Pablo Galfré es periodista de investigaciones, autor del libro «La comunidad, viaje al abismo de una granja de rehabilitación» (Sudestada; 2017). El trabajo que hizo muestra el funcionamiento de las comunidades terapéuticas como lugares clandestinos de detención.

Investigó internaciones compulsivas y dejó al descubierto que las y los usuarios sufren torturas, vejámenes y muchas otras violaciones a los Derechos Humanos. La obra que realizó denuncia una serie de muertes y suicidios que ocurren continuamente en estos lugares.

«Empecé a investigar sobre comunidades terapéuticas en 2008, cuando publiqué un artículo en la Revista THC que se tituló ‘Rebelión en la granja’. Justo en ese momento el director Sebastián Basalo me había pedido que ponga el foco en internaciones compulsivas y los lugares de rehabilitación de drogas», recordó Galfré, de 45 años, durante la entrevista con Tiempo. «Mi principal objetivo es desenmascarar a Alejandro Merenzon, que es el director responsable de estos dispositivos», denunció.

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«Después, en el 2013, encontré un posteo de Lucas Tabares -que fue usuario de estos dispositivos- que vincula a Merenzon con la comunidad terapéutica San Camilo, yo no había investigado sobre este lugar, pero sí lo sentí nombrar», reconstruyó el periodista. Siguió relatando que «Lucas me contó horrores acerca de esta comunidad, aún mayores de los que yo había escuchado y visto cuando hice mi propio trabajo».

«Entonces, entrevisté a distintas personas. Todas me contaron cosas terribles sobre San Camilo, como reclamos colectivos, incendios y que eran encerrados sobremedicados en celdas», aseguró Galfré. Siguió recordando «cuando me cuentan sobre la muerte de Saulo Rojas y Felipe Mariniansqui -usuarios de estas comunidades- me di cuenta de que tenía que escribir un libro».

Cabe destacar que el libro «La comunidad, viaje al abismo de una granja de rehabilitación» tiene mucho tiempo de trabajo incorporado. El periodista investigó, estudió, vivió muchísimos momentos de tristeza y tensión durante su misión.

«Comencé a buscar casos de internaciones compulsivas, recuerdo que busqué en Google y me apareció este tipo, Alejandro Merenzon», dijo el periodista. Explicó que lo motivó a escribir cuando tomó conocimiento sobre que «están encerrando en celdas -que las llaman lugares de reflexión- a personas que tienen un padecimiento de salud. Allí son vejadas, violan todos sus derechos, lo hice para desenmascarar al responsable de este mecanismo letal que funciona hace décadas».

Presupuesto de Salud Mental

«Las problemáticas más urgentes que hay que atender en estos lugares, que yo los llamo clandestinos de detención, es aplicar la Ley de Salud Mental y que el Estado designe un presupuesto digno», reclamó Galfré. También remarcó que hay una repartición muy injusta: «La Ley marca que el 10% del presupuesto de Salud tendría que ser destinado a Salud Mental; sin embargo, es menos del 2%», enumeró.

«Hay que acabar con los paradigmas del prohibicionismo que no nos han llevado a nada, cuando digo prohibicionismo hablo de la prohibición de las drogas que rige desde 1930-1960, depende de donde lo ubiquemos, rige en casi todo el mundo y que en Argentina lo único que hizo fue empeorar la situación», aseveró Galfré a este diario.

«La falsa guerra contra las drogas no ha llevado a nada», subrayó. Explicó que lo dice porque en realidad «no hay una guerra contra las drogas, sino que la guerra es contra los pobres y los consumidores que, en su gran mayoría, son los que terminan envueltos en el narcotráfico», aseguró el investigador. «Son los perseguidos y marginados, los que consumen las drogas más baratas, no quienes consumen las más caras».

«Una persona no puede solucionar sus problemas de salud mental siendo encerrada, castigada y obligada a dejar de consumir. No es un acto que se pueda realizar de la noche a la mañana, sino que es un proceso y tampoco es necesario porque se puede convivir con los consumos problemáticos», enfatizó Galfré. «Hay que cerrar todas las comunidades terapéuticas que promueven el castigo y el encierro», denunció.

Los hechos más importantes que muestra el libro es la muerte de Saulo Rojas y Felipe Mariniansqui: «Observé cómo se violan los derechos de los usuarios en forma constante, investigué las comunidades San Camilo y San Antonio, eran encerrados por la fuerza en celdas», se quejó el periodista. También dijo que eran internados compulsivamente, «en contra de su voluntad, sobremedicados hasta que se les caía baba de la boca, así permanecían durante semanas y meses».

«Vi cómo eran esclavizados, obligados a trabajar, a armar sus camas, limpiar sus cuartos, limpiar la institución, cocinar, cortar el pasto y las ramas de los árboles», aseveró. Continuó relatando que hasta los usaban «como empleados de seguridad o para jardinería en las casas de los dueños de estos lugares».

Las muertes en el encierro

Las muertes no son ajenas en este tipo de lugares. En febrero de 2021, fallecieron 4 personas en un incendio en el centro Resiliencia San Fernando.

«Registré casos de personas que estuvieron encerradas durante mucho tiempo. Felipe Mariniansqui estuvo encerrado en San Camilo durante diez años. Murió el 3 de junio de 2013 por un hematoma cerebral crónico por un golpe que recibió en esa comunidad tras estar un mes en coma internado en el Hospital Evita de Lanús», recordó con mucha tristeza. Siguió lamentando que once días después, «el 14 se suicida Saulo Rojas en una celda, que ellos en la comunidad la llamaban sala de reflexión. Era una celda de 2 x 2 con un colchón tirado en el piso, sin techo, con cielo a la vista, sin ventanas, recuerdo que fue una noche fría de invierno».

«El Estado resulta cómplice por omisión, le conviene que existan estas comunidades terapéuticas porque no da abasto para atender las cuestiones de salud mental y así se saca de encima a todas estas personas», sostuvo el investigador. «Con respecto a las adicciones a las drogas, no hay centros ambulatorios, no hay casa medio camino, no se realizan internaciones en hospitales centrales», agregó.

Tratamiento mediático de los casos

«Hay que desnaturalizar las violencias sobre las y los usuarios del Sistema de Salud Mental. El periodismo argentino es muy selectivo», señaló Galfré. Además, ejemplificó contando que en los últimos meses «me llamaron de todos los medios nacionales de comunicación por el caso de Marcelo ‘Teto’ Medina, siendo que nunca me contestó ninguno cuando denuncié muertes y gravísimas violaciones a los Derechos Humanos sobre cientos de personas durante décadas», se quejó.

«El único medio de tirada nacional que se interesó en este tema fue Página 12, que sacó diez artículos a lo largo de los años sobre las muertes que ocurrieron», dijo Galfré. Detalló que salieron notas sobre las muertes de «Saulo, Felipe, Franco Ruíz Días, Claudia Alejandra Martínez y Ezequiel Ibarra que murió en noviembre del año pasado ahogado en la pileta de la comunidad Resilencia San Fernando de Pilar; y en febrero de este año murieron cuatro muchachos calcinados en esta misma comunidad».

«Me resulta patético la forma en que los medios de comunicación naturalizan las muertes de personas adictas y pobres», expresó. Continuó asegurando que los medios son cómplices de la violencia que existe «dentro de las comunidades terapéuticas, donde las personas sufren vejámenes, violaciones a todos sus derechos humanos y ciudadanos». Finalizó asegurando que «La razón de vivir» fue y es noticia «porque está Marcelo ‘Teto’ Medina, sino no sería noticia. No les importan las muertes, estos casos siempre son silenciados».