A los 30 años, con ocho de experiencia en el oficio, Matías Mosquera ya sacó algunas conclusiones como trabajador de la salud. La primera, aunque parezca raro, es que prefiere trabajar en el sector de emergencias, como antes, y no con traslados programados o “códigos azules”, como los llaman en la jerga: “En emergencia no hacés lazos con el paciente, aparecés en el momento justo y chau. Ahora llevo muchos chicos, sobre todo con leucemia, que de tanto verlos terminás generando una amistad, una confianza. Y eso a veces se hace más duro”. Gema, una de las pacientes de 6 años que Mosquera lleva desde Avellaneda al Hospital Elizalde o al Gutiérrez, le preguntó esta semana por qué ahora todos usan barbijo como ella, que por estar inmunocomprometida los usa desde siempre.

La segunda conclusión que sacó Matías, que también estudia la Tecnicatura de Emergencia Sanitaria en la Universidad Nacional Arturo Jauretche, es más certera aún: “La parte de salud te tiene que gustar. Uno no lo hace como un compromiso, o como una búsqueda. El día que deje de sentir que estoy ayudando a cuidar a la gente, me pongo un kiosco y me gano la vida de otra manera”. Su esposa trabaja como enfermera en una Unidad Sanitaria en Wilde, por lo que decidieron que, por prevención, su hija Robertina, de 7 años, pase la cuarenta en la casa de su abuela: “Hace un mes que no la vemos. Sabemos que es por el bien de todos, pero es un esfuerzo muy grande. Por eso todos tienen que tomar conciencia, aunque sea difícil el encierro”.

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Arriba de la ambulancia, Matías nota que esta semana hubo más gente en la calle. “Entiendo a los que les toca ir a trabajar, pero creo que hay gente que no entiende y está boludeando Los primeros diez días no había nadie. Hubo algunos problemas de organización que se solucionaron rápido. Por ejemplo, para cruzar el puente Pueyrredón, por los controles, tardaba dos horas. Ahora habilitaron vías exclusivas para sanidad”.

Matías no pierde el humor. En las últimas semanas empezó a acompañar a los profesionales de la Secretaría de Salud de Avellaneda en las visitas a personas que estuvieron en el exterior o en contacto con contagiados. ¿Cuáles son los recaudos? “Todos -contesta-. Nosotros decimos que sólo nos falta la mochila de los cazafantasmas”.