“Señores y señoras, nosotros tenemos más influencia con sus hijos que tú tiene. ¡Pero los queremos! Creado y regalo de Los Ángeles… ¡Juana’s Adiccion!”. Así, con un castellano inviable y el riff rompedor de “Stop!”, abría Ritual de lo Habitual (1990): el mejor disco de Perry Farell & Cía., uno de los más influyentes de los ’90 y el ariete de lo que muchos consideraban una revolución en ciernes. Eran tiempos en los que no existía Internet, las redes sociales ni el streaming. Conseguir el CD en la Argentina exigía paciencia y determinación, pero darle play pagaba todo esfuerzo porque funcionaba como un fósforo frente a un reguero de pólvora.

Jane’s Addiction no cruzaba géneros o subgéneros de una manera ostentosa. Sin embargo, su abanico de influencias rock resultaba particularmente amplio y la convicción con la que el grupo las desplegaba sorprendía a propios y ajenos. Perry Farrell trabajaba su voz con ecos y sobregrabaciones, Dave Navarro podía alternar riffs incisivos con capas y capas de guitarras fantasmales, Eric Avery construía líneas de bajo monumentales –que inspiraron al mismísimo Flea– y Stephen Perkins era un baterista que siempre buscaba correrse del lugar común. Las canciones de Ritual de lo Habitual desafiaban gran parte de los estándares de la época por sus letras, cambios de clima y/o desarrollo. Estaba todo listo para que se transformaran en la nueva gran banda, pero las tensiones internas y un huracán llamado Nirvana cerraron esa oportunidad histórica para siempre.

Fabrizio Pedrotti escribió El ritual de Jane’s Addiction (Gourmet Musical, 20), donde analiza en detalle el álbum, la banda que lo hizo posible y el contexto musical y social en el que se grabó y editó. El libro cuenta con un prólogo de Perry Farrell y testimonios de Dave Navarro, Eric Avery, Stephen Perkins, Chino Moreno (Deftones), Henry Rollins (Black Flag) y Corey Glover (Living Colour), entre muchos otros.

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-¿Qué hizo de Ritual de lo habitual el mejor disco de Jane’s Addiction y uno de los mejores de los ’90?

-Musicalmente tiene una combinación de estilos difícil de encontrar en otros discos. Hay momentos de punk, progresivo, dub, gótico, klezmer, heavy y pop. Así y todo, es cohesivo. La banda no se preocupó por la duración de los temas (hay canciones de once, ocho y siete minutos), y se los nota más maduros que en Nothing’s Shocking. Es raro que hayan creado algo tan uniforme con elementos tan distintos. El bajo de Eric Avery suele hacer el riff, y la batería de Stephen Perkins es tribal. Dave Navarro es virtuoso nada más cuando tiene que serlo, a diferencia de otros discos (“Then She Did…” dura ocho minutos y no tiene ningún solo, porque sentía que no lo necesitaba). En las letras hablaban del racismo, el suicidio, el SIDA, el paganismo y la aceleración de la vida. Pero no predicaban, sino que contaban la realidad desde sus ojos y dejaban que el oyente pensara. Me parece que un verdadero artista no puede escapar a lo que pasa alrededor, y este disco es un gran ejemplo. Perry Farrell se empapaba del contexto sociocultural, incluso en las esferas ajenas. Corey Glover (Living Colour) y Angelo Moore (Fishbone) lo explican en el libro: sin ser afroamericano, él se puso en su lugar y contó sus realidades.


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-¿Qué temas te parecen los más representativos del disco y por qué?

-La canción que resume todo es “Three Days”. Es un tema de once minutos que pasa por varios climas y géneros, pero que recién explota al final. Hace tiempo se popularizaron las “video reacciones” en Youtube, y me gusta ver la sorpresa de la gente cuando faltan menos de dos minutos y llega el clímax. También elegiría a ”Stop!” porque es la cara desenfrenada de la banda. Habían explorado ese aire punk en el disco anterior, y acá apareció más pulido. Y tampoco dejaría de lado a “Been Caught Stealing”, porque es un tema radiable, pero irónico.

-Treinta años después, ¿cómo envejeció Ritual de lo habitual?

-Muy bien. Podría salir hoy y no quedaría fuera de contexto. Eso habla mal de nosotros (¡porque seguimos con los mismos problemas!), pero hace que siga vigente. “Stop!” podría haberse escrito en esta pandemia, y “No One’s Leaving” sería un buen retrato de los disturbios raciales de principios de año.

-¿Por qué Jane’s Addiction no logró volver a ese nivel de originalidad e influencia?

-Creo que son varios factores. El primero es el tiempo y espacio: la coyuntura influye un montón en el arte. Si los mismos cuatro hubieran estado en Alemania o en Brasil (en lugar de los Estados Unidos), hubiera sido muy diferente. Igual que si lo hubieran grabado en EE.UU. pero quince años después. En el disco se siente ese aire de Ronald Reagan de principios de los ‘90. En segundo lugar, Ritual de lo Habitual no podría haberse hecho si la banda no hubiera pasado por esa etapa de hormonas y caos. Por suerte, los humanos evolucionamos y a veces aprendemos de nuestros errores. Lo bueno es cuando, además de superar esos obstáculos, salimos con un puñado de buenas canciones. Por último, creo que la verdadera magia se da una o dos veces. Bram Stoker escribió bastante, pero nos dio un Drácula.

-¿El grunge mató a Jane’s Addiction y la revolución del rock alternativo?

-Me parece que cada ciclo agota su fórmula después de un tiempo. Aunque hoy haya bandas de punk, el movimiento original duró un año. Es una locura, porque fue un período minúsculo. Lo mismo con el glam, el grunge, el britpop y el nu metal: las escenas se difuminaron, y está bien que la música mute. La clave es reconvertirse y seguir siendo interesante a pesar de las tendencias o las modas. Pearl Jam pudo, Stone Temple Pilots a medias; y grupos como Radiohead, Tool y System of a Down se hicieron más grandes que la etiqueta de “alternativo”. Soy optimista y sé que va a haber muchas más revoluciones y que no está todo inventado, por más que nos digan lo contrario.

-En los ’90 bandas como Jane’s Addiction, Primus, Faith No More y Fishbone, entre otras, eran parte de lo que se denominaba rock alternativo. ¿Fue el subgénero más creativo de esa década? ¿Por qué se diluyó más rápido que otros?

-Sí,fue el más creativo porque juntó corrientes que no se habían cruzado. Esas bandas alternativas encajan bien, pero ninguna es realmente parecida. Es algo que excede lo musical, y que tiene que ver con la forma de pensar, la manera de hacer las cosas y el mensaje. El arte está en lograr que todos los géneros convivan armónicamente en ese resultado final. ¿El metal puede mezclarse con una batería afrocubana? Sí, claro. Es una línea muy fina, y acá depende mucho la combinación de las personas. Cada miembro de estas bandas aporta un ingrediente distinto, y por eso sus ausencias son más notorias que en otros géneros.

Ritual de lo Habitual, de Jane’s Addiction, fue editado el 21 de agosto de 1990.