La trata de personas es el nervio central de una historia que pega fuerte. Bajo el manto de un género como el thriller, la directora Alejandra Marino construyó Ojos de arena, una película que interpela desde el drama para transformarse en una historia donde lo social siempre está presente.

Todo comienza con las figuras de Carla y Gustavo. Ella es psicóloga forense y alguien se lleva a su hijo cuando protegía a una joven víctima de la trata. La desaparición de ese niño no fue casual e intentar encontrarlo se convertirá en la obsesión de sus atribulados padres.

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“Poder hacer una película como ésta es motivo de una profunda alegría por un lado, pero también nos lleva a tener mucha conciencia del momento en el que vivimos. Esta no es una coyuntura normal de la humanidad porque estamos en medio de una pandemia global. Más allá del logro del estreno y lo que conlleva, nos movemos con mucho cuidado y prevención. Afortunadamente vamos a estrenar en una sala de cine”, aclara Alejandra Marino con respecto al inminente estreno de su film.

Ojos de arena surgió por el interés de la realizadora de visibilizar un tema tan dramático como la trata de personas. “Los medios suelen llevar este tema desde el lado del impacto morboso. Pero son cientos de niños y niñas cooptados por las redes de secuestro y quise mostrarlo desde otro ángulo. Con Marcela Marcolini comenzamos a escribir esta ficción motivadas por una profunda preocupación y por eso decidimos crear una trama donde los personajes centrales buscan la energía para encontrar pistas que los lleven hacia sus seres queridos”, revela la directora.

El film de Marino transita desde un principio una atmósfera profundamente dramática, que lentamente gira hacia una dinámica donde flotan las preguntas. “La historia comienza de una forma, pero luego vira hacia un género  como el thriller, algo que fue buscado desde una principio para desarrollar la trama. Hay un cruce de estilos que permite que el espectador pueda seguir pistas e indicios que los vincula con los personajes”, sostiene la realizadora.

Desarrollar la problemática que exhibe Ojos de arena implicó una investigación importante. Marino explica que “para escribir el guión tuvimos que indagar en forma sistemática, sobre todo porque queríamos ir más allá de conocer la connivencia de los poderes para que la trata se desarrolle. En la trata siempre hay poder como algo innegable, por eso queríamos construir personajes acordes que nos llevasen a ver cómo funcionaban ciertos roles en el interior de las mafias, y no solamente exhibir la cuestión policial. Por eso la investigación que realiza la pareja protagonista de la película comienza cuando se da cuenta que nadie los va a ayudar. En definitiva, terminás sabiendo por medio de lo que investigás que existe un entramado muy grande, y que realmente si quisieran desarticular algo desde el poder lo podrían hacer. No existe la decisión de terminar con la trata porque se maneja un gran valor económico. En la película, la dinámica de los personajes se da por sus vínculos, y está centrada fuertemente en las consecuencias que genera el sufrimiento que despierta la desaparición de un hijo en la pareja de protagonistas”.

En cuanto a la realización del film, para la directora fue fundamental trabajar con un equipo marcado por la equidad: “Nunca está demás aclararlo, pero me enorgullece decir que una película como esta esta contó con un equipo donde nos importó la paridad de género. Es que se trata de una instancia que me pareció y me parece un factor indispensable para que mujeres y personas no binarias cuenten con oportunidades iguales. Y así lo hicimos”, concluye la responsable de Ojos de arena.


Ojos de arena

Una película de Alejandra Marino. Guión: Marcela Marcolini y Alejandra Marino. Actúan: Paula Carruega, Ana Celentano, Joaquín Ferrucci, Victoria Carreras y Manuel Callau. Estreno: este jueves en el Cine Gaumont y Cine.ar.