Las cámaras de los canales enfocan la represión en el parque que rodea a la Legislatura. Piedrazos, balas de goma, gases. Heridos. Pero hubo más que la acción policial directa: metodologías que esconden más violencias, persecuciones, cacerías.

Los infiltrados son unos de los elementos que componen la política de seguridad de Gerardo Morales ante este conflicto. Viene acompañado de otro componente: culpar luego al grupo social por lo que hacen esos infiltrados, y atacarlo con violencia. Algo que sucede por estos lados con la policía local.

Durante la jornada de represión en la Legislatura, tras la jura de la Reforma Constitucional, también denunciaron infiltrados. Este martes por la tarde una vecina mostró cómo la propia policía con infiltrados rompían locales en la ciudad, por ejemplo una fiambrería.

Se vio el sábado. A pesar de su discurso «propaz», la actitud de Morales parece lejos de una concordia social. No solo habla de protestas motivadas por izquierdistas, «la Cámpora» y «la gente de Milagro Sala», de «mafias» y «corrupción», sino que además apelan a mecanismos ya conocidos de represión y persecución: a las detenciones arbitrarias se le sumó en las últimas horas la operación de prensa para denunciar «el secuestro de tres policías«. Esa fue la primera noticia sobre el conflicto jujeño publicada por Infobae en las últimas dos semanas.

Se trataba de un video que la gobernación difundió de 16 segundos en el cual se ve a tres policías de civiles en medio del grupo de manifestantes. Pero el video duraba más de 16 segundos, ese fue solo un fragmento. La escena en realidad (o lo no contado) fue que esos tres policías se infiltraron en el grupo, y les encontraron los uniformes en las mochilas.

Uno de los efectivos infiltrados en el corte de ruta de Purmamarca del sábado.

Fake news y cacerías

«Hay muchas fake news, falsas alarmas y contamos con una buena cantidad de gente infiltrada. Gente infiltrada que provoca, agita y confunde al resto de los demás hermanos y hermanas que están haciendo este corte –cuenta a Tiempo uno de los manifestantes, Milton–. Amén de eso, a gente se está organizando, es una organización horizontal no es algo vertical donde hay una cabeza o alguien está dirigiendo, como está saliendo a difundir el gobierno provincial de Morales, que dice que son gente de afuera, que son gente de izquierda, que son gente de Milagro Salas. No, aquí no se encuentra esa gente».

Y acota: «si bien viene mucho otro tipo de gente, como abogados, gente de derechos humanos que tal vez tengan su color político, no lo sabemos, incluso hubo gente de Lilita Carrió que no sé qué hacía acá, pero estuvieron en el corte, estuvieron hablando con la gente, sabemos que son aliados de Gerardo Morales, también puede ser que vengan a sacar datos, no lo sabemos pero nosotros no le dijimos nada, los dejamos que estén acá y que hablen con la gente, no los increpamos, nada, fue normal».

A la represión y los infiltrados se empezó a sumar en las últimas horas la multiplicación de operativos policiales en barrios de San Salvador y Purmamarca. Camionetas deambulan por diferentes zonas obreras. Se presentan sin orden de allanamiento, ingresan a los domicilios.

En el comedor de Alto Comedero (la misma prisión a la que llevaron el sábado al turista, a la diputada, al periodista de La Izquierda Diario y a otras mujeres aborígenes) seguía llegando gente detenida. No emiten aún la lista oficial de cuántos ni quiénes son, pero las organizaciones hablan de más de 50, y denuncian personas desaparecidas.

Desde organizaciones de Derechos Humanos afirmaron a Tiempo, en la puerta del Servicio Penitenciario: «Siguen pasando personas detenidas y las golpean frente nuestro que estamos parados esperando que nos dejen pasar. Esto no puede ser».