Parodia de la mitificación del fútbol y del western, el film reconoce innumerables detalles de la afición y el ritual del mundillo del fútbol y su tradición barrial, a su vez  que encaja en el género invento exclusivo de los norteamericanos. Todo, con el trasfondo bíblico del Nuevo Testamento, con la historia de Jesús de por medio y en plena Pascua.

La arbitrariedad de la injusticia típica del western será resuelta en un duelo, que será futbolero, en cancha chica y de tierra, y una pelota casi de trapo. Entre esos registros que a pesar de la parodia no caen en la crítica costumbrista, el film se desenvuelve con gracia y comodidad. Está bien planteado y juega con el momento culminante del western, que en las películas del género (y también en los clásicos, pero con otro estilo) duran un montón. Al igualar los ámbitos en vez de construir las equivalencias, pasa demasiado tiempo, en cuanto a generación de imágenes y secuencias, para el partido final del fútbol, siempre difícil de filmar cuando se trata de registrar jugadas preestablecidas y no contar con profesionales de la pelota.

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Podría decirse que los pilares conceptuales del film están en la camiseta de Jesús, que a diferencia de lo que podría esperarse usa la 7 y no la 10, como si lo suyo estuviera más cercano a la locura que a la divinidad (o que ambas se semejaran), y en el discurso que pronuncia el personaje de Juan El Bautista (el Ruso Verea): es el que el Flaco Menotti les dijo a sus jugadores antes de la final del Mundial 78, que por reiteración, asocia más a la actitud de un mesiánico que a la de un profeta como fue El Bautista.

El Hijo de Dios. Un western bíblico-futbolero (Argentina, 2015). Guión y dirección: Mariano Fernández y Gastón Girod. Con: Paulo Soria, Juanki Lo Sasso, Ignacio Ballone, Bruno Alcón, Agustín Repetto, Marina Artigas, Jorge Sesán, Marcos Ferrante, Gerónimo Espeche, Martín Tchira, Mario Vedoya, Norberto “Ruso” Verea. 92 minutos.

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