A poco del comienzo de la primera cuarentena por la pandemia de coronavirus en la Argentina, cuando el encierro era masivo y aún novedoso, en redes y grupos de WhatsApp de madres se instalaba una idea: que aquello se parecía bastante al puerperio. Muchas horas en casa, poco contacto con otras personas y disponibilidad total para la lactancia. Entre los efectos inesperados que tuvo y tiene una pandemia que impacta en todos los ámbitos, hay uno al menos que puede considerarse positivo. Tantas horas en casa para tantas mamás con sus bebés durante tanto tiempo se tradujo en una multiplicación de la donación a los bancos de leche humana, que funcionan en distintos puntos del país y nutren a las y los prematuros. En algunos casos, mientras sus mamás batallan contra el Covid.

“Durante la pandemia pudimos triplicar el número de donantes y el volumen de donación. Entendemos que la mamá está más tiempo con el bebé, estimula más el pecho y produce más volumen. Nos llamó la atención, pero pensamos que es por eso”, analiza Luis Azula, coordinador del Banco de Leche Humana del Hospital Materno Neonatal “Eloísa Torrent de Vidal”, en Corrientes. Es el más joven de los ocho bancos del país: en octubre cumplirá tres años. Desde que irrumpió el coronavirus allí, 54 bebés de mamás que contrajeron el virus fueron alimentados con leche del banco. Sobre todo en la segunda ola, cuando la enfermedad empezó a ensañarse con las embarazadas, ahora consideradas grupo de riesgo. A diferencia de otros bancos, que vieron un fuerte incremento de la donación en la primera ola y una reducción en la segunda, allí el aumento se sostuvo.

El fenómeno fue inverso al de Europa, donde la pandemia golpeó antes y hubo bancos que se quedaron sin leche. En esa primera etapa, cuando había más incertidumbre que datos, se optaba por separar a las madres positivas de sus recién nacidos. Ahora se prioriza que mamá y bebé estén juntos, con todos los recaudos sanitarios. Si la madre atraviesa un cuadro leve o moderado de coronavirus, se fomenta que amamante, con barbijo y máscara, o que se extraiga para que su bebé reciba leche materna. Pero eso no es posible cuando la mujer está en terapia o descompensada.

El caso de una paciente grave, de hecho, puso en marcha una red tejida desde el banco de leche de la Maternidad Sardá, en la Ciudad de Buenos Aires. “Arrancamos con un proyecto que ya teníamos de trabajar en red, pero un poco empujados por la pandemia. A raíz de una mujer grave con Covid que había tenido un parto prematuro, desde el Hospital Fernández nos pidieron leche y quedó instalada la red. Ellos nos dan el excedente de su centro de lactancia cuando se van de alta las pacientes, y nosotros les damos leche pasteurizada”, explica Vanesa Valls, jefa del banco de la Sardá. Así, el bebé de esa mamá en grave estado pudo alimentarse con leche humana. El plan es expandir esa incipiente red nacida en pandemia.

Teletrabajo y donación

Carolina Arévalo tuvo a su segundo hijo en febrero. Su hija mayor tiene seis años, pero recién ahora supo de la existencia de un banco de leche humana en su provincia, Neuquén. Como su producción era abundante y le interesaba poder contribuir al bienestar de otros bebés, en marzo se convirtió en donante. En mayo, su marido contrajo coronavirus, la familia se contagió y el proceso se frenó hasta el alta.

El Banco de Leche Humana que funciona en el hospital de Cutral Co y Plaza Huincul tiene un “sistema semáforo” para el seguimiento de las donantes: en verde las que están activas, en rojo las que ya no, en amarillo las que atraviesan algún parate. En pandemia se agregó un color: turquesa, para mamás con Covid. Tras el contagio “no pueden donar, pero la red las acompaña y, cuando termina el estado de enfermedad, casi el 99% vuelve a donar”, remarca Alejandra Buiarevich, coordinadora de ese banco.

“Cuando recibimos leches crudas de una mamá donante -tenemos 40 nodos donde se entregan-, las procesamos y se conservan durante seis meses. Se pueden distribuir a todas las terapias intensivas: es como si necesitaras sangre, todos tienen el mismo derecho y es para salvar vidas”, enfatiza. La Organización Mundial de la Salud declaró en 2001 que la donación de leche humana pasteurizada en bancos es la estrategia de mayor impacto contra la mortalidad infantil.

Cuando Carolina planeaba cómo sería su donación, pensaba que la mantendría durante los tres meses de licencia laboral. El empleo remoto en pandemia cambió esos planes. Su bebé ya tiene cuatro meses y la donación de leche se incorporó a la rutina tanto como el trabajo home office que hace para la Universidad Tecnológica Nacional. “En la mañana dejo un pecho para donar y con el otro le doy al nene. Una vez que junté la leche, la frizo y en el día le doy al bebé de los dos pechos”, describe.

“Al principio de la pandemia los medios nos llamaban para preguntar si había cerrado el banco –cuenta Buiarevich-. Porque pensaban que la leche venía sólo de los hospitales. Esa parte sí se fue cortando, con la pandemia no se pudo sostener. Pero continuó la donación desde los domicilios”. Esa lactancia solidaria fue la que explotó.

Primera y segunda ola

“Nos pasó lo mismo a todos los bancos a principios de la pandemia: las mujeres que tenían su propio banco para cuando fueran a trabajar, empezaron a donarlo. Montañas de leche. Teníamos los freezers que reventaban”, grafica Ana Tabuenca, responsable del Banco de Leche Materna del Hospital San Martín, de La Plata. Contrasta ese escenario con el de la segunda ola: “Ya cansadas del encierro, del Zoom, preocupadas por lo económico, las mamás que antes tenían producción para donar ahora nos dicen que no pueden. Y los bebés están más demandantes, no dejan resto”, señala la neonatóloga.

En Neuquén también detectaron este contraste entre la primera y la segunda ola. “Cuando empezó la pandemia, las mamás quedaron en sus burbujas con su grupo familiar y eso ayudó a que tuvieran la posibilidad de sacarse leche y donar. En ese momento la donación se triplicó. Cuando volvieron las clases en 2021 y la mamá tenía que hacer otras cosas, la donación bajó. Los bancos tuvimos que salir a pedir más, no fue fácil, pero en este nuevo período de ASPO, subieron. La mamá está en su casa y sabe que es lo mejor para su niño. Y si puede ser solidaria, lo hace”, dice Buiarevich desde el banco de Neuquén, que acaba de cumplir cinco años.

Además del rol de las donantes, resalta la labor de quienes recolectan. “Salen con sus equipos de protección, con nieve, es un trabajo impresionante en el terreno. Y a través de la donación surgen otras necesidades: ves familias sin leña, gente que se quedó sin trabajo. La mamá solidariamente nos entrega una donación y cuando vemos que se entrecruza un problema social, lo derivamos para que se pueda subsanar. Es un entramado muy interesante”.

Para Azula, de Corrientes, el fenómeno de los bancos de leche “tiene que servir para pensar la pospandemia”. Insiste sobre la necesidad de generar “espacios amigos de la lactancia” en los lugares de trabajo, acondicionados para ese fin. “Hay que interpretar esto y desde el Estado crear leyes que protejan a la mamá en la lactancia: la licencia,  desde luego, y también que el baño no sea la única opción para ir a extraerse leche”.

Malena amamanta con barbijo

Malena Valenzuela tiene 21 años y vive en Esquina, Corrientes. En mayo nació su primer bebé, con sólo 32 semanas de gestación. Después del parto, ella conoció el banco de leche del hospital provincial: tenía que extraerse leche para que su hijo la recibiera por sonda, porque era demasiado pequeño para prenderse del pecho. Así pasó el primer mes, con el bebé internado.
Hace diez días, Malena contrajo coronavirus y también fue hospitalizada. Mientras tanto, el bebé creció y ya no come por sonda. Tal como recomienda el Ministerio de Salud de la Nación, la lactancia materna se sostiene pese al Covid. “Es constantemente higienizarme: alcohol, jabón, siempre barbijo. Tratar de no tocarlo mucho. Para que él esté seguro. Pero me higienizo bien y toma el pecho”, cuenta mientras espera el alta.
Tras mucha incertidumbre sobre el tema, la semana pasada dos estudios científicos confirmaron que la leche materna de mujeres con coronavirus o que fueron vacunadas transmite anticuerpos al bebé. Así lo difundieron, desde España, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y el Hospital Clínico Universitario de Valencia, en el marco del proyecto “MilkCorona”.

Mayo vida útil y un banco en cada provincia

En polvo
Un proyecto del Conicet y la Universidad del Chaco Austral apunta a la obtención de leche materna en polvo con procesos tecnológicos aplicados por primera vez en el país. Permitirá prolongar hasta un año la vida útil de la leche y facilitar su almacenamiento. La iniciativa fue seleccionada en la convocatoria Ciencia y Tecnología contra el Hambre.

Registro nacional
En mayo, el Senado dio media sanción a un proyecto de Claudia Ledesma Abdala para garantizar la equidad en el acceso a leche humana a través del fortalecimiento de la Red Nacional de Leche Humana y la creación del Registro Nacional de Bancos de Leche Materna. La meta es cumplir con los objetivos de la Ley 26.873 de Lactancia y que exista al menos uno por provincia.

Logística
Mujeres de distintos puntos del Conurbano se contactan para donar al banco de La Plata, pero la falta de un dispositivo móvil propio para la recolección impide en muchos casos concretar esas donaciones. Hay un proyecto para garantizar ese vehículo que amplíe los alcances del banco platense, que funciona hace 14 años y ya recolectó más de diez toneladas de leche.