Desde hace 35 años cada 22 de junio se vive de una manera especial. La nostalgia y la emoción se abren paso para revivir la tarde en que Diego Armando Maradona dibujó el mejor gol de todos los tiempos, después de haber convertido uno con la mano, en los cuartos de final del Mundial, ante Inglaterra. Nada menos. Este 22 de junio de 2021 tiene un condimento más: es la primera vez que no está Diego para recordarlo. Aunque semejante obra y tamaño personaje son leyendas que perduran más allá de todo, y que tienen la capacidad de seguir entregando nuevas historias. Por eso se proponen diez escenas laterales para seguir recordando todo lo que pasó en esos 10 segundos en los que Maradona dejó en el camino a tanto inglés para que el país sea un puño apretado. 

El cocacolero que se perdió el gol

La anécdota se la contó el periodista Daniel Arcucci, uno de los biógrafos de Maradona, al periodista Diego Della Sala. En una de las visitas de Diego a la redacción de El Gráfico, la revista deportiva más prestigiosa que hubo en la Argentina, lo llevaron al Diez delante de una foto enorme que retrata el momento exacto en que toca desde el piso con la zurda ante el cierre de Butcher. Cuando le preguntaron qué le generaba ver la foto en un tamaño tan grande y con tanta calidad, cuenta Arcucci, Maradona se tomó un tiempo. Y demostró porque sigue siendo el mejor: “¡El cocacolero! ¡El cocacolero se perdió el gol!”, sorprendió mientras señalaba a un vendedor de gaseosas que quedó de espaldas a la jugada, el único de los 114 mil espectadores del Estadio Azteca que no pudo gritar el gol del 10. 

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La definición póstuma

Aunque Maradona falleció el 25 de noviembre pasado, en los diversos homenajes que se prepararon para este día se conoció una reflexión inédita de él sobre su propio gol. TyC Sports armó una muy bella producción en la que distintas personas, incluidos algunos compañeros, un juez de línea y hasta el inglés Gary Lineker, recuerdan qué estaban haciendo cuando Diego convirtió el segundo tanto. Y ahí se cuela la voz del Diez, con una definición tan precisa que parece salir de su zurda más que de su garganta: “¿Donde estaba yo? Yo en ese momento estaba caído entre dos ingleses levantando a un pueblo”. 

El consejo del hermano

El segundo gol de Diego Armando Maradona a Inglaterra en el Mundial de México 86 se empezó a construir más de seis años antes, en Wembley. Un Maradona de apenas 19 años ya era el 10 de la Selección argentina. Aún no había estallado la guerra de Malvinas. Pero la pica con los inventores del fútbol ya existía. Y a los 19 minutos arrancó por derecha, zigzagueó entre defensores ingleses y al enfrentar al arquero soltó la pelota con clase al segundo palo. Se fue afuera por centímetros. 90 mil ingleses igual lo aplaudieron en Wembley. Fue triunfo por 3 a 1 para los locales. Y una espina quedó atragantada para Maradona. Su hermano Hugo, que recién había cumplido 11 años, le dijo: “¡Boludo!, no tendrías que haber definido… Le hubieras amagado, si ya estaba tirado el arquero…». Después se tomó revancha.

La cabeza de un genio

Jorge Valdano, un experto en definir al gol y también en ponerle palabras a la pelota, contó la anécdota repetidas veces. Pero no deja de sorprender. Valdano fue uno de los testigos más cercanos del gol de Maradona y, se enteró luego, también fue uno de los hacedores. Es que el delantero corría a pocos metros de distancia del Diez, acompañando la jugada. Y eso tuvo su mérito. En el vestuario, cuando se duchaban después de asegurarse la clasificación a las semifinales, Diego le dijo que “en todo momento buscó un hueco para darme el balón a mí”. Primero, dice el ex Real Madrid, pensó que no podía ser cierto que mientras armó semejante jugada también prestara atención a lo que pasaba alrededor. Después entendió que se trataba de Maradona: “Eso nos da la referencia de la cantidad de ideas –aprovechadas y desechadas- que pasaron por su cabeza en diez segundos. Así funciona la cabeza de un genio en acción”.

La camiseta especial

La camiseta que usó Argentina aquella calurosa jornada de México fue única. Y no sólo por lo simbólica. Azul, con dos tonalidades distintas, el logo de Lecoq y el escudo de AFA cosidos a mano, y unos números plateados y brillosos. Un modelo distinto a la alternativa que Argentina había usado contra Uruguay en los octavos de final. Es que aquellas camisetas que usaron ante la Celeste eran muy calurosas para el clima del Distrito Federal de México. Bilardo mandó a buscar unas a contrarreloj. Al Doctor no le gustaron. Pero apareció Diego de casualidad y dijo: “Está linda”. Así que, a menos de 24 horas del partido, comenzaron a coser la marca, el escudo y a pegar los números. 

Exhibida en Manchester

Esa misma camiseta con el 10, con la que Diego convirtió los dos goles, ahora está exhibida en el Museo Nacional del Fútbol en Manchester, Inglaterra. Es que en medio del festejo final por el triunfo, Diego se cruzó con el mediocampista Steve Hodge e intercambió las camisetas, como se suele hacer después de un partido. Tal vez ni siquiera Maradona tenía noción de que acababa de cambiar la historia en ese momento. A Hodge, contó, en su país lo criticaron por haber tenido el gesto de deportivo de haber cambiado camisetas con quien había convertido un gol con la mano. Y en 2003, después de 17 años de tenerlo escondido en el armario de su casa, decidió donarla al museo. 

Para ponerlo en un cuadrito

El segundo gol del Diego a los ingleses fue, se sabe, una obra de arte. Y en 2017 se dio el gusto de pintarlo. Es que Maradona fue invitado a un evento en el que le propusieron, con un pincel y pintura azul, dibujar el gol que había convertido en 1986. Y aceptó. Agarró la brocha con su mano derecha y, divertido, empezó a recrear el gol con sus palabras y con su pulso. 

Así lo recordó en La Noche del Diez

La Noche del 10, el programa que se emitió por Canal 13 en 2005, fue extraordinario por muchísimos motivos. Se lo festejó por ver bien y alegre a Maradona después de una situación límite con su salud. Y entregó capítulos memorables para la liturgia maradoneana. Por ejemplo: sus mejores goles relatados por él. Y, claro, no podía faltar el mejor gol de todos los tiempos. Llegó en el último capítulo, el que salió en vivo desde el Luna Park repleto. Y así lo recreó Diego, que fue hasta el predio de Ezeiza para surcar el mismo camino que había surcado en el Azteca.

Lo último que vio fue el gol de Diego

El fútbol, a veces, entrega capítulos inverosímiles. Y esta es una de ellas. Por el gol. Por el contexto. Y por las miles de historias que entregó. El escritor uruguayo Eduardo Galeano le puso letra a, quizá, la más increíble en Los hijos de los días. Galeano describe la escena del colombiano Manuel Alba Olivares, que tenía 11 años para el Mundial de 1986, uno de sus últimos recuerdos visuales. Es que el 20 de octubre Manuel Alba Olivares perdió la vista. “Desde entonces -escribe Galeano- para ver fútbol y otras cosas no tan importantes, Manuel pide prestados los ojos de sus amigos. Gracias a ellos, este colombiano ciego fundó y preside un club de fútbol, fue y sigue siendo director técnico del equipo, comenta los partidos en su programa de radio, canta para divertir a la audiencia y en los ratos libres trabaja de abogado”. Eso sí: “Ha guardado el gol intacto en su memoria, y lo relata mejor que los mejores locutores”.

De dónde nació el «barrilete»

El inolvidable relato de Víctor Hugo Morales le puso más brillo al gol de Maradona. Pero aquello de «barrilete cósmico», esa metáfora que parece sólo un mensaje poético, esconde una historia que se enmarca en la grieta futbolera argentina: la de César Menotti y Carlos Bilardo. Es que antes del Mundial, Menotti dijo sobre Diego «Si Maradona deja de vivir como un barrilete, que si voy o no voy, puede ser la figura del Mundial». Víctor Hugo estaba enfrentado con Menotti y era de los pocos defensores públicos que tenía Bilardo. Por eso venía preparando un mensaje contra el ex DT de la Selección. Lo lanzó el momento justo y para siempre: «Barrilete cósmico ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés?».