El caso Báez Sosa no es solo penal. Además, y sobre todo, es social. Se entrecruza la violencia, el racismo, la juventud, y también el rugby. El doctor en Antropología Social, José Garriga Zucal, investigador del Conicet (EIDAES/UNSAM) y docente universitario, estudia los vínculos entre las prácticas violentas, el deporte y el barrabravismo. Y fue rugbier en San Patricio de Pilar. En diálogo con Tiempo se refirió a las violencias, las masculinidades, la juventud y las instituciones, a partir del caso de Fernando.

«Toda violencia es una noticia –dice–. En verano, donde hay pocas noticias, la violencia ‘vende’ más, sobre todo si ocurre en un lugar turístico. Pero en el caso de Báez Sosa hay otro elemento, que es la cuestión de clase. Cómo se construyó un chivo expiatorio sobre las clases dominantes a partir de esa idea, y después cuando se revisó, este grupo de rugbiers en particular pertenecía a una clase media».

–Para este caso en particular vincular a esa violencia con una cuestión de clase parecería no es correcto, ¿cómo es la situación en general en el rugby?

–Es un deporte que continuamente se vincula con las clases dominantes. Hay una idea de clase en general pero no todos los clubes que practican este deporte tienen esa particularidad, y justo en este caso esa característica no se cumple. Si hubieran sido jóvenes del SIC (San Isidro Club), del CASI o del Club Newman, hubiese sido diferente. En este caso se construyó la noticia en torno a rugby-violencia y rugby-clase dominante, que permitió vender un «producto» más eficaz. En este deporte en particular hay elementos para hacer esos vínculos, pero no precisamente en este caso.

En tu rol de ex rugbier ¿cómo analizas esa situación desde adentro?

-Las salidas se hacen en conjunto y hay mucho consumo de alcohol. Pero en el rugby, como en un montón de deportes, hay una cuestión de asociar al jugador con una idea de “hombría”, soportar el dolor y el sacrificio de los entrenamientos. Eso aparece en todas las esferas del deporte y en los de contacto mucho más. Es una construcción social entre masculinidad y adultez. Igualmente me gustaría dejar en claro que es hasta una obviedad: reducir la violencia a un sector en particular, en este caso al rugby, es un error. Pasa en todos los sectores sociales: hay peleas a la salida de un boliche de cumbia, o de un recital de heavy metal. La gran mayoría de la sociedad no tiene idea que es elrugby y la violencia igualmente está presente en ella, se manifiesta de diferentes maneras. Pero para estos casos es necesario asociar la masculinidad a la violencia.

José Garriga Zuca es investigador del Conicet.
Foto: UNSAM

–¿Cómo se genera esa violencia en masculinidades?

–Pasa por la idea de prueba. Se construye y se legitima la lógica de que si participás en una pelea probaste tu masculinidad, aunque sean siete contra uno. Existe una cierta lógica que se difunde y se legitima, que la violencia sirva para probar la masculinidad. En esa lógica “del aguante”. Si alguien dice que se la aguanta pero no pelea en un enfrentamiento, en estos grupos pasa a tener una identidad abstracta. Es lo central de este mundo: la masculinidad tiene que ser probada. Nadie puede quedarse en el plano del discurso, quien pasa la prueba es parte del grupo y en ese grupo después se manifiestan distintas jerarquías que tienen que ver con la lógica de la violencia. Más ascendés mientras más «te la aguantás», como las barras bravas. Pero cuando hay violencia es porque las instituciones no están. O como en el fútbol, son cómplices de esa violencia. En el caso de Báez Sosa, si el boliche hubiera actuado de otra manera quizá habrían protegido a las partes, si la policía hubiese estado presente… La prevención de las instituciones es central. Y trabajar en múltiples dimensiones, en todas las instituciones, para deconstruir esas relaciones de masculinidad. tiene que haber políticas públicas que fomenten esas modificaciones en todos los niveles y en todas las instituciones. Es un camino largo pero es posible.«