Una de las imágenes más perdurables que ha generado el primer peronismo es la de Evita vestida con traje sastre Príncipe de Gales, una joya alrededor del cuello y nimbada de un rodete sencillo que atendía personalmente a las y los humildes en la Fundación que lleva su nombre.

Desde esa trinchera y de acuerdo a las necesidades de su pobrerío, Evita donaba y repartía tan pronto viviendas, dinero, bicicletas y juguetes para los niños; zapatos, vestidos, vacaciones, sidras, pan dulces para las familias como las emblemáticas máquinas de coser para las mujeres. Asimismo, policlínicos, hogares de tránsito para niñeces y juventudes o alojamientos para madres solteras y hasta una mágica Ciudad Infantil cuyo ingreso parecía al de un cuento de hadas fueron jalonando la obra de la Fundación.

Ese es el marco elegido para La Descamisada, Evita y vos frente a frente, el unipersonal interpretado por una potente y conmovedora Gimena Cos y dirigido Noel Nazarena Ponce que imagina una jornada de trabajo en el despacho favorito de Eva Perón a la vez que invita al público a compartirlo con Ella.

El escenario no podía ser más adecuado. No solo porque de seguro era el lugar donde Evita hubiera querido ser recordada, sino porque pocos contextos han provocado corrientes de afecto, odio, adhesión y crítica a intensidades semejantes. Es el topoi paradigmático donde se desatan y se juegan antinómicamente los conceptos, sentimientos y prejuicios más viscerales a favor o contra el peronismo: ¿justicia social o demagogia?  ¿despilfarro de recursos o ayuda social? ¿resentida venganza o un poco de redención a tanta pena?  ¿populismo en su máxima expresión o entrega sin ambages de cuerpo y corazón al Pueblo?

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Para el desarrollo de su ficción, la dramaturgia de Homero Bimbo se nutre de textos de y sobre Evita. Así campean el infaltable “La razón de mi vida” -que, entre tantas subversiones, se suele olvidar que propone en su capítulo LI juna asignación universal por ama de casa y por hijo en el hoy lejano 1951. O  “Mi hermana Evita”, el libro de Erminda Duarte que recuerda una Eva niña que recibió como único regalo de toda su niñez una muñeca con una pierna rota fruto de incontables horas de Juana Ibarguren en la máquina de coser. ¿La escena explica la torturante preocupación de Evita por los niños, las madres solas y los grasitas y la desmesura de la Fundación o es solo una vulgar escena melodramática?”. ¡Sí, claro que es melodrama. Todo en la vida de los humildes es melodrama… Melodrama cursi, barato y ridículo… Para los hombres mediocres y egoístas. ¡Porque los pobres no inventan el dolor, ellos lo aguantan!”, respondería Evita desde las páginas de la citada “La razón de mi vida”.

También hay reminiscencias de los discursos fanáticos, las frases emotivas (“Yo sé que, dentro de muchos años, cuando los argentinos se dejen acariciar por el recuerdo, llegarán a estos años de nuestra vida y dirán. Entonces éramos más felices, Perón estaba con nosotros”). Y no faltan las las diatribas pronunciados contra la oligarquía vendepatria que desde sus guaridas asquerosas atentan contra el pueblo y la nacionalidad, Porque en la ficción de Bimbo, Evita no solamente recibe a las y los desposeídos sino también a un despiadado empresario que vendió mobiliario de madera de baja calidad porque servía para cama de pobres. Y finalmente, en lo que parece un presagio, Evita conversa con la Patria que, en pocos años verá derramar la sangre de sus hijos o que, olvidada del terrorismo de Estado, se entrega en los brazos del neoliberalismo.

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De esas y múltiples maneras, la obra de cincuenta minutos logra un cuadro que refleja las facetas de Evita que se han instalado en la memoria colectiva y a la cual diversas biografías, documentales y/o ficciones han insistido en instalar: la Evita compasiva, la arrogante, la puteadora, la solidaria, la mártir. Y en ese espejo, no podía faltar la Evita acosada por el cáncer.  Aquella que un texto de la periodista y escritora Julia Prilutzky Farny insinúa con delicada poética:

“Muchas veces me preguntan cuál es el recuerdo más vivo que conservo de Eva Perón. Y suponen que voy a evocar alguna entrada en el Teatro Colón, o en la Conferencia Interamericana de Mujeres. Un vestido de tul rosa o una gran capa con una capucha bordeada de armiño. No. He visto muchas veces a Eva en momentos brillantes, rodeada, reconocida, aplaudida, llorada… Pero mis imágenes son otras… El trabajo en la Fundación duraba horas y horas… Y así durante días. Sin horarios… Llegaba un punto en el que probablemente comenzaba a sentir dolores. Sin duda, el cambio, el andar, el volver era una manera de disimular. Pero había un momento cuando el cansancio era más fuerte. Y entonces se arrodillaba en una silla, con los brazos sobre el respaldo. Como un reclinatorio. Supongo que eso le servía para estirar la columna. Y para que le doliera menos. Claro, la persona a quien estaba atendiendo se cortaba mucho. Y no hablaba más. Y entonces, Eva sonreía: ‘No, no, señora. Por favor; sígame explicando. No se preocupe. Si yo la escucho…´ Tal vez es ésta la imagen que yo rescato como la más entrañable-¿la más brillante?- de Eva Perón”.




La Descamisada, Evita y vos frente a frente

De Homero Bimbo con Gimena Cos. Dirección: Noel Nazarena Ponce. Última función: sábado 28 de julio. Belisario Club de Cultura. Av. Corrientes 1624 (CABA).

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