Richard Coleman es una marca registrada del rock local. No es objeto de tatuajes, banderas, ni cantos de tribuna. Pero desde mediados de los 80 su presencia en la escena resultó difícil de pasar por alto tanto, tanto para el público como para sus colegas. Desde Fricción a Los 7 Delfines, pasando con su colaboración con Charly García y su intensa amistad y asociación profesional con Gustavo Cerati.

Más allá que siempre fue el núcleo creativo, voz y cara visible de todos sus proyectos, en 2011 lanzó su carrera solista y alcanzó más repercusión que nunca. También demostró una gran capacidad de trabajo. Mientras muchos colegas generacionales se entregaron a la complacencia de sólo tocar en vivo, Coleman multiplicó su actividad en para grabar “Siberia Country Club” (2011), “A Song Is A Song” (2012), “Incandescente” (2013) y el doble en vivo “Actual” (2016).

El ex Fricción y Los 7 Delfines no se detiene y esta noche inaugurará un ciclo de tres shows acústicos en Bebop Club. Mientras tanto, ya está grabando lo que será su quinto disco solista.

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–Tu música siempre fue muy eléctrica. ¿Cómo te llevás con el formato acústico?

–Bien. Empecé a tocar solo con una acústica poco antes de editar mi primer disco solista. Fueron meses de introspección y en ese momento me pareció una buena idea presentarme ante el público de esa manera. Cada tanto me gusta retomar ese plan. Pero administrado. En Capital Federal suelo hacer un ciclo al año y cada tanto lo llevo al interior. Me gusta que sea algo especial. Para mí son encuentros diferentes, más íntimos. 

–¿Probar ese formato en aquel momento influyó en tu carrera solista?

–Me sirvió como artista y como persona. Encontrarte con el instrumento frente a un grupo de personas es un momento especial. Ahora me parece más natural. Lo disfruto. Pero al principio me resultaba un poco raro. Nunca fui un tipo de fogón. Nunca dije: “tomemos unas cervezas y toquemos algo al lado del fuego” (risas). Pero mandarme solo me vino bien para encontrar momentos expresivos nuevos. No sé si componer diferente, pero si entender las canciones desde otro lado.

–En la era de los unplugged Los 7 Delfines eludieron ese formato.

–No grabamos ningún disco con esa etiqueta, es verdad. Aunque algún show hicimos. Tampoco queríamos quedar tan afuera de los tiempos. Pero en realidad en los unplugged lo único que no se enchufaba eran las sillas (risas). Eran mentira.  

–¿Qué repertorio vas a hacer en este ciclo?

–El no tener que sostener los arreglos me libera de un montón de ataduras. Puedo elegir las canciones que quiera. La lista de temas va a ser diferente cada noche. Voy tomar algunos de mi carrera solista, una variada selección de covers, cosas de Fricción y otras de la primera época de Los 7 Delfines. Esto último hace mucho que no lo hacía, creo que la gente lo va a sentir como un guiño especial. También van a venir invitados. Pero en estos tiempos sin sorpresas prefiero guardarme esa información (risas).  

–Paralelamente estás grabando tu nuevo disco solista. ¿Qué nos podés adelantar?

–Recién estamos registrando las bases. Estoy con la misma banda que me acompaña desde “Siberia Country Club”. Seguramente tendremos invitados. El productor es Juan Blas Caballero, alguien con quien habíamos hecho alguna cosita juntos pero nunca un disco entero.

–Vos tenés mucha experiencia como músico y también como productor. ¿Qué buscás cuando convocás a un productor?

–Una oreja externa es fundamental. Se necesita alguien que no esté involucrado en las canciones desde su gestación. Alguien con el oído fresco que detecte la belleza que a uno puede pasar por alto porque se obsesionó con un arreglo que quizás no es esencial. Juan en particular sabe mucho y me da la oportunidad de aprender e intercambiar información. 

–¿Hay una nueva dirección en las composiciones?

–Suena bastante diferente. Tampoco quiero decir que no me van a reconocer. No pasa por ahí. Pero retomo ciertas búsquedas que había abandonado hace algún tiempo. Particularmente en “Incandescente” me centré mucho en el formato canción. Ahora hay una situación un poco más rítmica y los desarrollos instrumentales son más trabajados. También juego un poco más con las estructuras. Me gustaría que la gente al escuchar perciba canciones, pero que después encuentre muchas cosas más. 

–Últimamente algunos músicos locales de mucha trayectoria dijeron que el rock argentino está prácticamente muerto, que no aparecen nuevas propuestas de valor. Vos curaste un compilado de grupos nuevos para el sello Geiser. ¿Qué opinión tenés al respecto?

–Fue muy divertido hacer el compilado. Tuve que escuchar más de cien canciones. Elegí las que más me gustaron, aunque no fueran las más representativas de cada banda. Con respecto al rock… Yo no sería tan categórico. Es cierto que a veces prendés la radio y te querés matar. Pero las cosas buenas hay que irlas a buscar. El rock es bipolar. En algunos momentos está pleno de euforia y en otros no quiere salir de la cama. Pero nunca muere. No hay que preocuparse. Hay que saber buscar.

–Estás por empezar un programa de radio. ¿De qué se va a tratar?

–Empiezo este lunes. El programa se va a llamar “Un lugar con parlantes”, celebrando la letra de Gustavo (Cerati), y se va a emitir de 22 a 24. La idea es sencilla: pasar la música que a mí me gusta, explicar alguna cosita y compartir. Entre los 10 y 13 años escuchaba mucha radio. Después empezaron a pasar sólo música comercial y me alejé. Volví con el “Submarino Amarillo” y “Radio Bangkok”, que eran programas bárbaros. Estoy muy entusiasmado con esta aventura. 

–En “Incandescente” tuviste a Skay como invitado. Mucha gente no conocía esa relación.

–No somos amigos. Tampoco voy a presumir de eso. Somos colegas con muy buena onda. Nos cruzamos miles de veces cuando salíamos a la noche. Y fue un honor que me dijera sí cuando lo invité a grabar en el disco. Siempre me gustó su estilo y forma de tocar. Incluso iba seguido a ver a los Redondos, hasta que llegó un momento en que se hicieron tan masivos que no se podía ir.

–¿Extrañás a Cerati?

–Extraño a mí amigo. Ahora bajó un poquito la cosa, pero la tristeza sigue estando. Me hubiera encantado poder mostrarle los demos del disco nuevo. Que me dé su opinión, reírnos juntos… Siempre hubo mucho humor en nuestra forma de ver las cosas. Es imposible no extrañarlo. 

–También tocaste con Charly. ¿Pudiste escuchar “La máquina de ser feliz? ¿Qué te pareció?

–Sí… Escuché la canción un par de veces. La verdad… Qué sé yo. En realidad… ¿Tanto lío por un tema de Charly? Esperemos al disco y después hablamos. Te lo digo por experiencia: los primeros cortes no suelen ser lo mejor. La respuesta va a estar en el disco. 

Richard Coleman acústico. Jueves 9, 16 y 23 a las 21 en Bebop Club (Moreno 364, Capital Federal).