En 2014, un grupo de niños palestinos jugaba al fútbol en el pueblo de Kafr Sur. Hasta que perdieron su pelota. Pasó por encima del muro que limitaba con la tierra ocupada. Los soldados que custodian esa frontera no aceptaron el pedido de devolución de los niños. Pasaron más de siete años de esa escena. Pero volvió a tomar valor en estas semanas. La contó en una entrevista por Instagram Cristian Pirovano, el director de la película ¡Yallah Yallah!, que encontró en el fútbol un lente preciso para mostrar cómo se vive en Palestina. 

La anécdota, contada al pasar, como un ejemplo más de las dificultades cotidianas en esa porción de medio oriente, sensibilizó a quienes integran la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino, un amplio espacio que reúne a centenares de socios de diversos clubes en la defensa, la promoción y la visibilización de los Derechos Humanos. “No queremos llevar al fútbol a los derechos humanos, sino al revés, llevar los derechos humanos al fútbol”, explican y resaltan que la pelota puede ser un vehículo ideal de comunicación. Por eso, la propuesta de la campaña #PelotasPorPalestina es iniciar una colecta para la compra de pelotas de fútbol para enviar a diferentes puntos de Palestina.

El aporte se hace a través de una plataforma llamada Cafecito, una aplicación que permite enviar aportes a modo de “cafecitos virtuales” a un valor mínimo de 100$. Entra quienes realicen la donación habrá sorteos de libros y otros beneficios. El objetivo es juntar 1000 cafecitos para comprar 100 pelotas que viajarán a Palestina por intermedio de la embajada, que se encargará de distribuirlas en distintos puntos del país.

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