Andrea Gamarnik, investigadora argentina, incorporada semanas atrás a la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias; Cecilia Grierson, el nombre elegido para la vacuna nacional contra el covid-19, en un equipo encabezado por Juliana Cassataro. Si algo positivo se puede rescatar de la pandemia es el resurgimiento de la ciencia nacional, tras el ajuste y degradación de los últimos años, y dentro de ese proceso, el rol de las mujeres fue clave, encabezando proyectos estratégicos como el de la vacuna, la realización de kits de testeos o el análisis de genomas y cepas del virus en nuestro territorio. En la práctica, el rol de las mujeres es bastante más invisibilizado que este panorama.

Según el informe global “The researcher journey through a gender lens” presentado en 2020 por Elsevier, una de las editoriales científicas más importantes del mundo, Argentina es el país con mayor protagonismo de las mujeres en el campo de la investigación, alcanzando un 51% de participación. Sin embargo, esta realidad se ve empañada por los prejuicios y los estereotipos de género que persisten y que las hace permanecer en el injusto anonimato, y en los roles más inferiores. Sólo el 14% de los puestos directivos de los organismos de ciencia y tecnología se encuentran ocupados por mujeres.


Lucia Soler

Producto de la bronca y el cansancio, cuatro mujeres de diferentes disciplinas le dieron vida a “Científicas de acá”, un proyecto que avanzó en plataformas digitales con el objetivo de saldar una histórica deuda pendiente: mostrar sus rostros, sus historias, y reconocerlas como parte fundamental de la ciencia. Semanas atrás lanzaron el libro titulado “Historias que cambian la historia” que recupera más de 25 casos que merecen ser reconocidos por su labor en las ciencias. Valeria Edelsztein, Doctora en Ciencias Químicas e integrante del proyecto, recuerda uno de los planteos que dieron origen a la iniciativa: “¿Cómo podía ser que después de 10 años de formación científica sólo conociera a Marie Curie?”.

La idea inicial surgió en un contexto de incertidumbre, pandemia mediante, y con fuerte presencia en el mundo virtual. En marzo del año pasado, la bióloga Julieta Alcain, la comunicadora y editora Julieta Elffman, y Carolina Hadad, especialista en Tecnología, se encontraban cursando la Especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología en la Universidad de Buenos Aires. Allí se conocieron y gestaron esta iniciativa que vio la luz a fines de septiembre y que hoy contagia cada vez más en las redes.

Como primer paso empezaron a compartir habitualmente contenido de mujeres científicas en Twitter. Luego, fueron a buscar a Edelsztein, referente en temas de comunicación científica con perspectiva de género. “Le comentamos el proyecto y se sumó. Ahí se armó este grupo y empezamos a laburar en redes para visibilizar a las mujeres y personas del colectivo trans y no binarie”, relata Elffman.

Las olvidadas de la historia

Como resultado, empezaron a compartir historias y datos de las trabajadoras de la ciencia y la tecnología en su cuenta de Twitter @CientificasAca. Además, arrancaron una movida con el hashtag #MartesDeCientíficas con el que una vez por semana las y los seguidores se suman a visibilizar a distintas mujeres que hacen ciencia en nuestro país. El entusiasmo se contagió rápidamente entre tweets y reacciones de sorpresa ante la enorme cantidad de nombres que la mayoría desconocía.

Según afirman, en Wikipedia, uno de los sitios web más consultados para datos biográficos, “de cada 10 artículos sobre científicos argentinos, sólo 2 corresponden a mujeres”. Este número pone en evidencia la brecha de género. “Si no hablamos de las mujeres científicas no estamos contando toda la historia. Si no visibilizamos los obstáculos a los que se han tenido que enfrentar, y siguen enfrentándose, entonces la ciencia nos va a parecer algo limpio, puro y genial que siempre funciona y siempre está bien. Hablar de esto es importante para empezar a cambiarlo”, enfatiza Alcain.

No sólo se trata de difundir las historias menos contadas sino también de dar a conocer la ciencia periférica, aquella que no tiene lugar en los grandes centros urbanos. Además, buscan mostrar la diversidad que existe dentro del sistema científico, las personas del colectivo trans y no binario, y a quienes trabajan en el territorio, no solo en los laboratorios. “La investigación científica es la búsqueda de respuestas a nuestras preguntas, preguntas que en realidad son problemas. Si las preguntas se las hacen siempre las mismas personas, blancos, cis, hombres, clase media y del ámbito urbano, siempre vamos a hacernos los mismos interrogantes. Si no hay diversidad en las ciencias nunca vamos a responder las preguntas que no nos hacemos”, explica Valeria.


Lucia Soler

Entre las historias elegidas que recuperan en el libro se destacan la de Sa Sa Testa, persona no binaria y magister en estudios de género; Dora Barrancos, socióloga y doctora en Historia; y Hetty Bertoldi de Pomar, una de las primeras geólogas del país. La esencia de Científicas de acá se encuentra principalmente en apostar al foco local, argentino y latinoamericano: contribuir a la construcción de una mirada anclada territorialmente, recuperar una ciencia contextualizada que hable de todos y todas, una construcción humana inmersa en subjetividades, tensiones y luchas.

Entre las mujeres de la ciencia, Alcain siente como inspiración a Sara Rietti, la primera química nuclear de Argentina y una incansable militante de la democratización del conocimiento y del diálogo entre los científicos y la comunidad: “ella creía que la ciencia latinoamericana tenía que en primer lugar beneficiar a Latinoamérica. Para ella, teníamos que cambiar los criterios de evaluación del trabajo científico y darle prioridad a las publicaciones locales. Seguimos pensando que la ciencia de verdad se publica en las grandes revistas científicas pero estas no se interesan en nuestros problemas”.

Techo de cristal

Argentina es uno de los países de Latinoamérica que cuenta con mayor porcentaje de mujeres haciendo ciencia. Sin embargo, hay una distribución de cargos desigual a la hora de acceder a los espacios de liderazgo y la toma de decisiones. Según un relevamiento sobre la Situación de las Mujeres en Ciencia y Tecnología en Argentina presentado en 2020, sólo el 14% de los puestos directivos de los organismos de ciencia y tecnología se encuentran ocupados por mujeres.

“La comunicación y la ciencia es un ámbito que sigue muy masculinizado, la voz de los hombres tiene más peso que la de las mujeres”, subraya Elffman. En el Conicet, el 54% son investigadoras pero tan sólo el 25% de ellas ocupan cargos directivos en institutos. A mayor nivel jerárquico se amplía la brecha de género. Esta imposibilidad de ascender a las categorías más altas de la carrera de investigación se la conoce como “techo de cristal” e incide de forma negativa en sus carreras profesionales.

“Alguien está tomando las decisiones por nosotras y ese alguien son los varones. En la medida en que más entremos en los espacios de poder, más voz tendremos y más se atenderán nuestros intereses y problemáticas a la hora de establecer políticas”, continúa Alcain. También persiste el “efecto tijera”: la participación de ellas en la ciencia va disminuyendo a medida que se avanza en la carrera científica. Detrás de esto se esconde la falta de tiempo que poseen las mujeres para abocarse de forma completa a la vida académica.

Según la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo del INDEC, previa a la pandemia, las mujeres dedican seis horas diarias a las tareas del hogar mientras que los hombres sólo la mitad. Esta realidad se profundizó con la llegada del virus y la cuarentena. En el 2020, el 76% de estas tareas recayeron sobre las mujeres. “El quehacer doméstico, los cuidados de la infancia y de los adultos mayores recaen generalmente sobre nosotras. Esto tiene un impacto directo en nuestras carreras, muchas mujeres terminan cayendo del sistema cuando son madres”, explica Edelsztein.

La igualdad como bandera

Ana María Franchi es la segunda mujer en ocupar el cargo de presidenta en 63 años de historia del Conicet. Es Doctora en Química Biológica de la UBA y hace más de cuarenta años que integra el organismo. Fue una de las fundadoras de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología en 1993 y conoce profundamente las barreras de género que existen en el sistema científico. Desde su lugar, con compromiso y desde una perspectiva feminista, busca revertir y mejorar esta realidad.

“En el Conicet creamos un Observatorio de Violencia Laboral y de Género donde establecimos cuatro oficinas en el interior del país para recibir renuncias de acoso o violencia, la idea es seguir abriendo más. Por otro lado, creamos la Red de Género para mirar qué es lo que pasa dentro del Conicet y empezamos un estudio de las trayectorias de las investigadoras para ver por qué las mujeres son menos promovidas”, afirma Franchi. El año pasado, en el Día Internacional de La Eliminación de las Violencias contra las Mujeres, reafirmó en su cuenta de Twitter su compromiso por la “búsqueda de un sistema científico tecnológico más justo, inclusivo y sin violencias”.

En tiempos donde la ciencia está en el foco de atención, Franchi asegura que el trabajo de las investigadoras argentinas durante la pandemia ha sido fundamental. “Muchos de los grupos científicos que ayudaron están liderados por mujeres. La investigadora Andrea Gamarnik desarrolló en sólo 45 días el primer kit para medir anticuerpos contra el coronavirus. La doctora Juliana Cassataro está desarrollando la primera vacuna argentina contra el covid y Carolina Carillo lidera el equipo del Conicet que desarrolló el neokit para determinar el virus en sangre”, sostiene.

El pasado 24 de febrero, el Senado aprobó la ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación en Argentina que establece un incremento progresivo y sostenido del Presupuesto Nacional destinado a la ciencia y la tecnología con el objetivo de alcanzar, en el año 2032, el 1% del PBI. La ley, además, contempla la promoción del federalismo y la igualdad de género a partir de la participación de las mujeres y el colectivo LGTBI+.

“La ley es una bandera que levantamos los científicos y las científicas durante mucho tiempo. Además es muy importante porque toma en cuenta la federalización, el 20% del presupuesto tiene que dedicarse al desarrollo en las diversas provincias y también habla de la importancia de incorporar los temas de género”, apunta Franchi. Y acota que es imprescindible la tarea de “bajar la ciencia al territorio”, intensificar el trabajo a partir de un anclaje local que pueda dar respuesta a los problemas del país: “La ciencia y la tecnología son un desafío maravilloso y dan muchísimas satisfacciones. Esperamos que con el trabajo que venimos haciendo podamos tener una mayor igualdad de oportunidades”.

*Artículo realizado en el marco del taller de redacción de Tiempo. El jueves que viene arranca una nueva edición taller. Interesadxs pueden escribir a [email protected]