El plan siempre está bueno. Tres días al aire libre, con música y la oportunidad de compartir los feriados de carnaval en las sierras con familia y amigos. Cosquín Rock para muchos ya es un clásico. Desde distintos rincones del país cuando los autos empiezan a llegar cada año a Santa María de Punilla algo los distingue del resto de los turistas: son las banderas, remeras, mochilas del festival o de las bandas que nunca faltan.

Cosquín Rock es una marca en sí misma y en esta 17ª edición lo comprobó, una vez más, con un promedio de 25 mil personas por noche. El público va a Cosquín, más allá de la grilla.

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Con seis escenarios distribuidos en las nueve hectáreas del aeródromo funcionando en simultáneo y un promedio de 60 bandas por jornada, intentar abarcar Cosquín Rock es imposible. El público circula de una punta a la otra, de Juanse a Los Pericos, de Los Violadores a Salta La Banda. En los puestos y la feria de comida los asistentes combaten el hambre y la sed de horas con picnics improvisados pese a los altos precios: hamburguesas «palermitanas» a 150 pesos, cerveza a 130 y fernet a 200, por ejemplo. Punto en contra para el festival que «obliga» a los fans a consumir más afuera antes de entrar, en lugar de incentivarlos a pasar el día desde temprano. Los vasos a 40 pesos, recargables, son una buena idea pero la iniciativa ecológica no se condice con la notoria falta de cestos que dejaba al predio, al cabo de cada jornada, sumido en un basural.

De todo, para todos

En la grilla artística, lo nuevo, lo clásico, lo infalible, la rareza convivieron durante los tres días. Así pudo verse a Daniel Osvaldo haciendo su debut con Barrio Viejo, Fito Páez desempolvando viejas gemas como «A las piedras de Belén», Los Guarros celebrando su reencuentro tras 20 años, La Beriso y Ciro honrando el estrecho vínculo que tienen con sus seguidores, Juanse y Los Pericos celebrando sus carreras con tres shows distintos, Pettinato recreando a Sumo, Skay agitando a las masas y Los Fabulosos Cadillacs, poniendo de pie hasta a los muertos. También se vio la muestra de fotos «Rock Seen», de Bob Gruen.

El cierre

La última jornada fue la que más dividió al público entre los dos escenarios principales, con Las Pelotas y La Beriso como broche de oro central y el festejo por los 50 años de rock nacional en el alternativo con nombres que hacía años que no compartían fecha: Javier Martínez, Willy Quiroga, Celeste Carballo y Pedro Aznar, entre otros.

Aunque mucho se especulaba con los cruces entre artistas y la posibilidad de escuchar versiones originales que hubieran alimentado el mito de un festejo memorable, esto no sucedió, aunque no opacó la emoción de la jornada. Sí fue notoria, y comentada entre el público, la ausencia de Litto Nebbia, prócer del rock nacional, en le festejo.

Quien, sin dudas, sintetizó la celebración fue David Lebón que brindó un set con varias perlas de su carreradas. Pescado Rabioso, Seru Giran y Pappo’s Blues fueron algunas de las agrupaciones que lo cobijaron y lo convirtieron en pieza fundamental del engranaje del rock local. Pese a un público entregado, al ruso por momentos le fue dificil mantener el clima ya que, entre cada tema, se escuchaba demasiado fuerte el otro escenario lo que no le impidió seguir su ruta y encantar con sus canciones.

Otro momento emotivo fue el homenaje del domingo al Negro García López. Pese a la polémica desatada en redes sociales por una supuesta desidia en la organización, Pamela, la hija del genial guitarrista y encargada de llevar adelante la propuesta manifestó a Tiempo estar «feliz» por el resultado y agradecida con José Palazzo, principal organizador de Cosquín. «Lloré, grité y bailé… Pasé por todos los estados. Nos trataron muy bien. Detalles hay siempre y más en eventos de semejante magnitud, pero nada que moleste, todo lo contrario. Nos pusieron en un escenario hermoso y en un horario muy importante. Obvio que mi viejo se ganó ese lugar, pero vale aclararlo por comentarios que andan por ahí que nada tienen que ver con lo que siento yo. Gracias José, gracias Nonpalidece y gracias a todos», expresó.

Una pareja con un bebé saltando con Todos tus Muertos, niños a los hombros de sus padres coreando «Capitan América» (Las Pelotas), amigos haciendo pogo con La Vela, una pareja fan de Pappo bailando rock and roll en el set de Soulé fueron solo algunas de las miles de postales que se vieron cada día, y que reflejan lo ecléctico de un encuentro que intenta, y logra, abarcar a la mayor variedad de público en cada edición. «