La dirección corporativa de PepsiCo ha hecho una apuesta estratégica hacia la reducción del costo laboral y para ello repite lo que hacen las multinacionales instaladas en el país, que usan a la Argentina como plataforma de ganancias rápidas. La mudanza que PepsiCo anunció a Mar del Plata no solo busca fortalecer una línea de producción determinada, sino que, principalmente, apunta a reemplazar trabajadores de 45 o 50 años de edad, con experiencia sindical y con un grado elevado de organización, por jóvenes de 25 años sin experiencia sindical y con un grado menor de organización. Es decir, el principal objetivo es la reducción de los costos laborales por la vía de una expulsión del personal menos dispuesto a aceptar esas nuevas condiciones porque tiene una mayor conciencia de sus derechos y por lo tanto, mayor resistencia sindical y política.

Esta resistencia choca contra la lógica de las multinacionales, de crear ambientes sociales que aseguren elevados niveles de ganancias, rapidez en su obtención y facilidades para su remisión al exterior a favor de los accionistas. Es similar a la forma como se mueve el capital financiero y el extractivo. Cuando esas condiciones no se dan, apelan a la reducción de costos o a la ayuda del gobierno.

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Este comportamiento es estimulado por el modelo económico que busca abaratar el costo laboral y que en caso de que haya una respuesta sindical, apela a la represión para acallarla. Estamos en presencia de un modelo económico que es funcional a las grandes empresas.

La empresa va a trasladar la producción, total o parcialmente, a Mar del Plata en busca de menores costos laborales, en un establecimiento con trabajadores con menor tradición sindical y de lucha, y que cuentan con menos herramientas políticas de intervención. «