Cientos de robos en escuelas; el asesinato de una niña de cuatro años en la Villa 1-11-14, donde denuncian el crecimiento de la violencia narco; el cierre de los CeSAC en Soldati y Barrio Mugica, por hechos de inseguridad; el crimen de la policía porteña en la estación de subte de Retiro; el asesinato de un hombre en la boca de la estación Lacroze de la línea B; la suspensión de los corsos en Saavedra, Lugano y Barracas por no poder garantizar la seguridad. Son solo algunos de los hechos que acontecieron en los últimos días y que contradicen al jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, quien aseguró que la Ciudad de Buenos Aires «es la más segura de toda Latinoamérica». La declaración fue hace unos días, durante la presentación de la política de seguridad. Lo hizo sin ministro de Seguridad a su lado: Marcelo D’Alessandro sigue de licencia. Mientras JxC propone a las pistolas táser como la solución, crecen los casos de gatillo fácil en la Policía de la Ciudad, ubicándola por encima de la Bonaerense.

Una de las zonas más desprotegidas son las inmediaciones de las escuelas. Según datos oficiales de Seguridad, durante 2022 la policía investigó 163 robos en colegios porteños, en los que se llevaron más de 1600 computadoras, además de cientos de televisores, tablets, equipos de audio y material escolar. «El último robo que conocemos fue a mediados de enero en la primaria Nº 22 de Villa Lugano, donde se llevaron casi 300 computadoras –señala a Tiempo la legisladora porteña Laura Velasco–. Esta misma escuela había sufrido otro robo hacía apenas cuatro meses, algo que preocupa y mucho a la comunidad educativa». Pero no ocurre solo en el sur. En noviembre se robaron 185 computadoras de la Escuela N° 9 de Palermo, y en decenas de edificios escolares en las zonas más pudientes de la ciudad.

«Igualmente no son solo los robos en las escuelas. En los últimos días nos encontramos con graves hechos de inseguridad como el asesinato de una niña de 4 años en el Bajo Flores que quedó en medio de una balacera, el cierre de CeSAC 25 de la Villa 31 porque los médicos y enfermeras no querían entrar al barrio por problemas de inseguridad, y el asesinato de la policía en la estación de subtes de Retiro», enumera Velasco y destaca que los episodios «expresan la acefalía en la que nos encontramos en el área, ya que no tenemos ministro porque D’Alessandro se encuentra licenciado, cuando en realidad tendría que haber renunciado por graves hechos de corrupción». Y agrega sobre el anuncio de Larreta de ser la ciudad más segura de Latinoamérica: «No se basa en ningún dato real porque la única jurisdicción que no presentó ningún dato al sistema nacional de información criminal, fue la Ciudad».

Estación de subte en Retiro, donde murió una policía días atrás.
Foto: Télam

Letal

Como contraparte, tampoco disminuye la violencia institucional. Tiempo tuvo acceso al último informe de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), el cual destaca que, de los 172 casos de gatillo fácil ocurridos desde el 10 de diciembre de 2019 y hasta el 31 de diciembre de 2022 en CABA y Provincia, 63 fueron cometidos por la policía porteña, y 109 por efectivos de la Bonaerense. «Pero hay que tener un dato en cuenta: la Policía de la Ciudad tiene poco más de 25.000 efectivos, mientras que su par provincial supera holgadamente los 100.000. La Bonaerense supera cuatro veces la dotación de la policía porteña y es responsable del 63,3% del total de fusilamientos del año, mientras la Policía de la Ciudad, con la cuarta parte de efectivos, cometió el 36,7%. Más de un tercio. La Policía de Larreta es más letal que la Bonaerense –denuncia María del Carmen Verdú, titular de la CORREPI–. Hay que tener mucho énfasis represivo para ganarle en tan poco tiempo a ‘la maldita policía’, que hasta ahora era la peor policía del país». Los datos sobre violencia institucional serán presentados por la CORREPI el 17 de marzo a las 17:30 en Plaza de Mayo.

Más allá de la carencia de capacitación en temas vinculados a los Derechos Humanos, especialistas sotienen que la Policía de la Ciudad refleja la necesidad de mejorar su formación integral. «Son muchos los ejemplos, pero menciono dos recientes: el asesinato de la policía de Retiro luego que un hombre le sacara el arma. Ese episodio no debió haber ocurrido, y es responsabilidad del Gobierno de la Ciudad que no  le enseñó a esa policía a cuidar su arma», analiza Verdú. Y agrega lo sucedido en la glorieta de Barrancas de Belgrano, cuando ocho policías atacaron a sillazos a un hombre en situación de calle: «habla a las claras de la falta de preparación de la policía porteña, porque esta gente no tiene la más remota idea de cómo intervenir frente a una persona con un brote psicótico, un shock de excitación psicomotriz, o cualquier alteración de sus facultades mentales». «

Villa 1.11.14 donde aumenta la violencia narco: allí murió días atrás Nayla, de 4 años.
Foto: Télam
«El problema no se resuelve con más armas letales»

Centrar el debate y la solución en las Pistolas Taser refleja otro síntoma de la carencia de un programa integral de seguridad y formación. El 12 de enero, el personal del Centro de Salud y Acción Comunitaria 25 del Barrio Mugica decidió no asistir más, tras haber sufrido reiterados robos y hechos de violencia. Denunciaron la falta de autoridades, garita, cámaras y corredor policial. Por lo mismo cerró el CeSAC 24 de Villa Soldati. La situación es más profunda que contar con las Taser. «El problema de la inseguridad en los barrios populares no se resuelve con más efectivos o más armas de tortura. Es la propia policía la que aplica el gatillo fácil y es cómplice del delito organizado, como lo evidenció el caso de Lucas González –advierte la diputada porteña Mercedes de Mendieta (FIT)–. La muerte de la policía Zalazar fue utilizada para avanzar en el uso de las Taser. Aníbal Fernández aprobó la compra de 100 que serán utilizadas por la Policía Federal. Patricia Bullrich aprovechó para acusar a Larreta de tibio; y Larreta le respondió que la Ciudad ‘decidió usarlas’. Las mal llamadas armas ‘no letales’ funcionan con la aplicación de hasta 50.000 voltios a través del cuerpo y puede causar la muerte».