A veces las casualidades hacen que un artista se anime a explorar fuera de su área de confort. Valeria Selinger es argentina y está radicada en Francia. Estudió cine y se dedicó a hacer películas documentales: sólo había tenido una experiencia con la ficción, en un cortometraje, hasta que se encontró con un libro en el que vió reflejada su propia historia, y se animó dirigir su primer largo. “No es igual, pero había puntos en común que me conmovieron”, cuenta la cineasta. “Me enteré de que la autora vivía en París, como yo, y comencé a hablar con ella”. El libro es Manèges, petite histoire Argentine, de Laura Alcoba. En nuestro país fue editado como La casa de los conejos, y de allí el nombre de la película que llega a las salas locales hoy, luego de un recorrido internacional que incluye presentaciones en festivales de Canadá, Ucrania, Estados Unidos y España, entre otros. La ópera prima de Selinger cuenta en su elenco con Paula Brasca, Mora Iramaín García, Darío Grandinetti y Miguel Ángel Solá, entre otros.

La historia se sitúa entre los años 1975 y 1976 cuando Alcoba, siendo niña, junto a su madre y los compañeros de ésta de la organización Montoneros, vivió en una casa de La Plata. Allí funcionaba la imprenta clandestina de la revista Evita Montonera, camuflada entre jaulas con conejos para hacerle creer a los vecinos que se dedicaban a la cría de animales. “Es un libro muy cinematográfico y plagado de imágenes”, explica Salinger, “porque además de estar formado por hechos reales, está armado a partir de recuerdos, lo cual genera una conexión muy grande con lo visual. La lectura me inspiró una película mental, que me dio muchas ganas de adaptarlo”, resume la directora.

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Selinger reconoce que más allá de lo histórico del relato, que muestra la etapa previa al asesinato de Diana Teruggi (interpretada por Paula Brasca), una de las habitantes de la casa y nuera de “Chicha” Mariani, y el secuesro de su hija Clara Anahí, había otro punto importante. Y era la narración desde la mirada de una niña que vivió la intensidad de esa época. “También mi propia infancia tuvo algo de eso, de aquello de guardar silencio”, recuerda la directora. “Esa nena que sabe cosas que no debería saber, o cosas que no deben ser contadas. Por algo en esa época se decía el silencio es salud u otro tipo de propagandas, algo que me marcó mucho. Intenté retratar una infancia que tiene que ver con la mía, pero con algo más intenso, y eso me cautivó”, cuenta la cineasta.

Su primer largometraje la encontró sólida, y Selinger pudo ir construyendo la historia como es debido: “La ficción necesita de mucho más cuidado, porque por tiempos y cuestión de dinero, en unas cuantas semanas  tenes que resolverlo. En cambio el documental es más libre”, reflexiona. “Armé un buen equipo, que se compremetió y se emocionó también con la historia”, acota la directora.

La casa de los conejos tiene un arte muy cuidado. Pero para Selinger, “no era importante que sea de época. Podría haberla ambientado en un futuro, si se me ocurría. No quería una película que hablara de la dictadura, o de los desaparecidos”, aclara. “Justamente lo que pegaba bien es que en muchos países hubo historias que se parecen, que tienen puntos en común: a veces los niños tienen que vivir cosas que por ahí no les corresponde vivir, o no tienen elección. Lo que me gustaba era eso, que era una historia universal, y ese ángulo lo trabajé desde los planos”. Pero reconoce que para que fuera creíble, sí era necesario que la ropa, los colores y ciertos elementos del lenguaje tuvieran que ver con la época en que transcurre el relato.

La cineasta realca que le interesaba especialmente mostrar la inocencia, el nivel de comprensión de la nena protagonista de la historia. “Ella sabe perfectamente lo que está ocurriendo, con ojos de niña de 8 años”, describe Selinger y agrega que “ese es el problema: cuando sabés cosas que no deberías saber, y no sabes qué hacer con eso que sabes”. Para la directora se trata de un tema sensible de la historia argentina, y que si bien resultó importante para la película, eligió abordarlo “desde otro lugar”, explica.

El cine, opina Salinger, es un lenguaje popular. “El cine también es una herramienta de lucha, para sobrevivir, políticas y/o sociales. La pantalla da una sensación envolvente, provoca algo fuerte con distintos estímulos. Desde la fotografía hasta la música, todo puede ayudar a entenderte y a comprender tu entorno. Espero que la película también ayude a entender aquellos años”, concluye la directora.


La casa de los conejos.

Un film de Valeria Selinger, con las actuaciones de Darío Grandinetti, Guadalupe Docampo, Paula Brasca, Mora Iramaín García, Silvina Bosco y la participación especial de Miguel Ángel Solá. Adaptación cinematográfica de la novela homónima de Laura Alcoba. Estrena: hoy. En cines.