante una actividad intensa”, escribió la periodista Jennifer Couzin-Frankel en Science. Las alarmas se encendieron después de que Jamain Stephens -20 años, jugador de fútbol americano de la Universidad de California- muriera de un paro cardíaco provocado por una miocarditis tras recuperarse de Covid. La miocarditis, según estudios, representa el 9% de las muertes cardíacas repentinas en el alto rendimiento. Y la recomendación es no hacer ejercicio físico intenso de tres a seis meses después de superarla. Son tiempos no aceptados por el fútbol.

El 24 de abril, Efmamjjasond González Palacios, “Almanaque”, se desmayó en el vestuario de All Boys después de jugar 25 minutos en el 1-0 ante Gimnasia de Jujuy en Floresta por la Primera Nacional. Dificultades respiratorias y pérdida de conocimiento. Almanaque, colombiano de 21 años, había sido dado de alta después de tener coronavirus. “Se le hizo electrocardiograma, ecocardiografía y ergometría. Dio todo normal. Lo que tuvo fue un cuadro sincopal, un descenso abrupto de la presión. Queda la duda de qué fue lo que lo provocó, porque no dio nada patológico”, dice Luis Chiaradía, médico de All Boys, y agrega: “Si hubiese tenido miocarditis, la hubiese diagnosticado previamente. Todavía hay muchos claroscuros sobre la incidencia del coronavirus”.

Christian Eriksen, el danés que se desvaneció en plena cancha del Parken Stadion ante Finlandia por la Eurocopa, sufrió un paro cardíaco. “No tuvo Covid”, desmintieron. El colapso tampoco tuvo relación con la vacuna Pfizer, como difundieron grupos negacionistas y antivacunas: el Inter, su club, negó incluso que había sido vacunado y apuntó que había pasado todas las pruebas médicas. “Estuvo muerto y resucitó”, dijo Martin Boesen, médico de la selección danesa. Aún se desconocen las causas del paro cardíaco. La muerte súbita tiene una prevalencia tres veces mayor en futbolistas jóvenes en comparación al resto de la población. Pero Eriksen, como cualquiera, transitó la pandemia. Un año atrás, tras siete temporadas en el Tottenham inglés, vivió encerrado en la ciudad deportiva del Inter, lejos de su familia, con cocineros y empleados. Había cerrado el hotel en el que se había alojado luego de su llegada a Italia. Como nunca en su vida, Eriksen pasó siete semanas sin tocar una pelota. La policía lo detuvo en la calle por romper la cuarentena cuando salía a comprar a un supermercado. La vuelta a las canchas llegó con un calendario saturado, sin los descansos mínimos. En la industria del fútbol, las secuelas del coronavirus no son sólo cardíacas.