Es capaz de interpretar al personaje más histriónico ideado para hacer reír con la misma fuerza y profundidad con la que puede meterse en la piel de un villano dispuesto a todo. Esa versatilidad es la marca indeleble de Daniel Aráoz, un actor que sin prisas ni pausas se transformó en un referente de la escena local. Aráoz puso en pausa por un tiempo su carrera cinematográfica –que cada vez le trae mayor reconocimiento en la Argentina y en el plano internacional– para volver a su primer amor: el teatro. MasterAráoz es un unipersonal que recorre parte de su sinuosa vida, pensado para que el público se ría (“si es posible, a carcajadas”) y se olvide de todo durante poco más de una hora.

El cañón y el enano, El mago y el whisky y La curva del caballo blanco a 100 km/h son los nombres con los que bautizó algunas de las anécdotas con las que se sube al escenario del Chacarerean Teatre. En este unipersonal Aráoz da rienda suelta a una construcción que subraya las historias más psicodélicas e histriónicas de su vida.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

“Antes de comenzar formalmente la nota debo decir algo que siempre digo y que hay que volver a decir: el teatro es la madre de todos los actores del mundo. El origen de todas las actrices y actores del mundo viene de ese lugar, que en resumidas cuentas propone una ceremonia primitiva. Por estos días me siento en estado de gracia por reencontrarme con el hecho sagrado del teatro. Hacer este espectáculo es una bendición de Papaito Dios y la Pachita Mama, sobre todo después de todo lo que pasó en el mundo. Volver a subirme a un escenario teatral es algo impagable, y mucho más con una obra que tiene tanto de mí”, dice Daniel Aráoz unos días después del estreno formal de MasterAráoz.

–¿Cuál es el origen de este unipersonal?

–Lo escribimos con mi hijo, Pedro Aráoz, y también nos encargamos de la producción y la dirigimos. Es una propuesta muy divertida y a la vez familiar, lo que hace que me resulte todo más emotivo.

–¿Hace cuánto que no hacías teatro?

–Ufff (piensa)… Creo que lo último que hice fue una temporada de verano en Carlos Paz. Pasó tanto que ni me acuerdo. Por eso también estoy tan entusiasmado.

–En el último tiempo el cine ocupó casi toda tu agenda.

–Estoy teniendo una carrera muy fluida con el padre de la actuación, que es el cine. El teatro y el cine, madre y padre de la cosa respectivamente, son los dos grandes referentes para mí, las dos cosas trascendentales del trabajo de los actores y actrices. Yo nunca quise dejar de hacer teatro, eso quiero aclararlo. En realidad, me vi imposibilitado de encarar esta disciplina por razones de agenda. De hecho, me ofrecieron para encabezar cinco obras durante los últimos años y no las pude hacer por el tiempo.

–¿Desde el primer momento pensaron MasterAráoz como un unipersonal?

–Sí, más allá de que teníamos otras ideas, lo nuestro siempre fue pensado así. Durante la pandemia estuvimos dando vueltas sobre un unipersonal, con varios cuadros y cosas diferentes, pero finalmente triunfó el concepto de MasterAráoz. El espectáculo es una especie de masterclass de comicidad, donde transito todo de una manera muy íntima. A partir de eso cuento una época de mi vida desde que era chico hasta los 30 años, aproximadamente. Fue muy potente encontrar algunas anécdotas que estaban ahí, habitando en mi cabeza durante años, quizás esperando para salir de ahí (risas). Más allá de eso, también trabajamos sobre la cuestión de cómo se genera la comicidad, como si fuese un workshop de cómo hacer reír. No quiero spoilear, me gustaría que los lectores vengan a ver MasterAráoz y saquen sus propias conclusiones.

–¿Cuánto tiene de catarsis hacer esta obra?

–El resultado de lo que verán arriba del escenario tiene que ver con lo íntimo de las anécdotas que cuento. Todo lo que enuncio es real porque mi vida es la que está en eso, en los relatos. Ahí se conjugan cosas como el éxito de mi paso por la televisión con La Noticia Rebelde, luego mi lugar en el elenco de Antonio Gasalla junto al éxito que fue todo eso, sumado al posterior fracaso que también experimenté volviendo a la casa de mis viejos… En todo eso hay historias y metáforas de mi vida. Así que se puede decir que hay mucho de catarsis porque está mi vida sobre el escenario en una época muy específica y concreta. Si bien la palabra catarsis es muy psicoanalítica, creo que se ajusta muy bien a lo que significa la obra. Hay sobre el escenario historias que tienen que ver con mi proceso de búsqueda que espero les sean útiles a las nuevas generaciones.

–La idea central de MasterAráoz es la de hacer reír. ¿Sentís que como sociedad no nos estamos riendo demasiado?

–Es verdad que por todo lo que pasa en el planeta Tierra, nosotros en la Argentina y el resto del mundo, no tenemos muchos motivos para reírnos. Pero creo en el poder sanador de la risa. También del llanto, porque son estados muy presentes y necesarios en la vida. Yo quiero aportar mi parte a toda esa situación. Me pasé todo este tiempo con ganas de que el público real viera la obra para que se pudiera reír, algo que estamos logrando en cada función y a carcajadas. Y se cumplió el objetivo de divertirnos, porque eso también era un desafío para nosotros.

–El humor es algo que se transforma casi de manera permanente. ¿Lo sentís así en estos tiempos?

–Yo creo que el humor se ha deconstruido como parte de ese cambio que mencionás. En el humor y la comicidad había mucho lenguaje de patriarcado, y eso se fue evaporando. Mi forma de comunicarme con las nuevas generaciones está basado en el absurdo, el esperpento, lo grotesco. He recorrido y estudié mucho sobre el humor, algo que también trabajé muy concienzudamente. En otros tiempos, junto a Norman Briski, le dimos forma al Frente Cómico Popular, trabajé en el Parakultural y transité el underground de los ‘80 en Buenos Aires junto a Batato Barea, Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese… Había una manera potente de ver al humor que todos teníamos y que nos formó con una base muy sólida. Fue la escuela de los ‘80, la que sigo transitando y a la que homenajeo en MasterAráoz.

–En el cine te convocan mucho para componer personajes dramáticos. ¿Qué es lo más atractivo de interpretar a villanos?

–No me ato a ningún tipo de personaje. El actor tiene que ser versátil. No mido si el personaje es bueno o malo. Ni siquiera creo haberlo pensado en otros tiempos menos agraciados de mi carrera. Lo que sí evalúo son las metáforas que cuentan los personajes y cómo se relacionan con eso. Ya tengo hechas unas 27 películas, creo que se puede ver mi tránsito por el drama y la tragedia, algo que puede pintarme bien para quien me conoce y para los que no.

–¿Te resulta llamativo que tu lado cómico no haya tenido su oportunidad en el cine?

–Es verdad que todavía no hice ningún trabajo referido a la comicidad en el cine, pero siento que ya vendrá la oportunidad. Si hay algo que aprendí en este oficio es a ser paciente. De todas maneras, lo que pasa es que he logrado ser reconocido fuera de la Argentina por todo lo dramático que filmé; entonces, cuando los que ven cine me conocen en persona, todo se vuelve muy divertido y automáticamente nos reímos mucho. Ese es el trabajo y el oficio del actor que tiene siempre sus dos caras, y que en lo particular siempre me gustó tanto.


MasterAráoz

Guión y dirección: Daniel Aráoz y Pedro Aráoz. Elenco: Daniel Aráoz. Funciones: viernes a las 22:30 en el Chacarerean Teatre: Nicaragua 5565.

Aprender a cocinar y regalar alegría
Si bien el paso por la televisión, el cine y el teatro transformó a Daniel Aráoz en una figura reconocida mediáticamente, lo cierto es que su participación en MasterChef (el reality de cocina de Telefe que lo tuvo entre sus participantes más notorios) le permitió acaparar la atención en el primetime televisivo semanal y en plena pandemia. “Haber estado en ese programa me dio una relación muy buena con la gente, pero especialmente con los más chiquitos de las familias y eso es maravilloso. Es algo difícil de explicar, porque ellos tienen una pureza que es muy frontal, algo que luego los adultos van perdiendo. Nunca viví mi paso por MasterChef como ir a un reality, sino que fui a aprender a cocinar y como objetivo llevar comicidad a la pantalla. Estábamos en medio de una pandemia y lo único que pretendía era regalar un poco de alegría. En nuestro país estamos todos saturados de las peleas y de la rabia de unos para con otros, la grieta y todo lo demás. Siento que llevé alegría finalmente, y que fue algo que se logró, que se pudo alcanzar en un contexto sanitario que pedía a gritos un poco de felicidad”, destaca el actor.

Pandemia, reflexión y después

La pandemia para Daniel Aráoz resultó ser un poderoso movilizador para encarar un proyecto como el que hoy representa MasterAráoz. Aliado a la reflexión y lejos de deprimirse por la situación mundial imperante, el cordobés se volvió más creativo en esos días para ponerle buena cara al mal tiempo.
Así recuerda sus días en la pandemia: “El mundo cambió. Millones descubrimos lo importante que es el trabajo de la ciencia, es algo que tenemos que valorar y cuidar porque salva vidas. Pero el Covid sigue ahí afuera y el mundo es otro. Eso debería tener un significado para todos nosotros, sobre todo relacionado a qué camino deberíamos seguir como humanidad. No debería ser el de la guerra, como ahora vemos a diario y cuyo resultado final es impredecible. La pandemia nos recordó que somos muy frágiles. Casi de la nada viene un virus y mata a millones y millones de personas en todo el mundo sin disparar ni un tiro. Debemos crear un mundo más unido, ojalá tomemos conciencia de que los humanos somos algo pasajero».